A principios de mes, salía a la luz la noticia de que Rusia estaba estudiando bloquear Telegram, la popular app de mensajería instantánea. Y tan solo una semana después, un tribunal de Moscú daba la orden definitiva de bloquearlo.

Según el Servicio Federal de Supervisión de las Telecomunicaciones, Tecnologías de la Información y Medios de Comunicación ruso, Telegram se había negado a entregar las claves de cifrado de la app, solicitadas para combatir el terrorismo, según el organismo.

Ante tal situación, desde Telegram decidieron mover los servidores de la app a las nubes de Google y Amazon, y ahora, Rusia ha baneado más de 1,8 millones de direcciones IP de ambas empresas. El objetivo, por supuesto, derrumbar Telegram.

Por su parte, Pavel Durov, CEO de Telegram, continúa en su posición de no ceder ante el gobierno ruso. Vía Twitter ha vuelto a asegurar que la privacidad de los usuarios de Telegram no está a la venta, y que sus derechos humanos no se verán comprometidos. Además, ha asegurado en su cuenta de la red social rusa VK que buscarán formas para que los usuarios rusos puedan seguir usando su servicio de mensajería, pese a este intento de bloqueo.