Cuando una estrella se queda sin combustible muere; y cuanto más grande sea la estrella, más rápido es este proceso. Entonces, podrá ocurrir dos cosas: o se convierte en supernova, brillando durante meses a una intensidad de más de mil soles, o se convierte en una enana blanca. Ello depende del tamaño de la estrella. Si la estrella es más de nueve veces el Sol, de forma aproximada, acaba convirtiéndose en supernova y posteriormente en agujero negro o estrella de neutrones; si la estrella tiene menos tamaño que nueve soles, en cambio, se convertirá en enana blanca.

La última supernova que hemos vivido ocurrió en 1604, y fue ampliamente estudiada por el científico Kepler, recibiendo su nombre en su honor

En el primer caso (en las supernovas) se producen explosiones impresionantes. Y, con un poco de suerte, y si se dan las circunstancias necesarias, podríamos ver el espectáculo a simple vista. Pero si bien es cierto que este fenómeno puede ser visto mediante telescopios de forma casi constante, que lo veamos a simple vista (y de día) es muy poco común; de hecho, la última vez se cree que fue en el siglo XVII. Se trató de la Supernova 1604 o Supernova de Kepler, cuya luminosidad fue vista a simple vista durante tres semanas.

Esta SN 1604 fue una supernova de la Via Láctea, situada en torno a unos 6 kiloparsecs (unos 20 000 años luz de nuestro planeta). Su explosión se pudo ver a simple vista, siendo más brillante que cualquier otra estrella en el cielo (menos el Sol).

Betelgeuse, la estrella de Orión que podría estallar en supernova

Ahora, podría ser el caso de Betelgeuse, una estrella situada en la constelación de Orión, a unos 542 años luz de la Tierra. Es una supergigante roja y además la novena estrella más brillante del cielo. Y está ocurriendo algo que nos hace pensar que se convertirá en supernova de tipo II en cualquier momento: durante los últimos 15 años su diámetro se ha encogido un 15%.

Betelgeuse, una estrella de las más brillantes situada en la constelación de Orión

La estrella tiene aproximadamente unos 10 millones de años. Cada día brilla menos y, dado su tamaño, podría haber entrado en un camino sin marcha atrás hacia la explosión en una supernova. Su luminosidad ha bajado un 36% desde los últimos meses, en concreto, con respecto al brillo habitual. Pero «en poco tiempo» podría ser cualquier momento entre ahora y dentro de 100 000 años, en realidad.

Comparación del brillo y forma de Betelgeuse con la de hace un año

Nuestro conocimiento de supergigantes rojas es bajo, y todavía hay trabajos en progreso, por lo que todavía podemos esperar sorpresas

Al mismo tiempo, también parece estar cambiando de forma. De hecho, y si así se confirmase, deberíamos descartar completamente que se convierta en una supernova; en este caso, no se estaría convirtiendo en una supernova, sino que estaría atravesando algún tipo de transformación. Otras opciones que explican los cambios de forma y que haya disminuido el brillo podría ser manchas solares o nubes de polvo estelar.

O supernova, o pasando por un ciclo

Otra opción, aunque menos emocionante, es que Betelgeuse esté pasando por un ciclo de 430 días. De así tratarse, su punto más tenue debería ser el 21 de febrero, con una semana de error en los cálculos. Pero Edward Guinan, uno de los co-desarrolladores de ese estudio afirma que la estrella parece ser más tenue de lo que debería si estuviera atravesando uno de estos ciclos. «Entonces está sucediendo algo muy inusual».

Según Daniel Brown, profesor de astronomía en la Universidad de Nottingham Trent, si Betelgeuse se convirtiese en una supernova, sería un evento completamente impresionante: «eclipsaría a la supernova de Kepler», siendo mucho más brillante. «Se convertiría en la supernova más grande jamás observada». Y es que, no solo está a una distancia relativamente cercana de la Tierra (unos 542 años luz, comparado con los 20 000 años luz a los que se encontraba la supernova de Kepler), sino que además tiene un diámetro de 1 642 millones de kilómetros.

En cuestión de días, se volvería tan brillante como la luna llena, sería visible durante el día y sería lo suficientemente brillante por la noche como para proyectar sombras en la Tierra

Posteriormente al show de luces, su luminosidad volvería a la habitual tras tres años. Desafortunadamente, es poco probable que veamos la explosión de esta supernova con nuestros ojos, pues la estrella podría tener aún una vida de algunas decenas de miles de años, o incluso 100 000 años. Probablemente en las próximas semanas contemos con información mucho más detallada: podremos haber descartado si se trata de un ciclo, y nuevos estudios arrojarán nuevos resultados. De hecho, y dada la inusual actividad de esta estrella, se están realizando estudios de emergencia.