El cerebro humano es una única estructura, formada por millones de células conectadas unas con otras, pero podemos dividirlo áreas diferentes, que llevan a cabo distintas tareas. Por ejemplo, los estímulos que llegan a través de tus ojos son procesados en la el área occipital, en la parte trasera, mientras que las emociones encuentran sus centros en las partes más internas.

Algunos de los procesos más complejos son los que involucran al lenguaje, tanto a su producción, el habla, como a su entendimiento. Estos se llevan a cabo en el hemisferio izquierdo de tu cerebro, en zonas que conocemos muy bien. Sin embargo, ¿qué puede ocurrirnos cuando estas áreas se dañan?

Área de Broca, encargada del habla

El lenguaje, capacidad única del ser humano, depende de ella

Como ya hemos apuntado, esta zona se encuentra en el hemisferio izquierdo de tu cerebro, concretamente en en la tercera circunvolución del lóbulo frontal. Según reflejan en Psicología y Mente, se situaría bajo nuestra sien. ¿Por qué es tan importante?

Desde su descubrimiento en el año 1864, por parte del médico francés Paul Pierre Broca, hemos sido conscientes de la relevancia que tenía para el lenguaje. El habla es una de las principales diferencias entre el ser humano y el resto de animales, por lo que los científicos siempre han tenido interés por conocer sus orígenes. Además, fue una de las primeras áreas que se relacionó directamente con una función concreta.

Los estragos de la lesión

Los daños en el área de Broca pueden tener consecuencias muy graves, y muy visibles. Una de las principales lesiones es la llamada afasia de Broca, la cual puede sufrirse por grandes impactos o hemorragias internas. Esta es capaz de acabar con la capacidad de una persona para comunicarse con los demás.

El habla se ve muy afectada, pero también tareas como la escritura

Entre los síntomas encontramos la dificultad para hablar, la ausencia de fluidez, los problemas para repetir palabras, incluso la incapacidad de escribir. Sin embargo, y por un motivo que veremos más adelante, la comprensión del lenguaje, ya sea hablado o escrito, no suele verse afectado.

¿Cómo puede tratarse un problema así? Si la lesión es muy grave, es posible que la persona no vuelva a hablar nunca como lo hacía antes. A pesar de todo, el entrenamiento y seguimiento constante puede devolverle una gran parte de su capacidad.

Área de Wenicke, descifrando el código

En este caso hablamos de una zona situada algo más atrás que el área de Broca, en el mismo hemisferio. Pasada ya la oreja y a una altura media se encuentra el centro encargado de la comprensión del lenguaje. Este último es un código al fin y al cabo, el cual tiene que ser descifrado constantemente en cualquier conversación.

Hacerse entender puede ser un proceso muy complicado

Por lo tanto, no hay duda de que nos encontramos ante una tarea muy compleja, que es llevada a cabo por diversas estructuras. No podemos tomar a Broca y Wernicke como áreas separadas, ya que existe una constante comunicación entre ambas. Si no se realizara una actuación conjunta, muchas tareas no podrían llevarse a cabo.

De nuevo hablamos de un área cerebral que lleva el nombre de su descubridor, en este caso el neurólogo Carl Wernicke, quien habló de ella por primera vez en el año 1874. Wernicke se encarga de que puedas entender lo que oyes en la televisión, lo que te cuenta un amigo o lo que lees en un libro. ¿Qué ocurre cuando esta zona se daña?

La afasia de Wernicke

Las causas que provocarían lesiones son exactamente las mismas que en la afasia de Broca, pero los estragos que esto podría causar son bastante diferentes. Como podrás imaginar, uno de los síntomas es la incapacidad para entender aquello que se escucha o lee, pero esto no acaba aquí.

Una persona con el área de Wernicke dañada no tendría problemas a la hora de hablar, de hecho esta suele ser muy fluida, pero existe un inconveniente. No podrías entender nada de lo que dice, ya que estaríamos ante un discurso rápido pero lleno de errores y construcciones gramaticales sin sentido. ¿Un ejemplo?

No, cojas, no, la, peta, para, acá, esta, eso, aquí, cojas, pero sí.

Además, también podría tener problemas para escribir, lo que conocemos como agrafía, o incluso para realizar cálculos matemáticos, trastorno llamado acalculia.

El cerebro es una complicada orquesta que debe funcionar al unísono, intentando cometer los menores fallos posibles. Los problemas llegan cuando alguno de esos instrumentos no suena como debería hacerlo.