Es una realidad el cambio climático. Aunque personajes de dudosa jerarquía, y mucho menos conocimientos, como Donald Trump digan lo contrario, nuestro clima, el de todo el planeta, está transformándose a pasos agigantados. Todos lo sufrimos, aunque no todos en la misma medida.

Inundación en Kunming. The Atlantic
Las lluvias dejan cientos de miles de muertos cada año en nuestro planeta

Países tan grandes y poblados como puede ser el caso de China, tienen que convivir con multitud de nuevos fenómenos atmosféricos e, incluso, con fenómenos ya conocidos, pero de mayor virulencia. El caso es que uno de esos fenómenos, el de las lluvias torrenciales y, por consiguiente, las terribles inundaciones, está siendo estudiado para intentar evitarlo en la mayor medida posible.

Un calentamiento global imparable

Existe un amplio consenso en la comunidad científica en torno al cambio climático y el calentamiento global. Como bien nos informan desde la página web Futurism, solamente el 3% de los artículos escritos por científicos niegan este fenómeno, e incluso ese porcentaje tiene altas tasas de errores entre sus controvertidas tesis.

Las tesis de la minoría son difícilmente sostenibles

Ese 97% de científicos que defienden un cambio en la situación climática actual debido al terrible impacto que nuestra especie ha provocado, pueden rebatir los argumentos de esa minoría. De hecho, gracias al artículo anteriormente nombrado, se comenta que cada análisis que defiende la postura contraria a la mayoría, contiene errores que, una vez corregidos, convierten dicho análisis en uno más del 97%. Pero, ¿qué está ocurriendo actualmente en China?

Lluvias destructivas en el país asiático

El problema del clima, que es algo que de momento el ser humano no puede controlar a su antojo, tiene su apoyo en la alta urbanización del país. Hace un par de años, en un artículo publicado en Business Insider, se hacía mención a un plan del propio gobierno que pretendía trasladar a 100 millones de personas del ámbito rural al urbano para el año 2020. La cifra, escandalosa, lo es aún más si exponemos el dato siguiente. En el año 2025, serían 250 millones de habitantes los que se estima que tendrían que haber migrado de pueblos a las grandes urbes.

El alto índice de población en China dificulta la solución del problema

El crecimiento exponencial que se prevé para los siguientes años puede ser uno de los factores agravantes de la situación actual. Sin embargo, no sería el único. Según información obtenida de la página web de la CNN, los tratamientos de impermeabilización que han sufrido muchos terrenos urbanos y la explotación de la extracción del agua del subsuelo, son factores a añadir a la lista.

Solución en forma de ciudades-esponja

El concepto, más bien un símil literario, conlleva distintas connotaciones que ahora te explico. Por un lado, una de las opciones más evidentes, que de hecho se utiliza desde hace años en hogares particulares de todo el mundo, es utilizar el reciclaje del agua de la lluvia para actividades tan variadas como lavar la ropa, regar jardines o, en comunidades más limitadas económicamente, duchas primitivas.

Llevar este ejemplo individual a un bloque de apartamentos, como bien indican en The Guardian, para utilizar dicho agua en la creación de jardines en azoteas que sirvan para distintos fines, es una manera creativa de utilizar el agua en épocas de lluvias torrenciales.

Azoteas que aprovechan el agua de lluvia. CityMetric

En la página web CityMetric nos ofrecen datos relevantes acerca de este proyecto. Según su información, para el año 2020 se espera que el 80% de las áreas urbanas tengan la capacidad de absorber el 70% del agua de lluvia. Las ciudades que empezarán participando en el proyecto, entre las que se encuentran Wuhan, Xiamen o Zhenjiang, sumarán un total de 16 para, de esta manera, aprovechar todo el potencial que el agua de lluvia puede proporcionar.

En declaraciones recogidas por el medio digital The Atlantic, el decano de la Universidad del Colegio de Arquitectos de Pekín, el señor Kongjian Yu, reflexionaba acerca de lo que dicho proyecto debía ser. Según sus propias palabras:

Una ciudad-esponja es aquella que puede sostener, limpiar y drenar el agua de una manera natural utilizando una aproximación ecológica.

Tanto gobierno central y local, como entidades privadas participan en la financiación de estos proyectos

La financiación en este tipo de proyectos siempre suele dar lugar a disputas, ya que más de un agente participa de la misma y se necesitan buenos canales de comunicación para establecer porcentajes equitativos. El medio anteriormente mencionado, CNN, comenta que se han gastado más de 12 billones de dólares, lo que es una cifra tan astronómica como 10.000 millones de euros, siendo en torno al 20% la parte que el gobierno de la nación aporta, mientras que el resto se reparte entre las administraciones locales y las compañías privadas.

Números y buenas intenciones

La cantidad de cifras económicas, de porcentajes y poblacionales ponen de manifiesto, en mi opinión, que es sencillo establecer planes de contingencia ante situaciones complicadas, pero después, en la práctica, estos proyectos suelen acabar en saco roto, al menos de la manera en que fueron concebidos.

Sin embargo, sí me gustaría destacar que un país como China, considerado una de las potencias mundiales y, además, motor de la economía global, se conciencie en el respeto del medio ambiente. Aunque sus razones se basen en criterios más o menos éticos, es de alabar el esfuerzo que parecen estar realizando para evitar que las inundaciones sigan siendo un problema. La verdadera revolución es convertir males en soluciones.