El coronavirus COVID-19 está desacelerando el cambio climático. No es que haya cambiado el chip de la gente, sino que los ciudadanos de muchos países fuertemente afectados se han visto obligados a bajarse del mundo temporalmente por completo. China, por ejemplo, ha sido uno de los países cuya situación climática ha cambiado más drásticamente: mientras se tomaron las medidas realmente duras, la situación cambió por completo.

Y es cierto: el cielo de China estuvo más despejado que nunca en años, y también lo estuvo el aire. De hecho, la misma NASA publicó un comunicado esos días afirmándolo: los satélites de Google habían detectado que el nivel de dióxido de nitrógeno tóxico había descendido notablemente.

Los niveles de dióxido de nitrógeno del aire de China cambiaron drásticamente durante las medidas duras que tomó el país asiático

Como vemos en la imagen superior, los niveles de esta partícula nocivas son muy distintos en la princera quincena de enero que a mediados de febrero, cuando el coronavirus estaba ya afectando de forma muy grave, teniéndose que tomar medidas. Los niveles bajaron, por supuesto, pues gran parte del país estaba sumiso en cuarentena. Gran parte de las fábricas estaban cerrdas (y muchas aún permanecen sin abrir), por lo que los niveles de contaminación han caído forzosamente.

Pero no solo cierran las fábricas y bajan los consumos debido a las medidas tomadas por el coronavirus, sino que los aviones también dejan de volar, o al menos la mayoría. Pocas compañías vuelan ya a China; incluso a Italia compañías importantes como British Airways o Ryanair han anunciado que dejan de volar (de manera temporal hasta abril, claro). Todo esto junto está provocando que la Tierra tenga un respiro muy importante, lo que sin duda colaborará con la desaceleración del cambio climático… pero no por mucho tiempo, tal y como vemos en Technology Review.

Otra de las imágenes más impactactes que nos ha dejado el coronavirus COVID-19 en China: un paciente enfermo sale para ver la puesta del Sol con un cielo más claro de lo habitual

La desaceleración provocará treguas en los pactos del cambio climático por motivos económicos

Los parones debido al coronavirus parecen estar dando un respiro al planeta y bajando los ratios de contaminación, pero tras la vuela a la normalidad será incluso peor

A pesar de que de forma inmediata estamos viendo mejorarías debido a las medidas de cuarentena, esto podría convertirse en algo negativo cuando todo el pánico al coronavirus pase. Y esto es, en concreto, porque los gobiernos y las compañías se centrarán más bien poco en las medidas para combatir el cambio climático. Se lanzará una tregua y durante meses podrá hacerse prácticamente cualquier cosa.

Algunos países lo están pasando económicamente mal, y no hablemos ya de ciertas empresas que han tenido que permanecer cerradas por meses. Italia, por ejemplo, está a punto de aprobar un decreto que permita no pagar ni los impuestos ni las hipotecas. Se está tomando medidas drácticas para no ahogar ni a empresas ni a ciudadanos. En el momento que se vuelva, ¿realmente tanto los países como las empresas atacadas por el parón del coronavirus van a tener en cuenta al medio ambiente para volver a la normalidad? Desgraciadamente no.

Los parones provocados por el coronavirus son el respiro que el cambio climático necesitaba

Las empresas y gobiernos que se hayan visto realmente afectadas por el parón necesitarán dinero a mansalva, por lo que las cuotas de cambio climático serán unas de las primeras en eliminarse para poder seguir en pie. Muchos proyectos de energías renovables de las grandes empresas se pospondrán, sin lugar a duda.

A Wuhan (la provincia china donde se originó todo) por ejemplo hoy mismo se le ha dado permiso para reactivar la actividad industrial después de 50 días en cuarentena. O sea, que probablemente la próxima semana ya conozcamos más detalles acerca de cómo han vuelto a la normalidad estas empresas, y cuáles serán sus prioridades.

El petróleo ha bajado de precio, y con ello se dificulta el mercado del coche eléctrico

La gente se olvidará de forma momentánea por el cambio climático, en pos de recuperar su vida normal, y se podría producir un efecto rebote

Otro punto muy importante es el petróleo, que ha bajado de precio por muchos motivos, pero entre ellos por el miedo al COVID-19. El precio del barril de crudo se desplomó hace unos días a niveles muy bajos, oponiéndose a la antigua tendencia alcista. El bajón en el precio del petróleo solo tiene un significado: la ralentización a la larga de la venta de los coches eléctricos; si el precio del petróleo baja, uno de los principales motivos para comprar un eléctrico desaparece. De hecho, el valor de las acciones de Tesla se desplomó inmediatamente después de conocerse el precio del barril.

Y la bajada del crudo a su vez también podría provocar no que el sector turístico vuelva a la normalidad (pues veremos esa escena de vuelos vacíos a ciertos países por mucho tiempo), pero sí que ayudaría a que la cantidad de vuelos vaya incrementando poco a poco. No obstate, países como Rusia y China ha recomendado no viajar a países donde el coronavirus está actuando fuerte, como en España, por lo que ni siquiera bajos precios de billetes de avión podrían incenvitar los viajes.

Y así como el petróleo baja de precio, las placas solares subirán: China es uno de los principales productores de las placas solares. Un parón de hasta ahora 50 días no puede ser significativamente bueno en los precios de este producto, por lo que subirá debido a un probable desabastecimiento. No solo no hay personal, sino que las pocas empresas que han seguido fabricando han tenido problemas serios de suministro y envío de mercancías. Y lo anunciaba Bloomber: "El coronavirus está desacelerando la revolución solar".

Como vemos, estos parones, que podríamos ver como algo bueno desde el lado de combatir al cambio climático, no lo son necesariamente.