Crear un agujero negro capaz de engullir nuestro propio planeta parece una locura, pero no es imposible

La ciencia asegura que algo así no puede suceder, pero a medida que avanza nuestra tecnología, nuevos peligros se abren paso.

Crear un agujero negro capaz de engullir nuestro propio planeta parece una locura, pero no es imposible
Un agujero negro podría convertirse en uno de los mayores peligros en la Tierra, aunque resulta altamente improbable
Publicado en Ciencia

La ciencia avanza a pasos agigantados a medida que la tecnología nos permite adentrarnos en el universo, desde nuestro propio planeta. El Gran Colisionador de Hadrones del CERN está sirviendo para que podamos conocer las partículas más elementales de las que está compuesto todo lo que tenemos a nuestro alrededor, pero existen peligros, algunos inventados por los amantes de la conspiración, y otros que podrían ser reales, en caso de que las cosas se saliesen de madre. ¿Agujeros negros en la Tierra? No, pero...

La teoría dice que el acelerador no puede provocar un agujero negro, por el momento

Este es uno de los de los puntos más polémicos cuando se realizó el primer encendido de este inmenso dispositivo y uno de los primeros debates acalorados al respecto, sobre todo entre cuñados de bares y personas que no dedicaron ni un sólo instante a buscar información relevante, como la que siempre ofrece el canal de divulgación Quantum Fracture. El primer error que se comete al explicar el funcionamiento del LHC es pensar que en su interior se hacen chocar partículas para que éstas se rompan en sus elementos más primordiales. Error.

Tal y como afirma el amigo Crespo, creador del canal, lo que se pretende en el colisionador es 'excitar el vacío', es decir, que concentrando energía en una zona en concreto, se puede excitar una partícula del vacío. El objetivo, por tanto, sería utilizar dos partículas con mucha energía para provocar la aparición de una tercera. Uno de los miedos que existen es que se llegue a despertar algo más peligroso que una simple partícula, por ejemplo, creando un agujero negro. Aquí es donde entran los rayos cósmicos.

Estos rayos proceden de fuera del Sistema Solar y están compuestos por protones con mucha energía, como los que se pueden utilizar en el LHC. El asunto es que en la atmósfera llevan ocurriendo estas colisiones millones de años y con energías superiores a las que nosotros podemos alcanzar con la experimentación. A pesar de que estamos bombardeados por estos protones desde todos los puntos del planeta, éstos no se pueden medir de la misma manera que en el colisionador, debido a que es preciso medir su impacto en una zona concreta.

Para que exista una remota posibilidad de que se pudiese crear un agujero negro, nada previsto hasta la fecha, el LHC debería tener una potencia descomunal, fuera del alcance de lo que conocemos actualmente. Tal y como se afirma en The Next Web, un escenario posible sería una reacción en cadena de fusión fría, algo casi descartado por la amplia mayoría de la comunidad cientifíca, que llevaría a la creación de mini Big Bangs. Lo dicho, preocúpate de qué comerás hoy, porque parece seguro que un agujero negro no llegará para quitarte la comida.

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