Cierra los ojos e imagina la escena: un tenedor rascando un plato, el rechinar de los dientes, una tiza que chirría en una pizarra, el rozamiento del porexpan, morder papel, el rozamiento de arrastrar muebles… No hace falta que diga más: ¡Qué dentera!

No hay una teoría sólida que explique la dentera

La dentera o tiricia es una reacción desagradable y de rechazo que sufrimos de forma totalmente involuntaria.
En cuanto la sentimos, no podemos evitar cerrar los ojos, emitir una onomatopeya de molestia, nuestra piel se pone de gallina, los músculos se tensan y solo queremos escapar de la fuente emisora de esa horrible sensación.

¿Hay algo más desagradable que unas uñas frotando la pizarra? Aha

Sorprendentemente, la dentera no solo aparece con esos sonidos que consideramos desagradable, sino que también es capaz de producirse solo con el recuerdo de la sensación.

Como explica el neurólogo José Manuel Moltó para EFEsalud:

Yo recuerdo a más de un profesor que utilizaba la técnica de arañar la pizarra cuando nos veía a todos un poco dormidos y conseguía despertar a toda la clase. De hecho, solo con explicarlo ya me desencadena una reacción de rechazo.

La dentera es un fenómeno tan fascinante como molesto. Y es que, a pesar de que la experimentemos todos (en mayor o menor medida) con las mismas cosas, no hay una teoría consistente que explique la procedencia biológica de la dentera, como detalla El porqué de la ciencia, de RTVE.

Sin embargo, es evidente que se trata de una reacción regulada por el sistema nervioso vegetativo, que es el encargado de gestionar funciones como la respiración, circulación o digestión de forma autónoma.

La dentera, una prueba más de la evolución del mono

Aunque hay pocos estudios sobre la dentera, algunos expertos asocian los efectos de tensión, rechazo y huida que genera la dentera con nuestros ancestros. En general, entre los animales es frecuente lanzar sonidos agudos y estridentes como señal de peligro.

Los humanos y los monos actuamos igual ante el peligro

Según Moltó, la voz de alarma del macaco es bastante similar a los sonidos que nos producen la dentera. Al parecer, es la hembra del macaco la que grita cuando detecta un peligro para avisar al resto.

Los monos son tan sociales como los humanos, por ello no es de extrañar que los homínidos prehistóricos también emitieran sonidos agudos como alerta. Arcaico, pero efectivo.

Los sonidos agudos son los que mejor se transmiten en el entorno, por ello gritaban los homínidos, los macacos y son precisamente esos sonidos los que nos provocan dentera. Son molestos simplemente porque son agudos, es decir, tienen alta frecuencia.

Todo es cuestión de supervivencia

Nuestro oído es capaz de escuchar sonidos con frecuencias que van desde los 20 hasta los 20.000 Herzios. Sin embargo, a partir de cierta frecuencia e intensidad, los sonidos pueden resultar dolorosos a causa de la elevada oscilación de las ondas por segundo. En ese momento, nuestro cerebro manda la señal de huir.

Los macacos alertan del peligro emitiendo sonidos agudos. Efeverde

Así que sí, se trata de algo tan básico como la supervivencia. El hombre desciende del mono y como tal, aún nos quedan ciertas reminiscencias como la dentera. No hay forma más simple y efectiva de prepararse para el peligro que una señal aguda. Tras ella, todo nuestro cuerpo se pone alerta, acelerando nuestras pulsaciones, tensando nuestros músculos y con los cinco sentidos intentando recabar toda la información posible.

¿Se puede ser inmune a la dentera?

La pregunta del millón. Ahora que hemos desentrañado un poco el misterio de la dentera y sus orígenes, lo lógico es intentar dilucidar cómo evitarla y descubrir si hay personas que sean inmunes a ella.

Como sensación gestionada por el sistema nervioso autónomo, no hay nada que podamos hacer, del mismo modo que no podemos evitar que la sangre circule por las venas o que el aire llegue a nuestros pulmones: nuestro cuerpo lo hace con su piloto automático.

Se trata de un acto reflejo innato, así que no hay personas con mayor tendencia a sentirla. Sin embargo, sí que hay personas más sensibles, capaces de percibir mejor los sonidos u otros estímulos sensoriales.

De todos modos, el Doctor Moltó explica que también es muy importante el entorno en el que se da la dentera, ya que no es lo mismo sentirla cuando estamos muy tranquilos que cuando estamos en situaciones de estrés elevado, donde prácticamente no notaremos sus efectos.