Somos seres sociales, y creo que de eso no hay ninguna duda. El ser humano está destinado a vivir acompañado, en sociedad, y de hecho así lo ha buscado desde el comienzo de nuestra existencia. Incluso antes de la aparición de la especie Homo Sapiens, nuestros antecesores ya preferían convivir en pequeños grupos, intuyendo las ventajas que esto les traería.

¿Que habría sido del ser humano si hubiera decidido vivir en solitario? Muy probablemente no estarías aquí ahora, y es que la compañía de otros ayudó a nuestra especie a sobrevivir ante las muchísimas adversidades con las que pudieron encontrarse. La evolución ha fijado este "afán social" en nuestro cerebro, como algo beneficioso e incluso podría decir que necesario para la vida.

En el lugar de los demás

Como puedes suponer, para poder convivir en sociedad hacen falta una serie de habilidades, que nos permitan relacionarnos adecuadamente y en armonía. Tu cerebro te otorga esas capacidades y la mayoría de ellas se engloban dentro del ámbito emocional.

Sin las emociones no habríamos sobrevivido

Y es que además de seres sociales somos seres emocionales, y estos dos aspectos de nuestra naturaleza van más unidos de lo que podrías haber imaginado. Las emociones también nos ayudaron a sobrevivir, precisamente ayudando en las relaciones entre los miembros de los grupos. Gracias a estas pudimos ponernos en el lugar del otro, desarrollando lo que hoy conocemos como empatía.

La teoría de la mente, el comienzo de todo

Podríamos pensar que estas habilidades necesitan muchos años para desarrollarse, pero comienzan a dar sus frutos mucho antes de lo que crees. La llamada teoría de la mente hace referencia a la capacidad que tenemos los seres humanos de entender el punto de vista de los demás, de ponernos en su lugar y percibir el estado del otro, sus emociones y opiniones. Esta debe observarse a partir de los 4 o 5 años en niños.

Como muestra un estudio publicado en Nature, todas estas capacidades dependen a su vez del desarrollo de la sustancia blanca, responsable de la transmisión neuronal. Sobre todo ello, se basará la empatía.

Las relaciones sociales son de vital importancia para la especie. Xombit

¿Dónde se encuentra la empatía?

Conociendo la importancia que ha tenido la empatía en el desarrollo de nuestra sociedad, un grupo de investigadores estadounidenses de la Universidad de Colorado ha llevado a cabo un curioso estudio. ¿Qué pretendían? Nada más y nada menos que encontrar el lugar de la empatía en el cerebro humano.

Como todo, la empatía se encuentra distribuida

Como podemos leer en El País, contaron con un total de 66 voluntarios para la realización del experimento. Estos deberían escuchar una serie de testimonios reales, todos ellos contados por otras personas, y que podrían ser dramáticos o no. Cómo no, mientras los sujetos prestaban atención a las historias, un escáner analizaba por completo su cerebro.

¿Los resultados? Podríamos decir que esperados. Como ocurre con la mayoría de las capacidades, tu cerebro no dispone de una zona para cada función diferenciada. La empatía activó distintas áreas cerebrales, en una orquesta de descargas neuronales. Además, la experiencia fue prácticamente idéntica para todos los sujetos.

Sin embargo, los responsables del estudio sí que pudieron señalar dos patrones diferentes de activación. Uno se basaba en la compasión y el otro en la angustia. Y es que las historias eran variadas, por lo que podían generar distintas repercusiones en cada uno de los voluntarios.

El sufrimiento ajeno activa tus áreas del dolor

Mientras que la reacción de compasión activaba zonas de los lóbulos frontales, como la corteza medial orbitofrontal o el córtex prefrontal ventromedial, la reacción de sufrimiento y angustia daba lugar a actividad en el córtex premotor o la corteza somatosensorial primaria. Estas dos últimas, situadas en la zona parietal del cerebro.

Resulta curioso pensar que un testimonio triste que nos provoca angustia, activa las mismas áreas cerebrales que cuando sufrimos dolor físico. Pero si lo piensas bien, aquí radica la esencia de la empatía, en ponerse en el lugar del otro, en sufrir como la otra persona lo hace.

Demasiada empatía no es buena

Es totalmente cierto que la empatía y el correcto manejo de las emociones nos han ayudado a mejorar como especie, y a crear una sociedad estable. Sin embargo, y como suele ocurrir con muchas otras cosas, un exceso de empatía puede ser perjudicial. ¿Cómo es posible?

Sufrir por los demás puede perjudicar tu salud

La inteligencia emocional incluye el entendimiento de la emociones ajenas, pero también en el correcto manejo de las tuyas propias. Como podemos leer en Psychology Today, si la forma en la que te relacionas con los demás se basa en una extrema empatía, podrías llegar a descuidar tus propias necesidades.

Sufrir demasiado por los demás puede causarte estados de asiedad y estrés, que si son continuados, podrían llegar a provocarte enfermedades. Y es que como bien reflejan en El País, el estrés crónico es terriblemente perjudicial para la salud.

La clave reside en saber gestionar todas estas emociones, encontrando un término medio, y buscar siempre lo mejor para los demás, sin olvidarte a tí mismo.

No somos tan diferentes

Volviendo al citado estudio, nos encontramos ante una muestra más de lo complejos que son los distintos procesos que tienen lugar en tu cerebro. Miles de años de evolución lo han convertido en la herramienta perfecta para cientos de tareas distintas, cada una de ellas con un gran valor.

Además, la similitud entre todos los resultados pone de manifiesto que aunque podamos sentir las cosas de manera distinta, todos poseemos unos patrones comunes, que nos igualan como individuos y nos facilitan la convivencia en sociedad.