Esta tortuga robot es un auténtico ciber anfibio: sus extremidades se transforman si está en tierra o en agua
La tecnología se fija en la robótica para crear sus propuesta de todo tipo. ¿Hasta qué punto las tortugas pueden resultar interesantes a este respecto? ART tiene la llave.
La evolución es clave para poder entender la existencia de unas determinadas especies en la naturaleza. En cada ecosistema se puede observar cómo cada uno de los animales es capaz de sobrevivir en un ambiente repleto de depredadores y otros peligros. Esto ha sido posible tras una adaptación de miles y miles de años. Aun así, todavía se puede rizar el rizo una vez más tras comprobar cómo existen animales capaces de vivir en diversos tipos de ecosistemas. Los anfibios son un claro ejemplo de ello.
Aun así, hay que ir al campo de los reptiles para poder entender cómo la adaptación es una clara característica que define su existencia. La mayor parte de las tortugas puede desempeñar una vida fuera y dentro del agua. Por ello, la tecnología ha llevado a cabo estudios para conseguir copiar este tipo de virtudes. Solo así ha sido posible crear un robot capaz de copiar los movimientos que realizan estos animales en superficies terrestres y bajo el agua. El resultado es toda una declaración de intenciones.
Un nuevo robot con forma de tortuga ha sido creado con el objetivo de determinar hasta qué punto es posible copiar los esfuerzos de este determinado animal, tanto en el agua como fuera de ella. No es la primera vez que proyectos de esta clase se fijan en los movimientos de los animales a la hora de crear robots. Al fin y al cabo, se trata de una forma interesante de entender la dinámica de los movimientos.
ART, Así es la tortuga robótica que es capaz de reproducir a la perfección sus movimientos
Curiosamente, las tortugas que no son capaces de sumergirse bajo el agua y las que sí cuentan con esta facultad, son muy parecidas. Sin embargo, hay una principal diferenciación entre ambos tipos. La distinción esencial radica en la disposición unas extremidades diferentes, las cuales han sido objeto de evolución durante miles de años. La clave del proyecto ha sido conseguir una adaptación de las mismas para ofrecer un gran desempeño en el mercado.
El objetivo del proyecto ha sido la incorporación, adhoc, de patas para el firme terrestre o aletas. Todo ello a voluntad de la unidad robótica en función de las necesidades presentes en cada momento. De esta manera, nos encontramos ante un robot con capacidad de adaptación completa para poder circular por cualquier terreno y superficie. Se trata, por tanto, de una solución que puede cambiar de forma, rigidez y comportamiento respecto a lo que ocurre en el exterior.
La finalidad de esta mejora es conseguir una extrapolación de los resultados conseguidos a los nuevos robots que puedan producirse en el medio y largo plazo. Al fin y al cabo, la adaptación a cada terreno en particular puede ser la seña diferencial a la hora de entender cómo podrán producirse unidades con capacidades diferenciales para circular por todo tipo de terrenos. Se trata de una apuesta muy interesante desde el punto de vista de la innovación.
Casi se puede pensar en la morfogénesis adaptativa como una forma de evolución a pedido. Karl Ziemelis, editor jefe de ciencias físicas de Nature.
Ahora bien, ¿cuál es el objetivo que puede haber detrás de una propuesta de estas características? De acuerdo con las primeras investigaciones llevadas a cabo por la Universidad de Yale, este tipo de innovaciones podrían permitir el uso de robots para analizar los ecosistemas a lo largo de las costas, el apoyo a los buzos y la agricultura oceánica. El objetivo es lograr, por tanto, un análisis eficiente de áreas próximas a la costa.