Este museo estadounidense descubrió un gigantesco huevo de una especie extinta. Lo curioso es que formaba parte de su colección y se creía que era falso
En muchas ocasiones, los museos extravían, pierden y identifican erróneamente algunos de sus artefactos en sus interminables archivos
Son uno de los alimentos que nos llevan acompañando siglos en cualquier cocina del planeta. Los huevos, habitualmente, caben en la palma de la mano y nos ofrecen la posibilidad de criar especies de aves y otros animales, además de ser suculentos en distintas preparaciones. Sin embargo, algunos tienen un tamaño extraordinario, como los huevos de avestruz, aunque nada que ver con uno de los cuerpos redondeados de un animal prehistórico endémico de Madagascar.
El huevo perdido del Museo de Ciencias de Búfalo
Existen muchas curiosidades alrededor de los huevos en nuestro planeta. Por ejemplo, existen huevos azules de gallina, cuyo color procede de una mutación genética, mamíferos como el ornitorrinco que pone huevos o cáscaras de huevo que acaban transformadas en material de construcción.
Muchos suponen que los huevos más grandes que pueden encontrarse en nuestro planeta pertenecen al avestruz, pero, lamentablemente, están equivocados. La mayoría de animales prehistóricos de gran tamaño que ponían huevos los superan con creces. Ahora, gracias a un comunicado publicado en la página web del Museo de Ciencias de Búfalo en 2018, hemos conocido una historia de un gigantesco huevo perdido en sus archivos.

Un huevo de avestruz mostrado al lado de un huevo de ave elefante
Lo que estaba siendo un simple inventario de la colección oológica, la rama de la zoología que se dedica al estudio de los huevos, del museo ha acabado desvelando un artículo que había permanecido oculto desde 1939, cuando el huevo de Aepyornis maximus fue adquirido en subasta por la compañía londinense Edward Gerrard & Sons. Pensando que podía tratarse de una falsificación, los expertos del museo decidieron investigarlo.
Patricia H. y Richard E. Garman, conservadores del Museo de Ciencias de Búfalo, hicieron varias radiografías al huevo, que acabó por desvelarse como real y que fue catalogado como perteneciente a un ave elefante, una especie de ave paleognata extinta no voladora, cuyos familiares más cercanos en la actualidad serían los curiosos y únicos kiwis. Estamos hablando de un huevo que mide 30 cm de longitud y más de 70 cm de circunferencia, pesando alrededor de 1,5 kilogramos.
Kathryn Leacock, la directora de colecciones del Museo de Ciencias de Búfalo, aseguraba que "la Sociedad de Ciencias Naturales de Búfalo lleva coleccionando desde 1861" y que "los artefactos perdidos, ocultos o mal identificados no son extraños en museos que han estado coleccionando durante siglos". Como podrás comprender, es más que lógico conocer el entusiasmo con el que se vivió el hallazgo del huevo.
Por si te lo preguntas, y como, entre otros, Sir David Attenborough explicó en el interesante documental Attenborough y el Huevo Gigante, el clado de aves conocido como Aepyornithidae eran animales que podían medir más de 3 metros de altura y pesar casi 500 kilogramos. Su denominación de aves elefante pudo deberse a que contaban con patas realmente gruesas.
Sabemos, según el registro fósil, que estas aves prehistóricas vivieron en la isla de Madagascar y que sus huevos, como el hallado en los archivos del Museo de Ciencias de Búfalo, pudieron llegar a medir más de 30 centímetros de longitud. Desde luego, si planeas visitar la ciudad del norte del estado de Nueva York, no dudes en visitar su museo y este extraordinario ejemplar de huevo.