Crecer es fascinante: pasar de ser poco más que un bulto de carne blandito e indefenso sin los huesos del cráneo formados a convertirnos en adultos con inquietudes, vocabulario, sentido del humor, etc. Durante este proceso, adquirimos y desarrollamos cualidades, sin embargo, otras son innatas, ya que proceden de un parte más profunda de nuestro ser, por ejemplo el miedo a las arañas.

Probablemente una de las mejores cosas de ser padre o madre sea precisamente asistir de forma tan cercana al proceso. De todas las cualidades que podemos desarrollar, el sentido de la justicia llega a nosotros con solo 6 años, según un estudio recientemente publicado en Nature Human Behaviour.

Un estudio de lo más curioso y oscuro

De acuerdo con este macabro estudio: todos los niños pequeños pagarían por ver cómo pegan a una marioneta, así porque sí, por el mero hecho de ver acción. Sin embargo, solo a partir de los 6 años serían capaces de distinguir quién les ha hecho daño u ofendido, ofreciendo un pago mayor para que se haga lo que ellos consideran justo, vamos, para saldar la ofensa. Curioso y tétrico al mismo tiempo. ¿La diferencia? El desarrollo del sentido de la justicia.

Para llegar a esta conclusión se analizó el comportamiento de 72 niños con edades comprendidas entre los 4 y los 6 años, y cómo era su relación con las marionetas mostradas en un pequeño teatro. Una de las marionetas le daba un juguete a un niño y obviamente, el niño quedaba feliz.

La ley del Talión en estado puro: ojo por ojo, diente por diente

Pero otra marioneta le ofrecía un juguete y terminaba forcejeando con él para finalmente no dárselo. ¡Qué rabia da eso siendo un niño pequeño! A continuación, una tercera marioneta aparecía con un palo y golpeaba a la marioneta que todavía quedaba en el escenario, que empezaba a llorar. La marioneta castigada podía tratarse de la primera o la segunda, es decir, de la marioneta buena o de la mala.

En ese momento, se cerraba el telón y llegaba la hora de tomar decisiones. Los niños podían elegir si querían seguir viendo el teatro pagando con fichas. Tanto si pagaban como si no lo hacían, el castigo seguía y se oían los gimoteos de la marioneta golpeada. ¿Quién podría resistirse a ver un ratito más de una función? ¡Pues nadie!

Absolutamente todos los niños que participaron en el estudio decidieron que querían seguir viendo el castigo, algo que no habla demasiado bien de nosotros como especie. A su favor hay que decir que quizás pensaban que la violencia iba a terminar y la trama avanzaría. En el caso de pagar y ver el ajusticiamiento, este proceso de subida y bajada de telón se repetía hasta 4 veces.

La mayoría de niños se cansaban al ver que era siempre lo mismo. Pero sucedía algo curioso con los niños de seis años: solo ellos pagaban todas las veces que fuera necesario para ver el castigo si la marioneta golpeada era la mala. ¡Y además se reían más que los otros niños!

¡Qué niño puede resistirse a una función de marionetas! The Verge

Un resquicio para la esperanza en los humanos

Pero no todo son malas noticias sobre las personas, incluso en edades más tempranas. Absolutamente todos los niños del estudio estaban tristes cuando la marioneta buena era castigada. Y siendo justos, quizás los más pequeños no sabían en realidad lo que estaba pasando y no había sed de venganza, sino de entretenimiento.

En todo caso la conclusión no deja lugar a dudas: a todos nos gusta una buena función de entretenimiento, pero la violencia gratuita y sin razón no resulta atractiva. Solo a partir de los 6 años se tiene conciencia de si alguien merece un castigo o no.

Otro tema a investigar es si los niños disfrutarían por igual impartiendo justicia sin aplicar la violencia. Pero da para otro estudio. Por el momento, disfruta de tus hijos si los tienes… pero cuidado con ellos.