En 1995 se descubrió 51 Pegasi b, el primer exoplaneta –es decir, planeta situado fuera de nuestro sistema estelar– descubierto por la humanidad. Desde entonces un gran número de estos ha sido hallado. Pero lo que no es tan común es encontrar agua, y más aún en estado líquido. De hecho, a pesar de que hemos encontrado indicios de esta sustancia planetas del sistema Solar, no así ha sido encontrada en estado líquido.

Pero, ¿cómo de común sería que encontrásemos exoplanetas con océanos de agua? En realidad, es relativamente común, de acuerdo con un análisis matemático realizado por Lynnae Quick, una geofísico de la NASA. Alrededor de nuestro planeta, de momento, se ha identificado dos satélites naturales que contienen agua líquida en su interior. Uno de ellos es Europa, la luna de Júpiter, y el otro es Encélado, que rodea a Saturno.

De los 4000 planetas que conocemos, ¿cuántos de ellos podrían contener océanos?

En este último caso, se ha hallado indicios de océanos de agua salada que dadas las particularidades de la luna expulsan agua salada a una velocidad de unos 400 metros por segundo en forma de géiser, algo que descubrimos gracias a Cassini, una sonda conjunta de la NASA y la ESA lanzada en 1994, aunque no fue hasta 2004 cuando se desprendió de su cohete un vez estaba en la órbita de Saturno.

Un grupo de científicos busca averiguar cuántos de los planetas conocidos podrían tener océanos

La posibilidad de hallar planetas con océanos, según este nuevo estudio, es tan alta que más de un cuarto de los exoplanetas encontrados por Quick y sus colegas han mostrado indicios de ello. No obstante, no se trata de una ciencia exacta, sino de un modelo de aproximación, pero se cree que el número de exoplanetas con océanos podría ser alto, algo que no tendremos la capacidad de comprobar hasta dentro de muchos años.

De momento, debemos conformarnos con los modelos matemáticos desarrollados por Quick y su equipo, quienes usan el tamaño de los exoplanetas, sus masas, y las distancias con sus respectivos soles para calcular esta probabilidad y determinar si podrían ser planetas potencialmente habitables.

Para realizar este estudio, el equipo de investigadores escogió un total de 53 planetas con un tamaño similar a la Tierra –no obstante, algunos de ellos tendrían una masa de alrededor el doble que la de nuestro planeta–. Este tamaño ha sido escogido en particularmente puesto que son lo que son rocosos y no gaseosos, lo que lleva a más posibilidades de encontrar agua en estado líquido.

Cómo se calcula si un exoplaneta podría contener agua líquida

El estudio se basó en determinar cuánta energía estaba generando cada planeta, expulsándola en forma de calor (y por lo tanto permitiendo la existencia de agua en estado líquida). Para ello se consideraron dos fuentes: el calor radiogénico formado por la lenta descomposición de materiales radiactivos tanto en el manto como en la corteza del planeta a lo largo de miles de millones de años. Dado que nivel de descomposición radiactiva se puede calcular mediante una relación entre la edad del mismo y la masa de su manto, y gracias a que esta ratio ya ha sido calculada para planetas con una tamaño similar al de la Tierra, Quick y su equipo solo tuvieron que usar esta ratio.

La otra fuente de calor que se calculó para la investigación es la fuerza de marea, un efecto secundario producido por la fuerza gravitacional (la gravedad, tal y como la conocemos comúnmente) producida por el tirón de un objeto girando sobre otro, fenómeno con el cual se explica por qué la Luna produce los efectos de las mareas en nuestros propios océanos. Los planetas en órbitas elípticas sufren constantes cambios entre otros planetas, produciendo cambios en las fuerzas gravitacionales de otros cuerpos y produce el estiramiento del planeta al mismo tiempo que emiten calor que se pierde a través de la superficie.

Las próximas misiones nos darán la oportunidad de ver si las lunas oceánicas en nuestro sistema solar podrían soportar la vida

Estas pérdidas de calor se producen en forma de erupciones criovolcánicas o volcánicas. Pero este es solo uno de los caminos, y también podría presentarse en forma de movimiento de placas tectónicas, como en nuestro planeta. Y mediante los cálculos de estas emisiones de calor se puede calcular precisamente la idoneidad de un planeta para ser considerado habitable. Demasiado calor implicaría, evidentemente, que el planeta no sea habitable; y poco calor también, pues no se emitirían gases de forma regular que permitirían eventualmente formar una atmósfera.