Desde el origen de nuestra especie, Homo sapiens sapiens, han pasado ya cerca de 200.000 años. Aunque se han producido hallazgos que parecían plantear una fecha aun más lejana, estos no se han demostrado adecuadamente aún, por lo que tomaremos la primera cifra como válida.

Como especie, contamos con un pesado bagaje a nuestras espaldas

Como decía, y desde aquel momento, el ser humano ha vivido miles y miles de años, adaptándose a los cambios no sólo de nuestro planeta, sino de su propia condición. En su origen ya contaba con muchos años de evolución a sus espaldas y quedaban por delante unos cuantos más.

Durante todo ese tiempo, nuestra especie tuvo que enfrentarse a numerosas dificultades, y encontró en el desarrollo y complicación de las emociones un gran aliado. Como podemos leer en Xombit, emociones como el miedo ejercen una función básicamente adaptativa, al alejarnos de posibles peligros, pero si estas además son procesadas conscientemente, obtenemos si cabe un mayor beneficio.

Sin embargo, y centrándonos en el propio miedo, no es oro todo lo que reluce. En ocasiones, estas propias emociones y sentimientos pueden causar fenómenos que se alejan bastante de ser adaptativos. Hablamos de trastornos que pueden desestabilizar por completo a un sujeto, como las fobias.

¿Qué es una fobia?

Para comenzar debemos entender qué significa este término. Como apuntan desde MedlinePlus, hablamos de fobia cuando existe un miedo o temor desmesurado ante un estimulo que supone un peligro real bastante poco probable o incluso inexistente. En otras palabras, hablaríamos del terror ante situaciones, personas o cosas cuyo peligro es prácticamente despreciable.

Un estímulo aparentemente inofensivo, que puede convertirse en lo más temido

Por ejemplo, el miedo a los espacios cerrados podría ser un buen exponente. Las habitaciones pequeñas, los ascensores o incluso los aseos públicos podrían suponer una fuente de temor muy grande para aquellos que sufrieran esta fobia. Por otro lado, cabe decir que también existe una fobia a los espacios abiertos o demasiado despejados, conocida como agorafobia.

Se conoce una gran variedad de fobias, que tienen como protagonistas a estímulos muy distintos, que afectan a personas muy diferentes. Todas ellas son el claro ejemplo de una emoción desadaptativa que llega al extremo, pudiendo provocar serios problemas a quien la sufre. A continuación, hablaremos de una de ellas en concreto, una que presenta aspectos muy curiosos. Esta constituye la base de lo que conocemos como trastorno de ansiedad social.

Un problema para la vida en sociedad

Nos encontramos ante un trastorno que puede ser confundido en la mayoría de ocasiones con simple timidez, pero este va mucho más allá. Como apuntan desde el National Institute of Mental Health, se trata de un problema bastante común, aunque poca gente sabe de él.

Si llega al extremo, puede acabar empeorando la vida de una persona

Este trastorno puede mostrarse en determinadas situaciones sociales o en todas ellas, y presenta unas características bastante identificables. Enrojecimiento, sudoración, náuseas, temor, palpitaciones, temblores… Sin embargo, no debes pensar en un simple miedo a hablar en público o al nerviosismo que todos podemos sentir, sino que este fenómeno es considerado un trastorno por los problemas graves que causa en la persona que lo padece.

Estos síntomas causan grandes desajustes en el sujeto, llegando a cambiar su forma de vida. Quien los sufre tiende a evitar las situaciones sociales, como fiestas o reuniones. Sin embargo, los problemas reales aparecen cuando comienzan a evitarse situaciones más cotidianas, como el trabajo o la universidad, ir de compras a un supermercado, o viajar en transporte público.

Una persona que experimente todo esto, y en casos extremos, puede llegar a encerrarse para evitar cualquier tipo de situación social. Las relaciones interpersonales son de vital relevancia para el ser humano, son una necesidad casi tan importante como alimentarse, por lo que deben subsanarse este tipo de dificultades.

¿Por qué se produce?

El trastorno de ansiedad social es común en aquellas personas que ya de por sí sufren ansiedad, aunque sea en otros ámbitos. Es normal que alguien que tenga tendencia a la preocupación extrema y por lo tanto al desarrollo de fobias, pueda incurrir en uno de estos trastornos.

Su origen no está totalmente claro, la clave está en la interacción

Sin embargo, no podemos decir que tenga un origen claro y definido. Vicente Caballo, en el libro Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos, ya hablaba de sus posibles comienzos, que se han pensado a veces como hereditarios, pero sin una firme demostración.

Podemos decir pues, que como muchos de estos trastornos, surge por la interacción de componentes distintos. Podríamos hablar de un pobre desarrollo de las habilidades sociales, junto con fallos en las estructuras cerebrales encargadas de interpretar la conducta de los demás, o incluso con problemas en las estructuras responsables del miedo.

¿Cómo puede tratarse?

El tratamiento psicológico de trastornos como este supone todo un desafío, por lo que los profesionales deben apoyarse en métodos y técnicas distintas. No existe un camino previamente trazado, lo que hará que cada plan de actuación deba amoldarse a cada individuo particular.