Nos encanta perder el tiempo en internet: leer noticias inverosímiles, cotillear a nuestros conocidos en las redes sociales, hacer búsquedas fútiles… pero sobre todo nos gusta discutir, ya sea en un foro, en los comentarios de los artículos o en Twitter. ¡Qué gustoso es y cuánta adrenalina se libera enzarzándonos en una lucha verbal encarnizada con un desconocido!

Especialmente cuando llevamos razón. O no, porque hay gente que no tiene ningún problema en obviar lo evidente y pensar que ha vencido. La reducción al absurdo no funciona con ellos.

Pues bien, resulta que lo que siempre hemos conocido como "tener mal perder", "querer llevar siempre la razón" o mera tozudez tiene una base científica que lo respalda. Una nueva investigación de la universidad Case Western Reserve ha encontrado la respuesta: el peligroso aumento en la sociedad de perspectivas extremistas en temas religiosos, políticos y otras áreas.

No hay nada mejor para liberar adrenalina que una buena discusión futil

Para ello, dividieron su análisis en dos: estudiando las características de la personalidad que derivan en el dogmatismo en asuntos peliagudos como la religión y lo que no es la religión.

Y curiosamente encontraron los mismos patrones de conducta. Es decir, que eres igual de peligroso si eres un fanático religioso o un radical en el fútbol.

Si te cuesta dar tu brazo a torcer, puedes parecerte más a un hooligan de lo que crees. Huffington Post

¿Son todos los fanáticos iguales?

En el primero de los dos estudios, 209 personas se identificaron como cristianas, 9 judíos, 5 budistas, 4 hindús, un musulmán, 24 de religiones minoritarias y 153 no creyentes. Tras completar el test sobre dogmatismo, empatía, razonamiento analítico y sociedad, los resultados obtenidos fueron sorprendentes.

Todos los extremistas son peligrosos: desde fanáticos religiosos hasta hooligans

En general, los participantes religiosos tenían un nivel superior de dogmatismo, empatía y preocupación social. Los ateos, sin embargo, eran mejores en el razonamiento analítico. Asimismo, la disminución de empatía entre los no creyentes iba asociada al aumento del dogmatismo.

En el segundo estudio, que incluyó 210 participantes que se identificaban como cristianos, 202 no religiosos, 63 hindús, 12 budistas, 11 judíos, 10 musulmanes y 19 de otras religiones; respaldó los resultados del primero, pero añadió mayor perspectiva al fundamentalismo religioso.

Cuanto más rígido es el individuo (independientemente de si es religioso o no), menos considerará la perspectiva de otras personas.

Cuanto menos críticos somos, más fácil es caer en ideas extremas

Tanto si te pones como un extremista en la religión como en otros temas de igual calado, es bastante probable que seas poco crítico. Para que nos entendamos, la falta de flexibilidad está asociada a personas que se cuestionan poco la realidad en la que viven.

Sin embargo, existe una diferencia muy importante entre ambos: cómo la moral les influye en su pensamiento.

Jared Friedman, doctorando en comportamiento y co-autor del estudio lo explica de la siguiente manera:

Sugiere que individuos religiosos pueden aferrarse a ciertas creencias, especialmente aquellas que parecen oponerse al razonamiento critico porque chocan con su moral.

Anthony Jack, profesor asociado de filosofía y co-autor de la investigación respalda esta teoría:

La resonancia moral ayuda a las personas religiosas a sentirse más seguras ya que, cuanto más correcto ven algo, más afirma su pensamiento. En contraste, las creencias morales hacen que las personas no religiosas se sientan menos seguras.

Estas conclusiones podrían sugerir una forma efectiva de comunicarnos y transmitir mensajes con personas extremas. Es decir, apelar a la moral en una persona religiosa puede ayudarnos a hacerle razonar. Y si intentamos debatir con alguien no religioso, la lógica no emocional puede aumentar las posibilidades de que nos escuche de forma efectiva, o al menos lo considere.

Posturas extremas

Hay algo claro: la empatía es el sentimiento deseable para intentar llegar a un acuerdo, mientras que la ausencia de ella es peligrosa.

Como afirma Jack:

Los terroristas, en el interior de su burbuja, creen que lo que están haciendo es algo moral. Creen que con sus acciones protegen algo sagrado. Por otro lado, con todo este aumento de noticias falsas, la administración de Trump está intentando apelar a las emociones para razonar con la gente, de forma que se ignoran hechos.

Y es que, como señala el diario ABC, entre la base de los votantes del electo presidente de Estados Unidos se encuentra un porcentaje muy alto de hombres y mujeres que se declaran religiosos.

En el otro extremo encontramos personas organizadas en torno al pensamiento crítico, ateos militantes que no ven nada positivo en la religión. Para ellos, las creencias religiosas solo sirven para contradecir el avance, el pensamiento analítico y la ciencia.

Pero al margen de esta evidente diferencia entre ambos tipos de extremistas, en las 900 personas encuestadas se encontraron bastantes similitudes independientemente de sus creencias. A la ya mencionada carencia de capacidad de análisis se une la incapacidad de ponerse en el lugar de otra persona, ver las cosas desde otra perspectiva.

¿Está nuestra forma de pensar dividida?

Los investigadores creen que los resultados de las encuestas proporcionarán soporte a la teoría inicial que apuntaba a que las personas tenemos dos redes cerebrales, una para la empatía y otra para el razonamiento crítico. Y que además, ambas se contraponen.

La clave para llegar a un acuerdo con un fanático religioso es apelar a la empatía

En personas saludables, sus ciclos de pensamiento se ven incluidas por ambas, prevaleciendo siempre una de ellas en función del problema que estén considerando.

Pero en una mente religiosa dogmática, la red empática parece dominar mientras que en una mente no religiosa, lo que manda es el análisis.

Si quieres ganar una discusión con un extremista ateo, prueba con la lógica

Aunque el estudio en sí se centra en cómo de diferente ve el mundo una persona religiosa respecto a una persona que no lo es, la investigación se puede aplicar a otros campos, como los propios investigadores apuntan.

Y es que es extrapolable a cualquier otra creencia profunda, como los hábitos culinarios (el ejemplo sería ser vegano, vegetariano u omnívoro), opiniones políticas, la evolución o el cambio climático.

En todo caso, los autores esperan que más investigaciones futuras en esta línea puedan ayudar a mejorar lidiando con opiniones extremas, cuyo peso cada vez es más importante y visible en la sociedad.

Así que ya sabes, la próxima vez que vuelvas a discutir con alguien que parece una pared y sencillamente no puedas dejarlo pasar, recuerda apelarle a la moral o a la lógica para intentar llegar a un acuerdo.