La historia de la que nos hacemos eco hoy parece sacada de una película de terror y no lo es. Y es que desgraciadamente, la realidad siempre supera a la ficción. Sucedió en nuestro amado México (por cierto, recuerda que si quieres puedes colaborar para ayudar a las brigadas de rescate tras el terremoto), donde un chico de 17 años llegó al hospital porque le dolía el ojo.

¿Se había frotado los ojos tras tocar chile? No. ¿Había dormido con las lentillas puestas? Tampoco: un asqueroso gusano parasitario estaba perforando su globo ocular a placer. Argh.

Tres semanas antes, el chico había acudido al médico porque tenía dolor y, además, estaba perdiendo la visión en ese ojo. Cuando llegó al hospital, el avance de su ceguera era tal que solo podía percibir movimiento. Su caso ha sido tan espeluznante que hace dos días se publicó en la revista médica The New England Journal of Medicine. Durante el reconocimiento hospitalario, apenas podía ver a 30 centímetros de distancia con su ojo derecho.

El Dr. Pablo Guzmán-Salas, que llevó el caso en el Instituto de Oftalmología de Ciudad de Mexico, lo explica así:

Ni siquiera podía ver nuestros dedos cuando estábamos delante de él.

El examen médico devolvió unos resultados sorprendentes: había una luz extraña dentro del ojo. Además, también existía sangre, inflamación y agujeros en el iris. Una inspección más profunda en la zona determinó que allí había algo.

Imagen del gusano dentro del ojo del paciente. LiveScience

Según detalla Guzmán-Salas:

El gusano se movía libremente por el ojo, y como entraba y salía por los agujeros, era difícil de detectar.

Para llegar hasta él, los cirujanos tuvieron que intervenir retirando el cristalino, moverse a través del humor vítreo y extraerlo. Durante la intervención, vieron que incluso la retina (que se encuentra al fondo del ojo) estaba dañada. Posteriormente, se le suministró antibióticos y se siguió de cerca la evolución del caso.

¿Qué demonios es eso?

El gusano tenía una longitud de 3 milímetros y es del tipo trematodo, una clase de parásitos de filo de gusanos platelmintos (Dactylogyrus). Dadas sus dimensiones, la extracción se produjo por partes. No es raro que las personas tengamos parásitos, especialmente en función de la zona en la que vivamos, pero sí que es poco común que lleguen hasta el ojo.

Este tipo de Dactylogyrus invade al ser humano de forma interna, atacando órganos como el hígado, pulmones o intestinos. Nunca hasta la fecha se había reportado un ataque ocular de este parásito.

De acuerdo con el doctor:

Es la primera vez en mi vida que he visto un caso así. No es común que los trematodos infecten los ojos, de hecho, no es frecuente que los gusanos lleguen a los dos. Es muy poco usual que los parásitos, aunque sean de otro tipo (nematodos), ataquen a los ojos. Ha sido muy mala suerte.

En general, las personas podemos infectarnos con este tipo de parásitos en contacto con comida o agua que contengan trematodos o sus huevos. Tras la ingesta de la comida o agua infectada, los trematodos se instalan en nuestros intestinos, como detalla el Center For Disease Control estadounidense.

Sin embargo, ni sus análisis de sangre ni las muestras de heces evidenciaron signos de infestación por este gusano en su organismo, por lo que cómo llegó ese gusano ahí sigue siendo todo un misterio.

Desafortunadamente, seis meses después del incidente, la visión del chico a través de su ojo no ha mejorado.