Hay 9.000 toneladas de basura en órbita: ¿por qué las naves espaciales no se chocan con ella?
La basura espacial no para de acumularse con el paso de los años. ¿Qué hacen las naves espaciales para evitarla?
A lo largo de la segunda mitad del siglo XX y, sobre todo, durante estos primeros años del siglo XXI, se ha llevado a cabo una profunda inversión en tecnologías aeroespaciales. La exploración del Espacio se ha convertido en una seña de identidad de los países más desarrollados del mundo y, buena prueba de ello, es su capacidad para llevar a cabo misiones especialmente diferenciales. Aun así, este tipo de investigaciones cuenta con un problema principal: la presencia de desechos y basura en órbita.
La entrada a mansalva de capital privado ha provocado, entre otros efectos, la disposición de mucha más basura espacial. Estos pequeños elementos pueden ser restos de satélites lanzados y abandonados o, simplemente, elementos que han podido desprenderse de cualquier nave espacial. Una peculiaridad de estos desechos es que se mantienen en órbita sin que sea posible su eliminación completa. Esto hace que nos tengamos que plantear algunas cuestiones. ¿Cómo lo hacen las naves espaciales o la Estación Espacial Internacional (ISS por sus siglas en inglés) para no sufrir un impacto?
Veamos, de acuerdo con la información publicada por la NASA, cómo se consigue evitar cualquier accidente pese a la gran presencia de objetos que giran en conjunción a la Tierra, por qué estos elementos apenas suponen un peligro en la mayor parte de ocasiones y, por supuesto, qué planes hay para que a lo largo de los próximos años se lleven a cabo batidas de limpieza para evitar una concentración masiva de material.
9.000 toneladas de basura espacial supone mucho que limpiar
Lo primero que cabe mencionar es que, por el momento, no se espera que se produzca un intenso trabajo para limpiar restos presentes en las capas más alejadas de la Atmósfera. Aun así, sí hay herramientas muy precisas que son capaces de medir la órbita de objetos que pueden tener incidencia a la hora de programar un posible despegue o, simplemente, puedan tener la misma trayectoria que la ISS. Si este es el caso, se hace una valoración sobre el tipo de objeto de que se trata y la masa que dispone ante un potencial impacto.
Para la toma de decisiones, se lleva a cabo un estudio de probabilidad real de impacto. Si se prevé que la probabilidad es superior al 1 entre 10.000, la ISS lleva a cabo un cierto desplazamiento para reducir la posibilidad de accidente. Aun así, es importante tener en cuenta que esta estructura fue diseñada para contar con sus elementos más críticos, tales como las cabinas de mando o los almacenes energéticos, completamente aislados. Aun así, la 'carrocería de la Estación está preparada para aguantar perfectamente el impacto de elementos con un tamaño de hasta un centímetro.
En el caso de basura espacial con un tamaño de 1 a 10 centímetros, podría ocasionar daños leves en la estructura exterior, por lo que tampoco supondría un grave problema de seguridad a los astronautas que se encontraren en una misión. Y bien, ¿qué nos muestra esta información? Cabe resaltar que cada uno de estos objetos espaciales viaja a una velocidad media de unos 7 u 8 km/s, pero puede llegar a alcanzar cotas mucho más altas, de hasta 15 km/s. Un impacto de esta clase generaría una gran fuerza y sería potencialmente peligroso en otro contexto.
¿Qué nos dice la historia? Este tipo de encuentros no suelen producirse. Sin embargo, esto no quiere decir que no haya ocurrido en alguna ocasión. El último gran evento de esta clase tuvo lugar en el año 2009. El 10 de febrero de aquel año un satélite Iridium en funcionamiento de Estados Unidos chocó contra un satélite Cosmos ruso abandonado. Más allá de estos eventos, no se han producido nuevas situaciones de esta clase.