Los científicos recuperan el genoma de un rinoceronte prehistórico de hace 14.000 años: así ha sido posible
La clave sobre la extinción del rinoceronte lanudo no estaba en los fósiles, sino en el estómago de un lobo de la Edad de Hielo, un hallazgo que ha desvelado al verdadero responsable de su repentina desaparición
No fue un declive lento y agónico, sino un final abrupto y catastrófico. La desaparición del rinoceronte lanudo, uno de los gigantes de la Edad de Hielo, no se debió a una larga decadencia ni a la endogamia. La causa fue un cambio climático fulminante, un calentamiento global conocido como el interestadio Bølling-Allerød, que hace unos 14.400 años transformó por completo su mundo y lo condenó a la extinción.
De hecho, esta conclusión da al traste con la extendida creencia de que la especie se fue debilitando a lo largo de los siglos, o que la presión de la caza humana fue el factor determinante de su ocaso. Durante mucho tiempo, la comunidad científica barajó la hipótesis de un declive progresivo, pero un nuevo descubrimiento ha obligado a reescribir la historia de los últimos días de esta imponente criatura.
Una última cena congelada en el tiempo
La clave de este vuelco en la investigación procede de un lugar tan insólito como revelador: las entrañas de un lobo prehistórico. Un equipo científico ha logrado secuenciar el genoma completo de un rinoceronte lanudo a partir del tejido de su última comida, perfectamente conservado en el permafrost de Tumat, en el noreste de Siberia. Este hito, según detalla la revista académica Genome Biology and Evolution, es la primera vez que se reconstruye el ADN de una especie a partir de los restos hallados en el estómago de su depredador.
Este tipo de conservación excepcional en el permafrost abre la puerta a debates científicos fascinantes sobre la posibilidad de 'resucitar' a otras especies, como un el lobo de Tasmania desaparecido hace casi un siglo hallado en condiciones similares.
There’s no evidence - at least, not yet, but surely the woolly rhino lived in Ireland. Plenty of remains in Britain from a time when a land bridge existed. #extinctirishanimals #irishwildlife #extinction #rewilding #paleoart pic.twitter.com/kNFUpHTQYd
— Julian Friers (@JulianFriers) April 14, 2021
Gracias a este hallazgo, el análisis genético reveló una verdad sorprendente. Lejos de mostrar las debilidades propias de una población en vías de extinción, los datos demostraron que los rinocerontes lanudos gozaban de una excelente salud genética hasta casi el mismo momento de su desaparición. Su diversidad era alta, su población era numerosa y no existían indicios de una acumulación de mutaciones perjudiciales.
A diferencia de otras especies de la época, cuya supervivencia y expansión fueron impulsadas por cambios genéticos específicos, como las mutaciones clave que permitieron crear ranas en miniatura, la fortaleza genética del rinoceronte lanudo no fue suficiente para superar el colapso de su ecosistema.
Por tanto, una población tan robusta y estable no se extingue por causas internas o graduales. La única explicación plausible es un colapso provocado por un factor externo, repentino y de enorme envergadura. El calentamiento del Bølling-Allerød alteró de forma radical la estepa-tundra de la que dependían para alimentarse, provocando un cambio en la vegetación al que no pudieron adaptarse a tiempo.
En última instancia, la historia del rinoceronte lanudo es un poderoso recordatorio sobre la fragilidad de las especies mejor adaptadas a su entorno. El descubrimiento no solo resuelve un viejo misterio de la paleontología, sino que también subraya cómo los cambios ambientales drásticos pueden llevar al límite incluso a las criaturas más formidables del planeta.