Ceres es un planeta enano poco conocido, a pesar de que es el objeto más grande conocido en el cinturón de asteroides situado entre Marte y Júpiter, siendo el objeto número veinticinco más grande del Sistema Solar. Pero ahora tiene otro motivo para ser nombrado: un grupo de científicos ha descubierto que contiene un océano de agua salada.

Diferentes estudios han sido publicados recientemente determinado precisamente que el planeta enano tiene actividad geológica y océanos salados subterráneos. Los datos estudiados provienen de la sonda Dawn enviada por la NASA, y que estudió el planeta enano –que es catorce veces más pequeño que Plutón– desde 2015 hasta 2018, cuando se quedó sin combustible, sobrevolando en su punto mínimo el cuerpo a tan solo 25 kilómetros.

Ya desde 2015 se comenzó a suponer que el agua podría ser el origen de estos depósitos de sal brillantes en la superficie del cráter Occator

Uno de los puntos en los que se centró la investigación de este cuerpo fue el cráter Occator, de 90 kilómetros de diámetro y originado hace unos 22 millones de años. Ya se conocía desde hace tiempo la existencia de depósitos de sal brillantes, pero se desconocía su origen exacto más allá de meras especulaciones.

Un océano de agua salada en un planeta enano, provocado por el impacto de un gran cuerpo hace 22 millones de años

Este material brillante resultó ser carbonato sódico, un tipo de sal, o posiblemente compuestos de carbonato sódico con oxígeno, carbono y sodio. Pero hay una reserva mucho mayor debajo del cráter, a unos 40 kilómetros de profundidad y con unos cientos de kilómetros de extensión.

Occator, el cráter de 90 kilómetros de diámetro originado hace 22 millones de años en Ceres

Lo que se cree que ha ocurrido a través de millones de años es que, tras quedar expuesta la reserva de agua salda del interior del planeta enano debido a la colisión del cuerpo que impactó Ceres hace 22 millones de años, el agua se ha ido evaporando, dejando atrás esta superficie salada. También se cree que a día de hoy Ceres sigue teniendo actividad oceánica, por lo que este tipo de sales seguirían saliendo a la superficie.

Pero también se ha encontrado otro compuesto mucho más importante: hidrohalita, presente en la Tierra en el hielo marino, y que hasta ahora no había sido encontrado fuera de nuestro planeta. Este material se forma cuando el agua líquida entra en contacto con algún tipo de actividad hidrotermal, lo que ocurre cuando el agua se infiltra y reacciona con la corteza rocosa, emergiendo en forma de solución caliente y rica en minerales.

Ceres generó actividad criovolcánica tras el impacto de un gran cuerpo en lo que a día de hoy conocemos como el cráter Occator

Esto sugiere no solo que ha habido actividad oceánica de este tipo en el planeta embrionario –un planeta que nunca terminó de formarse, quedándose en enano, probablemente provocado por la gravedad de Júpiter, el planeta más grade, que impediría su crecimiento–, sino que probablemente siga activa a día de hoy, originado por el impacto de un cuerpo hace 22 millones de años, durante el calor generado en la superficie durante al menos 10 millones de años. La actividad criovolcánica –volcanes de hielo– se estima que se generó hace aproximadamente 9 millones de años.

En el cráter de Ceres también podemos observar pequeñas montañas de hielo como las que podemos encontrar en las zonas heladas de la Tierra, lo que vuelve a sugerir este tipo de actividad. Si bien este tipo de pequeñas montañas han sido encontradas anteriormente en otros cuerpos –incluyendo Marte–, es la primera vez que se detecta en un planeta enano.