Desde ahora hasta el final de este artículo vas a descubrir sorprendentes revelaciones de una de las criaturas más extrañas de nuestro mundo. A caballo entre molusco, pez y habitante de las profundidades abisales, la medusa intimida con solo decir su nombre. Picores y problemas de salud son su tarjeta de visita en los veranos de la costa.

La medusa mitológica tenía mucho de animal, fiera y mortal

Aunque si existe una medusa realmente famosa, esa es el monstruo que Perseo consiguió decapitar y que, con tan solo fijar su mirada en tus ojos, convertía a quien tuviese la mala suerte de cruzarse con ella en piedra. Por supuesto, Perseo utilizó a Medusa como arma e, incluso, podemos ver su cabeza tallada en puertas de la antigüedad como símbolo para alejar al mal de las casas.

Medusa en la mitología. En Griego todo es mejor

De todas maneras, quiero contarte las curiosidades de este animal, que en fechas recientes se ha descubierto que tiene fases en las que manifiesta un estado similar a lo que los humanos conocemos como sueño. ¿Interesante? Sigue leyendo que esto acaba de comenzar.

Un cuerpo casi vacío

Las medusas tienen un esquema corporal bastante sencillo. Quizás esto sea debido a que se encuentran entre las especies más antiguas que habitan la Tierra. Los científicos datan su aparición alrededor de hace 700 millones de años. Su cuerpo se compone en un 95% de agua. El resto son partes gelatinosas, como los tentáculos.

Tentáculos de una medusa. Medusas

Estos son utilizados para liberar las toxinas que el propio animal genera. La toxina se libera con el simple roce con otro ser vivo. Las medusas no son animales depredadores, sino que simplemente utilizan sus defensas con aquellos que invaden su espacio. La gran mayoría de especies se ven afectadas por su picadura, aunque existen algunos peces, como el chicharro, también conocido con jurel, que no se ven expuestos a sus efectos y las utilizan como escondite.

Os comentaba eso de cuerpo casi vacío, porque estos animales no poseen órganos como la mayoría de seres. No tienen pulmones, branquias, corazón o, por ejemplo, cerebro. En lugar de nuestro amado órgano, las medusas tienen lo que se conoce por red neuronal.

Habitantes del profundo y somnoliento océano

Un reciente estudio, publicado por el Instituto de Tecnología de California, también conocido como Caltech, ha demostrado que la medusa Cassiopea adopta, en ocasiones, un estado parecido a nuestro sueño.

Parece ser que el ritmo nocturno de la medusa es más lento

El estudio, que abarca términos inenarrables para el común de los mortales, observa que dicha medusa tiene un ritmo de comportamiento más lento de lo habitual durante las noches. Además, su respuesta a los estímulos en este período también es más pausada.

La especie Cassiopea es también conocida como medusa invertida

Esta característica, muy común en la gran mayoría de animales vertebrados, rara vez es vista en un animal del género opuesto, si hablamos en términos de columna vertebral. La medusa invertida, que es el nombre común que recibe la Cassiopea, había sido estudiada, entre otros, por los científicos Ravi D. Nath, Claire N. Bedbrook y Michael J. Abrams a través de un tanque de agua.

Los resultados que proporcionó dicho tanque fueron interesantes. Estos expertos iban anotando el tiempo que pasaba entre las contracciones que realiza la medusa para moverse. Al principio, y durante el día, estas contracciones se producían a razón de una por segundo. Sin embargo, al llegar la noche, la Cassiopea reducía su ritmo de contracción en casi un tercio de lo habitual.

Conclusiones

Parece extraño observar un comportamiento habitual en seres con cerebro en un animal como la medusa. Normalmente, según la aceptación de la comunidad científica, el sueño tiene un efecto consolidador de nuestros recuerdos, con que esto implica que debe de haber un cerebro para que pueda tener validez. Pero, ¿y por qué este animal gelatinoso parece soñar?

¿Podría ser el sueño una herencia de hace millones de años?

Quizás todo viene de una mala base en el planteamiento del sueño. Podría ser que esa función, que creemos solamente digna de los vertebrados, sea mucho más antigua de lo que se piensa, incluso de hace 700 millones de años. De hecho, estos científicos quieren investigar si existe algún gen, compartido por la mayoría de seres vivos, que implique la necesidad de establecer un período de sueño o letargo.