Nuestro planeta ha sido la base perfecta para el surgimiento de millones de especies distintas de seres vivos. La Tierra rebosa vida, y su magnitud es tal, que podríamos estar aun muy lejos de haber descubierto todas las formas de vida que aquí habitan, como apuntan desde National Geographic.

Estos diminutos seres han provocado algunos de los mayores cataclismos

Un gran número de esas especies de seres pertenecen a individuos microscópicos, unicelulares. Las bacterias cuentan con una inmensa comunidad sobre nuestro planeta y han demostrado tener capacidades impresionantes, resistiendo a todo tipo de climas extremos. Sin embargo, muchas de ellas también pueden hacernos enfermar.

Hasta el descubrimiento de la penicilina en el año 1928 por parte de Alexander Fleming, una enfermedad bacteriana era prácticamente sinónimo de muerte. De hecho, la mayor pandemia de la historia fue causada por la peste negra, que se originaba por una bacteria y que causó cerca de 75 millones de muertes durante el siglo XIV. A continuación, hablaremos de otra afección causada por uno de estos pequeños seres, no causa tantas muertes, pero es bastante desconocida.

Melioidosis, la enfermedad silenciosa

La melioidosis es una enfermedad bacteriana, que pueden sufrir tanto los animales como el ser humano. La causante de este trastorno es una diminuta proteobacteria llamada Burkholderia pseudomallei, y que como leemos en Wikipedia, frecuenta zonas húmedas en los trópicos.

Pocos saben de ella, pero su tasa de mortalidad es realmente alta

Al igual que los redactores de El País, hemos acuñado el adjetivo "silenciosa" para esta enfermedad por un motivo muy sencillo. A pesar de las miles de muertes que provoca cada año, muchos de nosotros no hemos oído hablar nunca de ella. ¿Cómo es posible?

Es cierto que no podemos pretender conocer todas las enfermedades del mundo, pero la melioidosis mata al 50% de las personas que se contagian. Estamos ante una afección potencialmente mortal, y deberíamos conocer algo más de ella. Como apunta Direk Limmathurotsakul, científico de la Unidad de Investigación de Medicina Tropical Mahidol-Oxford en Bangkok:

La desatención a la melioidosis es tal que la Organización Mundial de la Salud ni siquiera la incluye en su lista de enfermedades desatendidas.

¿Cómo se contagia?

La melioidosis suele aparecer en zonas húmedas de países del sudeste asiático, en África Central, Oriental y Occidental, pero también en el norte de Australia. Tailandia, por ejemplo, es uno de los países más afectados, pero si queremos concretar más, podríamos decir que los amplios arrozales asiáticos y las aguas estancadas son el hábitat perfecto para la bacteria Burkholderia pseudomallei.

Como muchas otras enfermedades, se contagia cuando en un individuo se produce la inhalación, inoculación o directamente ingestión del patógeno. Beber agua contaminada es una de las principales causas. Entre personas infectadas no es tan fácil, ya que es necesario el contacto piel con piel, para que la bacteria se introduzca en el organismo a través de heridas abiertas o abrasiones.

¿Cuáles son las consecuencias?

Radiografía de pecho de paciente con melioidosis mostrando las fatales consecuencias en sus pulmones. ResearchGate

Los órganos más afectados por esta enfermedad son los pulmones. Los síntomas pueden ir desde pequeños problemas respiratorios hasta graves neumonías, acompañadas de fallos fatales en otros órganos, como leemos en la Revista Panamericana de Salud Pública. Las personas con diabetes, enfermedades crónicas o trastornos respiratorios son sectores de riesgo que podrían ver su salud seriamente comprometida.

En los sectores de riesgo la tasa de mortalidad puede aumentar aún más

Una de las particularidades de la melioidosis es que los signos de su presencia pueden tardar mucho tiempo en aparecer. No solo meses, sino años podrían pasar desde el contagio hasta el momento en el que se mostrasen los primeros síntomas.

Como hemos dicho anteriormente, la tasa de mortalidad se sitúa cercana al 50%, lo que demuestra que aún hay mucho que desconocemos sobre la enfermedad. Los científicos deberán seguir trabajando en busca de nuevas formas de tratamiento, que por ahora se basa en antibióticos.