El mundo está lleno de culturas diferentes, por eso no es de extrañar que cada vez que viajamos nos demos con un Lost in translation similar al que sufren Scarlett Johansson o Bill Murray en dicha película. Pero cuando esto sucede, no queda más que sonreír, volver a las bases de la comunicación por gestos y simplemente, dejar que la música hable por nosotros.

Y es que un estudio reciente ha evidenciado que da igual el idioma en que se cante una canción, hay vínculos que no entienden de países y que se repiten, ya vengan de China o de Argentina.

Esta investigación publicada por Phys procede de la prestigiosa Universidad de Harvard y para llevarla a cabo se ha preguntado a 750 usuarios de internet de 60 países diferentes sobre canciones de lo más dispar.

Tras escuchar solo 14 segundos de las piezas musicales, tenían que responder a 6 preguntas sobre su percepción de la canción: si era para bailar, si expresaba amor, por poner un ejemplo.

¿Eres capaz de saber de qué trata una canción aunque no la entiendas? Bob Segarini

Aunque el panorama musical es rico y variado a escala planetaria y también podrían haber escogido nanas o canciones funerarias, el estudio se ha restringido a cuatro tipos. ¿Serán los oyentes capaz de discernir entre una temática u otra con tan solo unos segundos?

No necesitas entender la letra para saber que es una canción romántica

26.000 extractos después se demostró que da igual los instrumentos, la letra… La música trasciende todo y es capaz de transmitir el mensaje importante.

Como explica Manvir Singh, uno de los coautores del estudio a Daily Mail:

Hemos demostrado que nuestra psicología es común y produce patrones que trascienden nuestras diferencias culturales. Nuestras respuestas emocionales ante estímulos son similares independientemente de nuestra procedencia.

Este hallazgo es verdaderamente sorprendente porque la mayoría de la gente cree que la música es algo cultural, pero es que incluso entre el reino animal se respetan estos comportamientos: cuando un león ruge o un águila grita, suena hostil, lo oiga quien lo oiga. Pero, ¿pasa lo mismo con los humanos? La respuesta es sí.

El Dr. Samuel Mehr, coautor del estudio, enfatiza en este hecho:

A pesar de la diversidad y las influencias, nuestra naturaleza humana prevalece y esta toma las estructuras musicales básicas que van más allá de las diferencias culturales.

Más difícil todavía

En un segundo experimento, los investigadores pidieron a 1.000 usuarios de internet de Estados Unidos y la India que intentasen distinguir el número de cantantes, el género de estos y la cantidad de instrumentos de una serie de extractos musicales. Asimismo, se les instó a averiguar el tempo, el ritmo y otros parámetros musicales.

Viniendo de dos países culturalmente tan antagónicos, volvieron a encontrar similitudes entre parámetros musicales e instrumentos aplicados al objetivo de cada canción. Eso sí, las más sencillas de identificar eran las nanas infantiles y las canciones de baile.

Si piensas un poco en ambos estilos, deducirás que las canciones de fiesta son más rápidas, con una complejidad rítmica y melódica, que despiertan emociones como felicidad y excitación.

En el otro lado, las canciones de cuna son mucho más lentas, con una estructura simple y obviamente relevantes, al fin y al cabo se emplean para provocar somnolencia.

Hacia lo imposible

Pero, ¿es la música tan internacional como para sobrepasar incluso el aislamiento? En un tercer estudio, los investigadores planean repetir estas escuchas de fragmentos musicales variados, pero esta vez entre personas que viven aisladas, en pequeñas comunidades alejadas de grandes urbes.

Sea como sea, está demostrado que la música no entiende de fronteras, y una buena prueba de ello es Eurovisión. Aunque las votaciones sean otra historia.