Ni la Luna escapa al impacto del ser humano: podríamos estar contaminando pistas clave sobre el origen de la vida

Un nuevo estudio alerta sobre el impacto potencial de los gases liberados por los módulos de aterrizaje en el entorno lunar

Ni la Luna escapa al impacto del ser humano: podríamos estar contaminando pistas clave sobre el origen de la vida
El ser humano podría estar dejando una terrible huella en la Luna
Publicado en Ciencia

La exploración lunar está viviendo una nueva edad dorada. Agencias espaciales y empresas privadas llevan años enviando tecnología para estudiar este cuerpo celeste. Sin embargo, esta ansia científica parece estar teniendo un coste inesperado. Y no lo decimos nosotros, sino una investigación que afirma que los gases liberados por los motores de los módulos de aterrizaje podrían estar contaminando algunos de los lugares más valiosos del satélite para entender cómo surgió la vida en la Tierra.

La huella humana llega a la Luna

La investigación, publicada en la revista científica Journal of Geophysical Research: Planets, parece demostrar que más de la mitad del metano expulsado durante un alunizaje puede acabar depositándose en regiones polares extremadamente frías. ¿Qué sucede? Que estos rincones de la Luna son conocidos por preservar material químico antiguo de hace miles de millones de años.

Y llama mucho la atención la velocidad de este proceso. El estudio sugiere que las moléculas liberadas en el polo sur podrían alcanzar el polo norte en menos de dos días lunares, algo así como dos meses en la Tierra. Silvio Sinibaldi, ingeniero y experto en protección planetaria de la Agencia Espacial Europea, asegura en SciTechDaily que: "la Luna es un laboratorio natural propicio para nuevos descubrimientos, pero, paradójicamente, nuestra actividad puede en realidad obstaculizar la exploración científica".

Pero, ¿dónde es más evidente este problema? Parece que en los polos de la Luna hay cráteres que nunca reciben luz del Sol, siendo estos lugares extremadamente fríos, donde el hielo lleva acumulándose miles de millones de años. Ese hielo podría guardar restos químicos muy antiguos, llegados en su día a través de cometas y asteroides, y que están relacionados con el origen de la vida en la Tierra.

Sabemos que esas huellas se perdieron hace mucho en nuestro planeta, pero en la Luna, en cambio, esos restos podrían seguir allí, casi intactos. El problema es que esos mismos lugares actúan como trampas naturales. Los gases que expulsan las naves, como el metano de sus motores, también pueden quedar atrapados en esos cráteres helados y mezclarse con el material antiguo que los científicos quieren estudiar.

Para saber hasta qué punto esto puede ocurrir, los investigadores usaron simulaciones basadas en la futura misión lunar Argonaut. En ellas, recrearon cómo se movería el metano tras un alunizaje, teniendo en cuenta la radiación del Sol y el viento solar. El objetivo era comprobar si esos gases podrían acabar acumulándose en las zonas más sensibles de la Luna.

Los autores alucinaron con el resultado. En apenas siete días lunares, el equivalente a casi siete meses en la Tierra, más del 50 % del metano acababa atrapado en los polos. Y esto sucede porque la Luna carece prácticamente de atmósfera. Dado que no hay apenas moléculas con las que chocar, el metano se mueve a saltos, como una pelota rebotando en una habitación vacía.

Esto implica que no existen zonas seguras para alunizar sin contaminar otras. Aun así, no todo está perdido. Posibles soluciones serían elegir regiones más frías, rediseñar motores o estudiar si la contaminación se queda solo en la superficie del hielo. Por lo tanto, si la humanidad quiere entender sus propios orígenes mirando a la Luna, deberá hacerlo con mucho cuidado en las próximas décadas.

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