No es una piedra, es el pariente de los cocodrilos más anciano y espeluznante que hemos visto nunca
Los escáneres en 3D han servido para reconstruir el cráneo de una especie de hace 300 millones de años.
A medida que echamos la vista atrás en el tiempo, la historia de la Tierra es cada vez más difusa. La gran extinción de los dinosaurios tuvo lugar hace aproximadamente 65 millones de años, y aunque conservamos muchos restos de su paso por la Tierra, todos los años se descubren cosas nuevas. También conservamos fósiles y restos de períodos anteriores a los dinosaurios, pero normalmente su estado de conservación no le da a la ciencia mucho margen de maniobra para investigar. Hoy, por suerte, hablamos de una excepción.
Unos científicos de la Universidad Global de Londres (UCL) han conseguido reconstruir digitalmente el cráneo de un Crassigyrinus scoticus, un depredador acuático que pobló la Tierra hace más de 300 millones de años, durante el período Carbonífero. Es la primera vez que podemos hacer una aproximación más o menos certera de su aspecto, y todo gracias a unos fósiles que estaban particularmente bien conservados en la piedra.
El éxito de este experimento ha entusiasmado a la comunidad científica ya que normalmente los restos que conservamos de estos reptiles estaban triturados casi por completo. Sin embargo, algunos restos de este especímen (que actualmente se exhiben en el Museo de Historia Natural de Londres) estaban tan bien conservado que permitieron realizar un escáner en 3D de la estructura del cráneo y reveló algo que parecía... ¿un cocodrilo?

Un protococodrilo más bien, pero sí. Los escáneres de cuatro piezas fosilizadas revelaron un cráneo poco profundo, lo que es un indicativo de que el resto del cuerpo era alargado, con extremidades cortas. El símil más aproximado que tenemos hoy en día es el de un cocodrilo, aunque se cree que esta especie del Carbonífero tenía los ojos más grandes y la mandíbula algo más pequeña. Se estima que un ejemplar adulto tendría un tamaño de entre dos y tres metros.
Una hendidura en el cráneo llamó la atención de los investigadores
Sin embargo, hubo algo que llamó la atención de los investigadores. En la parte frontal del cráneo encontraron una pequeña hendidura, que podría ser la herencia evolutiva que presentan algunos peces actuales, un órgano en la cara para detectar pulsos eléctricos. Es parecido al órgano de Jacobson de las serpientes, el que utilizan para detectar sustancias químicas en el ambiente. La Dr. Laura Porro es una de las autoras principales del estudio, y en un comunicado oficial explicaba el misterio que presenta esta hendidura en el cráneo.
“Desafortunadamente, no podemos estar seguros de qué había en esta brecha porque no conservamos más fósiles, y no hay ninguna especie actual lo suficientemente relacionada con el Crassigyrinus como para poder compararlo. Lo que está claro es que estos animales tenían sentidos muy desarrollados, por lo que es lógico pensar que podrían haber desarrollado otro órgano sensorial en la parte delantera del hocico”
Al no tener más referencias es difícil saber a ciencia cierta cómo funcionaba el metabolismo de estas especies, pero está claro que los avances tecnológicos están siendo un ingrediente clave para los grandes descubrimientos arqueológicos de la actualidad.