Nuevo fracaso lunar: el módulo japonés se estrella y arrastra consigo un sueño europeo
La compañía japonesa ispace confirma la pérdida de contacto con su módulo lunar tras un fallo en el sistema de altitud
El sueño japonés de poner un pie, aunque sea de frío metal, en la superficie de la Luna ha vuelto a quedar destrozado. La empresa privada ispace ha reconocido que su módulo de aterrizaje Resilience probablemente se estrelló durante el descenso. Es el segundo intento fallido en apenas dos años y un recordatorio amargo de lo compleja que sigue siendo la conquista del satélite natural.
El módulo japonés Resilience se estrella en su segundo intento
Por desgracia, tenemos que contarte una mala noticia en relación con el módulo japonés que se enfrentaba a la difícil tarea de llegar a la superficie de nuestro satélite. El contacto se perdió este pasado jueves, durante la maniobra final de alunizaje. Tras varias horas de incertidumbre, la compañía confirmó este viernes lo que ya se temía: el descenso fue demasiado rápido, y todo apunta a que el módulo realizó lo que llaman con eufemismo un aterrizaje duro. En otras palabras, se estrelló.
El origen del problema parece estar en un fallo del sistema láser encargado de medir la altitud. Sin datos fiables de a qué altura se encontraba, Resilience no pudo frenar a tiempo. Takeshi Hakamada, CEO y fundador de ispace, asegura en el comunicado publicado por la propia compañía que: “dado que actualmente no hay perspectivas de un aterrizaje lunar exitoso, nuestra máxima prioridad es analizar rápidamente los datos de telemetría que hemos obtenido hasta ahora y trabajar diligentemente para identificar la causa”.
Y esta no es solo una derrota de Japón. El módulo llevaba a bordo el rover europeo Tenacious, equipado con cámara de alta definición y una pala diseñada para recoger muestras para la NASA. Pero además de tecnología, transportaba algo mucho más simbólico: una diminuta casa roja al estilo sueco, con tejado a dos aguas, marco blanco y puerta verde. Una obra del artista Mikael Genberg, denominada Moonhouse, que iba a colocarse sobre la superficie lunar como gesto poético: un hogar humano en otro mundo.

La esperanza de alcanzar la superficie de la Luna se quebró hace algunas horas
El módulo Resilience había despegado en enero desde Florida, a bordo de un cohete de SpaceX, y logró entrar en la órbita lunar en mayo. Sin embargo, la gloria se la llevaron otros: el módulo Blue Ghost de Firefly Aerospace, que compartía viaje, aterrizó con éxito en marzo, y pocos días después lo hizo también la nave de Intuitive Machines, aunque con un final algo dramático al deslizarse por un cráter.
Ambas compañías estadounidenses han conseguido lo que a ispace aún se le resiste: una llegada controlada a la superficie lunar. La apuesta nipona, aún así, sigue en pie. El plan de ispace contempla futuras misiones en 2025 y 2026, con nuevos módulos, más rovers y un objetivo muy claro: convertirse en referencia en logística lunar. Y es que en la exploración espacial, el margen de error es tan pequeño, que cada fallo es casi una sentencia de muerte.