Su nombre es Noorul Mahjabeen Hassan, aunque prefiere ser llamada Fractal Tetris Huracan, y lleva manteniendo una relación de algo más un año de duración con una máquina de Tetris, según explica el diario Metro. Las cosas van tan bien que incluso está planeando sentarse con sus padres y hablarles de la idea de contraer matrimonio.

Se conocieron allá por septiembre de 2016 y desde entonces han sido inseparables. De hecho, suelen pasar más de 12 horas al día viendo la tele, jugando juntos, navegando por internet… como cualquier otra pareja, también hay espacio para la intimidad. Según explica Fractal Tetris Huracan, obtiene placer con objetos temáticos del clásico juego.

Foto romántica de Tetris y Fractal Tetris Huracan. Metro

No obstante, como cualquier hijo de vecino, también le da gustito hacer líneas mientras juega con la máquina y despejar la pantalla. Su historia comenzó de la manera más inesperada posible: Noorul estaba jugando al Smash Run cuando oyó la inconfundible melodía del Tetris y le gustó cómo sonaba. Así que empezó a jugar y cada vez le gustaba más. Llegó un momento en el que solo pensaba en eso. En sus propias palabras:

Pienso que el Tetris es bonito, trata de perfección y estimula tu menta. Físicamente encuentro la misma satisfacción que obtiene la gente en las relaciones cuando encuentra a la persona adecuada. Lo amo y me siento satisfecha. Hay una gran conexión entre nosotros.

Su habitación está llena de objetos de Tetris: camisetas, cojines, imanes… La cosa va tan en serio que en cuanto Noorul se gradúe planea casarse con él en una ceremonia ante su familia y amigos. Para ella, no hay mayor muestra de compromiso que ser la señora de Tetris.

Pero Tetris no es su primera pareja: anteriormente mantuvo una relación de lo más intelectual con una calculadora que se truncó el día en el que estaban bañándose juntos y Pierre, que así se llamaba, nunca despertó. Falleció en el acto. Noorul se compró otra calculadora intentando sustituir a Pierre, pero ya no era lo mismo.

Con Pierre, la calculadora. Metro

Si recuerda su infancia, a Fractal Tetris Huracan le viene a la cabeza su primer amor: el GPS de Garmin del coche de sus padres. Siempre quería montarse en el vehículo y cogerlo entre sus brazos. Le seducía completamente su voz. Y el dilatado historial romántico de Noorul Mahjabeen Hassan encontramos otros objetos como monorraíles, iPods, osciloscopios o cintas de correr.

No, nunca se ha sentido atraída por una persona. Lo suyo son los objetos, pero no está sola en esto: la objetofilia es un trastorno más común de lo que pensamos. Una simple búsqueda en internet nos devuelve foros y grupos de apoyo en el que vemos personas como ella o Erika Eiffel, la mujer que se casó y divorció de la torre Eiffel, como explican en El Español.

Por cierto, fue ahora la ex-mujer de la Torre Eiffel la que creo la web Objectum Sexuality, un proyecto orientado a normalizar su filia y al mismo tiempo congregar a otros objetofílicos. Allí mismo podemos encontrar su argumentación:

No hay una definición de amor porque éste sentimiento tiene muchos niveles y cubre un amplio espectro. Aunque, teóricamente, cualquiera o cualquier cosa pueden ser amados. El amor no tiene reglas que requieran de un quién o un qué para expresar esta emoción, siempre que no cause daño, ni sea contra la voluntad de nadie (…) Claro que la pregunta todavía no está contestada para aquellos que creen firmemente que el amor debe tener una cierta reciprocidad, una relación. Naturalmente, si vemos los objetos como inanimados esto es complicado, aun cuando entre personas se dan casos de amor en una sola dirección –amor platónico o no correspondido–. Nosotros, sin embargo, comprobamos que los sentimientos son correspondidos y devueltos por el objeto elegido.

¿Qué es la objetofilia?

La objetofilia es una parafilia que presentan las personas que se enamoran de cosas llegando incluso a mantener una relación con ellas. Hemos leído la historia de Noorul Mahjabeen Hassan o de Erika Eiffel, pero de vez en cuando salen historias similares, como la que cuenta el Daily Mail de Amanda Whittaker y su relación a distancia con la estatua de la libertad, a la que se refiere como Libby.

Erika Eiffel y su ya ex marido, la Torre Eiffel. Vice

La torre Eiffel, la estatua de la libertad e incluso el ya inexistente Muro de Berlín tiene su su propia esposa, Eija-Riitta Berliner-Mauer, con la que contrajo matrimonio en los 70, según explica El País. Tanto la hemeroteca como internet está repleto de historias similares que te dejan con la boca abierta.

Después de todo, no es tan extraño. Muchas personas llenan ciertos vacíos comprando cosas porque simplemente les produce satisfacción ir acumulándolas y la transacción en sí misma. Y es que, a diferencia de los humanos, los objetos inanimados no decepcionan. Bueno, a no ser que se rompan en el peor momento. Pues los objetofílicos van un paso más allá.

Desgraciadamente y en opinión de expertos en psicología como Francisca Molero del Institut Clinic de Sexología de Barcelona, este tipo de trastorno suele asociarse a personas con escasas habilidades sociales que evitan con este tipo de relaciones que la otra parte de la relación les haga daño. Además, en algunos casos también puede haber traumas sexuales y abusos que producen un aislamiento y la búsqueda de afecto en objetos.