No lo hemos encontrado todo, aún: un nuevo descubrimieto saca a la luz una nueva especie de dinosaurio, de acuerdo con la revista científica Nature. Se trata de un animal encontrado en ámbar de Birmania que data probablemente de hace 99 millones de años. Podría tratarse del dinosaurio más pequeño de la era Mesozoica, o al menos el más pequeño conocido hasta ahora. Hablamos del Oculudentavis khaungraae; es parecido a un colibrí, pero incluso más pequeño.

El dinosaurio más pequeño, atrapado en ámbar

Oculudentavis khaungraae, el dinosaurio más pequeño de la era Mesozoica, que tiene dientes en el pico y cuyo tamaño es menos que el de un colibrí
Este nuevo dinosaurio rivaliza en tamaño con el Colibrí de abeja, el pájaro viviente más pequeño, que mide de 5 a 6 centímetros y pesa de 1,6 a 2 gramos

Realmente, no se trata del cuerpo al completo, sino solamente de su cabeza, cuyo cráneo mide solo 7,1 milímetros. Pero nos deja pistas muy impresionantes sobre este animal: tiene dientes en el pico, lo que indica que se alimentaba de animales ivertebrados, siendo un depredador (los pájaros diminutos modernos no se alimentan de insectos, sino de néctar, lo que marca una gran diferencia). En realidad, que posea dientes no es algo excepcional, pero sí inusual. El problema es que tiene más dientes de lo normal (tiene en torno a 100 dientes) y estos llegan hasta más atrás del pico. Pero, efectivamente, se ha encontrado otros ancestros de los pájaros modernos con dientes en su pico.

No tiene por qué necesariamente se el dinosaurio más pequeño de su época, pero que se haya conservado increiblemente bien es excepcional para un animal de tejido blando y tan pequeño. Podría haber habido otros incluso más pequeños pero que simplemente aún no hayamos encontrado algún fósil. En este caso, al haber sido encontrado en ámbar, se ha conservado extremadamente bien.

El Oculudentavis khaungraae se alimentaba presumiblemente solo de animales invertebrados

Este pájaro, cuyo estudio permitirá averiguar más pistas sobre los pájaros modernos, que tiene los ojos como un lagarto y la cabeza como la de un colibrí, probablemente vivía durante el día, o eso es lo que indica el pequeño tamaño de su pupila.

Extremanadamente bien conservado gracias al ámbar

El cráneo de 7,1 mm (14 milímetros de incluir el pico) fue analizado mediante luz de sincrotón. Esto es, un acelerador circular de partículas cargadas (como electrones), donde cada una de ellas produce radiación, produciendo ondas de radiofrecuencia. Se trata de una herramienta muy potente usada en muchos campos, y que puede ser usada para analizar este tipo de fósiles. Este método nos permite hallar imágenes de mayor resolución que otros métodos covencionales.

Cráneo del Oculudentavis khaungraae

Uno de los aspectos más interesantes revelados por este análisis es que la cuenca de los ojos tiene forma de cono, lo que revela que tenía una vista muy aguda, como la de los búhos; pero, a diferencia de ellos, miraban hacia los lados.

Debido a su tamaño, todo indica a que esta especie se formó dentro de alguna isla en el arco de Trans-Tethyan (donde posteriormente la India y Asia habrían colisionado). La miniaturización surge más comúnmente en entornos aislados, como sería el caso del Oculudentavis khaungraae. Es lo que se conoce como enanismo insular: a través de la evolución, y en entornos cerrados como las islas, los animales tienden a adaptarse a la limitación de recursos mediante la disminución de tamaño.

«Los animales que se vuelven muy pequeños tienen que lidiar con problemas específicos, como cómo encajar todos los órganos sensoriales en una cabeza muy pequeña o cómo mantener el calor corporal», explica el profesor Jingmai O’Connor de la Academia de Ciencias de China en Beijing a la BBC.

Animales de tejido blando en ámbar, el único método para descubrirlos

Debemos mucho al ámbar: ha mantenido en buen estado cientos de especies que no hubiésemos encontrado de ninguna otra manera

Por su naturaleza, los animales de tejido blando son muy raros de encontrar si no están fosilizados en ámbar. Por ello, este material supone una gran importancia en este sector de la ciencia. Si no fuera por la resina de árbol, probablemente muchas especies nunca hubieran sido descubiertas y tendríamos mucha menos información disponible para analizar. De acuerdo con Science Mag, solamente en 2018 se descubrieron 321 especies en la zoma de Birmania de un total acumulado de 1195.

El ámbar protege a los animales de la prudredumbre y de los hongos (que degradarían los cuerpos), por lo que es un método de conservación excelente. El método en el que se fosilizan los animales atrapados en ámbar es sencillo: la resina se filtra por los tejios, secándose y endureciéndose más adelante. «Los detalles a nivel celular o incluso subcelular aún se conservan», afirma Science.