Tu corazón se rompió en mil pedazos viendo Siempre a tu lado, Hachiko, pero no hace que nos vayamos tan lejos: cada día te levantas con un cabezazo de tu perro, que lo mismo te pone ojitos cuando estás comiendo que mientras en el baño leyendo esto desde tu smartphone. No sabes muy bien por qué, pero una cosa está clara: tu perro te quiere tanto o más de lo que tú lo quieres a él.

De algún modo, los perros han evolucionado para vivir alrededor de los humanos. De hecho, como recompensa por su extraordinaria labor a lo largo de su existencia e inagotable cariño, los perros nos han convencido para que los cuidemos como a un miembro más de la familia e incluso vayamos detrás de ellos a recoger sus excrementos calentitos en una bolsa de plástico.

Los perros han evolucionado para vivir alrededor de los humanos

La hipótesis inicial es que hace decenas de miles de años, los lobos comenzaron a merodear a los humanos para aprovecharse de los restos que estos dejaban atrás.

Como contrapartida, el hombre recibía a un fiel amigo, gran protector y mejor cazador. Mientras que los lobos más amigables recibían más sobras y gozaban del beneplácito de la tribu, los que eran peligrosos probablemente eran ahuyentados o incluso asesinados. Precisamente los primeros son los que parecen haberse convertido en lo que hoy conocemos como nuestros perros domésticos.

Los perros sienten nuestras emociones, los lobos no

Y es que hasta el momento había un hecho que confundía a los científicos, por ello han empleado tres años en intentar resolver el misterio: ¿cómo era posible que si criábamos a perros y lobos en similares circunstancias, los primeros eran mucho más atentos, cariñosos y dóciles?

Al parecer, según publica National Geographic, los perros pueden sentir nuestras emociones, no así los lobos.

Una cuestión muy sexy

Y es que da igual que estemos frente a un rottweiler que frente a un chihuahua, los perros nos quieren. La experta en comportamiento canino Karen Overall de la Universidad de Pennsylvania lo denomina "una cuestión sexy", por la atracción que despertamos en los cánidos.

En 2010, Overall en colaboración con otra experta en la materia llamada Monique Udell realizaron un estudio del genoma del perro y el lobo, y se dedicaron a identificar alteraciones en el gen WBSCR17 que sucedió durante la domesticación de nuestro fiel amigo. Cuando obtuvieron los resultados, los publicaron en Nature, pero tuvieron que retrasar sus avances por falta de fondos.

La conclusión inicial era contundente: el genoma humano y canino evolucionaron juntos. No obstante, por algo se dice que el perro es el mejor amigo del hombre. Pues bien, recientemente otro estudio ha corroborado estos estudios iniciales volviendo a apuntar a su ADN.

El genoma humano y el canino evolucionaron juntos, por eso los perros son más parecidos a nosotros de lo que pensamos

Y es que la bióloga Bridgett von Holdt de la Universidad de Princeton ha venido a respaldar esta teoría tras tres años de investigación con un estudio que ha culminado con un artículo publicado en la revista Science Advances.

En él se evidencia que existe una base genética por la cual el comportamiento de los perros es mucho más amigable que el de los lobos. Y es que, como apunta National Geographic, los perros son mucho más parecidos a nosotros de lo que pensamos.

El secreto se encuentra en la evolución genética que han sufrido ambas especies, en origen la misma. Si conoces un perro de esos que se va con cualquiera, siempre está dispuesto a darte la patita y emplea su cola como un arma de destrucción masiva, es bastante probable que en su estructura genética tenga variaciones en sus genes GTF2I y GTF2IRD1. Una alteración que en personas genera el síndrome de Williams, pero que en perros los convierte en seres hipersociables y amorosos.

Los perros más amorosos pueden sufrir lo que en humanos se conoce como el síndrome de Williams-Beuren

Estas conclusiones se obtuvieron tras analizar el comportamiento de 18 perros de diferentes razas y 10 lobos. En una de las pruebas, entrenaron a los animales para que abrieran una caja que contenía salchichas. Entonces, les pidieron que las abrieran en tres circunstancias diferentes: con un humano que les resultaba familiar cerca, con un desconocido y solos, sin personas alrededor.

En los tres escenarios, los lobos arrollaron en efectividad a los perros. Pero el margen fue aún mayor cuando los perros tenían que intentar abrir la caja con gente delante. Según apunta una de las investigadoras, no es cuestión de inteligencia:

No es que los perros no pudieran resolver el puzzle, es que simplemente estaban demasiado ocupados mirando a los humanos como para lograrlo.

Las diferencias genéticas respaldaban la teoría. Es decir, que la combinación de genética y comportamiento es la responsable de que aquellos lobos sean hoy unos perros dóciles y amorosos. No obstante, la evolución del perro sigue su curso, bien sea per se o por la modificación artificial que realiza el hombre cuando selecciona los especímenes que considera más adecuados para cruzarlos.