La ciencia es sabia, pero no puede dar respuesta a todas nuestras preguntas. Es en ese momento cuando entra en juego la filosofía y su intento por resolver nuestras dudas, desde la metafísica a la moral.

A pesar de su insistencia, la ciencia no ha logrado dar respuesta a dudas tan extendidas como la existencia de Dios

Así, los filósofos se atreven también a especular sobre cuestiones básicas de la existencia. Pese a sus ansias de conocimiento, la mala noticia es que hay que preguntas que parecen condenadas a permanecer sin contestación.

Preguntas filosóficas sin respuesta

Sí, aún con todos los avances que han ido surgiendo, todavía hay misterios que muy posiblemente nunca resolvamos. Vamos a hablar de ellos, ¿os atrevéis a reflexionar sobre esta siete dudas existenciales con nosotros?

1. ¿Por qué hay algo donde no debería haber nada?

Si comenzamos a reflexionar sobre nuestra existencia quizás esta sea una de las primeras preguntas que nos hagamos. El universo está formado por ciertos elementos y se rige por una serie de leyes pero, ¿por qué estas y no otras?

Sean Carroll, cosmólogo y profesor, asegura que "nada acerca de la física moderna explica por qué tenemos estas leyes en lugar de unas totalmente diferentes". La filosofía, por su parte, defiende el principio artrópico o, lo que es lo mismo, la idea de que nuestro universo es como es porque nosotros lo observamos de una determinada manera.

2. ¿Es nuestro mundo un mundo real?

Algunos se creen los reyes del mundo, pero puede que este mundo no sea real. Unsplash

Seguramente esta pregunta os recuerde a la famosa película Matrix. ¿Cómo sabemos que lo que nos rodea es verdadero y no una gran ilusión creada por una fuerza invisible? Esto es precisamente lo que sugiere René Descartes en su teoría del genio maligno.

La verdadera dificultad reside en la tarea imposible de determinar qué es real y qué no

Desde hace unos años, una nueva corriente ha comenzado a hablar del argumento de la simulación, que sostiene que somos producto de una simulación elaborada. En consecuencia, ¿la civilización responsable de nuestra "existencia" se encuentra también sumida en una simulación?

Siguiendo esta línea, sería lógico pensar que nuestros pensamientos y, por tanto, nuestra identidad, están orquestados por los creadores de nuestra simulación. En definitiva, se trata de cuestionar qué es verdaderamente real y qué no.

3. La existencia de Dios

En pocas palabras, no podemos saber si Dios existe o no. Tanto ateos como creyentes se equivocan al proclamar sus conclusiones definitivas. De esta manera, los únicos que tienen razón son los agnósticos, que reconocen los problemas epistemológicos y las limitaciones propias de la investigación humana.

No sabemos lo suficiente sobre el funcionamiento interno del universo y, en consecuencia, no estamos preparados para realizar grandes afirmaciones sobre la naturaleza de la realidad o para determinar si hay o no un gran Dios observando todos nuestros movimientos.

Muchas personas se remiten al naturalismo (la sugerencia de que el universo funciona de acuerdo con procesos autónomos), pero esto no excluye la existencia de una especie de "diseñador" que pusiera todo en marcha hace millones de años.

4. ¿Hay vida después de la muerte?

Esta es, sin duda, otra de las grandes preguntas que todos nos hemos hecho alguna vez. Según Sean Carroll, es imposible la existencia de cualquier cosa después de morir. De acuerdo a El Confidencial, "conocemos por completo las leyes de la física que subyacen a la vida cotidiana, y todo tiene que ocurrir en esos márgenes".

La unión entre nuestro cuerpo y nuestra conciencia hace imposible la vida después de la muerte

En la misma línea, Carroll defiende que para que hubiera algo después de la muerte, nuestra conciencia tendría que estar totalmente separada de nuestro cuerpo. Así pues, si la vida continuase tras la muerte, el campo cuántico habría revelado partículas y fuerzas espirituales.

Pese a la explicación de la ciencia, muchos escépticos continúan pensando que es posible cierto tipo de existencia tras la muerte. No podemos hablar con los muertos, así que parece que jamás tendremos una respuesta firme.

5. ¿Podemos ser objetivos?

Hay una gran diferencia entre intentar comprender el mundo de manera objetiva y experimentarlo a través de un marco exclusivamente objetivo. Este es esencialmente el problema: la idea de que nuestro entorno solo se puede observar a través del filtro de nuestros sentidos y de las cavilaciones de nuestras mentes.

Todo lo que sabes, todo lo que has tocado, visto y olido, se ha filtrado a través de tus propios procesos fisiológicos y cognitivos. Por esta razón, tu experiencia subjetiva del mundo es única.

El clásico ejemplo de este dilema es la apreciación subjetiva del rojo: la percepción del color puede variar de persona a persona. La única manera en la que uno podría saber si todo el mundo percibe los colores de la misma forma es observándolos desde el punto de vista de otra persona y compararlo, algo que, tristemente, es imposible.

6. ¿Cuál es el mejor sistema moral?

Uno de los grandes debates en la historia de la humanidad está relacionado con la visión del bien y el mal. Aunque muchos creen que ya han descubierto la mejor manera de evaluar las acciones humanas y establecer un código de conducta justo, la verdad es que están muy equivocados.

El mundo está compuesto por el bien y el mal, en cada rincón. Unsplash

La vida es demasiado desordenada y complicada para que haya algo como una moral universal o una ética absoluta. La regla de oro normalmente es: se debe tratar a los demás como te gustaría que te tratasen a ti. Sin embargo, esta premisa ignora cuestiones tan importantes como qué hacer con los criminales.

La moral es una parte esencial de nuestra psicología que no solo está influida por la cultura

Por otra parte, es una regla muy simplificada que no tiene en cuenta escenarios más complejos: ¿Es moral sacrificar a unos pocos para salvar a muchos? ¿Qué tiene más valor: un bebé humano o un gran simio en plena madurez?

Tal y como ha demostrado la neurociencia, la moral no solo está ligada a la cultura, sino que también es una parte fundamental de nuestra psicología. En suma, podría decirse que la moral es normativa, puesto que la familia, la sociedad, la religión o incluso nuestros amigos nos dicen qué está bien y qué está mal.

7. La libertad y el libre albedrío

El dilema del determinismo tiene que ver con el hecho de si nuestras acciones son controladas por una cadena causal de eventos anteriores o si somos verdaderamente entes libres de tomar decisiones de nuestra propia voluntad. Dicho de otra forma, ¿todo pasa por una razón o somos la razón de que todo pase?

Los filósofos han debatido sobre esta cuestión desde hace miles de años, pero no han conseguido extraer una conclusión definitiva. Si nuestra toma de decisiones está influida por una cadena sin fin de causalidades,el determinismo es verdadero y no tenemos libre albedrío.

Como veis, todas estas preguntas están condenadas a permanecer sin respuesta. Ante nuestras dudas existenciales, solo queda la opción de reflexionar y razonar vuestra propia opinión al respecto. Sea como sea, parece que nunca sabréis si tenéis razón o no.