Hoy venimos a contarte la impresionante historia de Zion Harvey, un niño de poco más de 10 años cuya vida ha cambiado por completo gracias a un trasplante de manos. De hecho, Zion ha sido el primer niño en ser sometido a una intervención de este tipo. Para que conozcas su historia, como no, debemos empezar por el principio.

Un duro y largo camino

Todo comenzó cuando el pequeño Zion tenía dos años de edad. Una terrible enfermedad denominada sepsis obligó a los médicos a amputarle ambas manos, así como partes de sus piernas. Pero, ¿en qué consiste esta enfermedad?

Como podemos leer en Hipertextual, llamamos sepsis a una patología que afecta al sistema inmunológico. Esta se produce por una respuesta desproporcionada del organismo ante un agente patógeno, como una bacteria. El resultado es una gran inflamación, que puede llegar a ser mortal si no se trata a tiempo. Por suerte, los médicos pudieron salvarle la vida al pequeño, aunque no sin secuelas.

Su enfermedad podía ser mortal

Sus riñones se vieron gravemente afectados, por lo que tuvo que recibir un trasplante para poder sobrevivir. Sin embargo, lo más duro daba comienzo tras todas las intervenciones. Zion debería aprender a vivir bajo su nueva condición, con sus dos manos amputadas y muchas dificultades que afectaban a su movilidad.

Gracias a los avances en la medicina y al trabajo de muchos especialistas, la vida de este niño ha cambiado totalmente. Casi 10 años después de la aparición de su enfermedad, se ha convertido en el primer niño en recibir un trasplante de manos.

¿Cómo lo han conseguido?

En una de sus revisiones, Scott Kozin y Dan Zlotolow, especialistas que en un primer momento debían encargarse de otorgarle unas prótesis al pequeño Zion, propusieron algo nunca realizado a un infante.

¿Podían realizarle un doble trasplante de manos? ¿Podrían así mejorar mucho más su calidad de vida? Estaba claro que la operación no iba a ser nada fácil. Deberían conectarse vasos sanguíneos, músculos y tendones, en una intervención que seguro duraría muchas horas. Su madre, Pattie Ray, dio el visto bueno.

Hicieron falta más de 10 horas y cerca de 40 profesionales

Comenzó entonces un largo proceso en el que, durante meses, los médicos se dedicaron a estudiar diferentes modelos, para poder escoger al donante más adecuado para Zion. Para ello, se ayudaron de aparatos como impresoras 3D, con las que creaban distintos moldes.

La intervención se realizaría en julio del pasado 2015, en el Hospital Pediátrico de Filadelfia. Esta duró más de 10 horas, y un total de casi 40 profesionales participaron en ella. Todos los detalles del procedimiento han sido publicados en la revista The Lancet Child & Adolescent Health.

Para comprobar cómo de exitosa resultó la operación sólo hay que echar un vistazo a algunas de las conclusiones reflejadas en el trabajo, publicado casi 2 años después:

Tras 18 meses desde el trasplante, es capaz de escribir y comer, asearse y vestirse mucho más independientemente de lo que nunca lo había hecho.

Por lo tanto, podemos decir sin ninguna duda que la intervención fue realmente exitosa, y que la calidad de vida de Zion Harvey ha aumentado notablemente. En el vídeo que te dejamos a continuación puedes ver cómo ha sido todo el proceso de recuperación del pequeño, desde la compleja operación hasta la actualidad.

Su cuerpo no se lo puso fácil

Sin embargo, no todo ha sido bueno, y Zion ha experimentado algunos episodios de rechazo de los dos miembros trasplantados, así como infecciones. Estos fueron adecuadamente tratados mediante medicamentos inmunosupresores y antibióticos.

Además, las redes neuronales sensitivas también tenían mucho trabajo por delante. ¿Qué significa esto? En un trasplante no sólo deben conectarse vasos sanguíneos y músculos, sino también nervios, y es ahí donde reside una de las mayores complicaciones.

Su cerebro debía adaptarse

El cerebro y los nervios deben conectarse

Recuperar el sentido del tacto es algo esencial, pero también es un proceso muy complejo. El cerebro del pequeño debía reconocer su nueva extremidad, y tenía que interpretar adecuadamente toda la nueva información que de él le llegaba. Por suerte, Zion ya manejaba todos estos aspectos perfectamente apenas 6 meses después de la intervención.

El sentido del tacto no era lo único que debía recuperar. La movilidad también se encontraba muy reducida, ya que los impulsos que llegaban desde su cerebro perdían mucha fuerza por el camino. Gracias a la rehabilitación, Zion mejora cada día.

Nos encontramos ante una muestra de lo mucho que puede lograr la medicina actual. El trabajo durante años de muchos médicos e investigadores ha conseguido cambiar totalmente la vida de un niño, mejorando enormemente su calidad.