Realmente no estamos solos en este inmenso e infinito universo. La realidad es que alrededor de nuestro planeta suceden tantas cosas que sería imposible hablar de soledad. Planetas, galaxias, estrellas, agujeros negros, materia, antimateria, materia oscura, meteoros y un sinfín de componentes, hacen de nuestro barrio sideral una tienda con sus estanterías completamente llenas.

¿Encontraremos una Tierra gemela y la visitaremos?

La única pega en la gran cuestión de si estamos solos, hablando de otras formas de vida. No es la simple cuestión de conocer otros posibles planetas que cumplan las características de habitabilidad, sino que éstos se encuentren en un radio de viaje posible. ¿Quieres embarcarte en un viaje interestelar con dirección Ross 128b?

El proceso del descubrimiento

No seré yo quien te diga lo complicado que es realizar este tipo de hallazgos, incluso en una era de tecnología tan avanzada como la nuestra. El caso del que te voy a hablar a continuación tiene como protagonistas, gracias a la información publicada por 20minutos, a astrónomos del Instituto de Planetología y Astrofísica de Grenoble, en Francia.

Sin embargo, a pesar de la incuestionable profesionalidad de los mismos, sus ojos no tienen la capacidad de ver años luz en la oscuridad del espacio. El segundo protagonista es inerte, pero sumamente interesante. Te estoy hablando del HARPS. Estas siglas esconden un instrumento, espectógrafo en este caso, muy preciso que posibilitará la tarea de encontrar planetas alrededor de otras estrellas, tal y como aseguran desde la página oficial de la ESO, el Observatorio Europeo Astral. Pero, ¿qué es un espectógrafo?

El HARPS es básicamente una cámara acoplada a un telescopio

El aparato anteriormente mencionado tiene por nombre HARPS, cuyas siglas significan High Accuracy Radial Velocity Planet Searcher, que traducido podría leerse como el Buscador de Planetas de Velocidad Radial de Alta Precisión, como bien indican en su página web oficial. Estamos hablando de un espectógrafo, es decir, un artefacto instalado en el telescopio de 3,6 metros de la ESO y diseñado para separar la luz en diferentes espectros y, posteriormente, grabar la señal utilizando una cámara.

Ross 128b

Hablando ya del planeta que nos ocupa, éste se encuentra a una distancia no tan lejana, como podría parecer si realizamos los cálculos necesarios. Tan sólo 11 años luz nos separan de su órbita. Dicho planeta posee su propio sol, tal y como podemos leer en las últimas informaciones aparecidas en National Geographic, en este caso una enana roja, llamada Ross 128, que le provee de la energía y el calor necesarios para albergar la tan deseada vida extraterrestre.

¿Podremos encontrar vida en Ross 128b? National Geographic

Las condiciones climáticas del planeta aún no están del todo claras, pero gracias a los datos recabados por El Mundo, las temperaturas podrían oscilar entre los 60º negativos y los 20 grados centígrados positivos, aunque esto son simples estimaciones, según declara Felipe Murgas, científico del Instituto de Astrofísica de Canarias, al propio diario.

Ross 128

La estrella sobre la que orbita el planeta investigado fue descubierta, también, por el mismo aparato, el HARPS, que está instalado en el telescopio chileno. En el año 2005 se descubrió, en este 2017 se halló el primer planeta a su alrededor y quien sabe si dentro de unos años más planetas aparezcan rodeando su ardiente superficie, en una danza cósmica.

Cabe recordar que esta estrella ya fue protagonista, hace meses, de una extraña trasmisión. Corría el mes de julio de este año y distintos medios, como es el caso de la BBC, se hacían eco de curiosas y desconocidas señales captadas en el famoso Observatorio de Arecibo, en Puerto Rico.

El SETI puso punto y final al misterio de las señales

Finalmente, tuvo que ser el SETI, siglas para Search for Extraterrestrial Intelligence o Búsqueda de Vida Extraterrestre, quien pusiera orden en el misterioso asunto. La explicación más lógica, obtenida del medio digital Revista Año Cero, que no por eso ha sido contrastada en su totalidad, es la que dice que las señales captadas provenían de un satélite artificial situado en una órbita muy alta.

Futuras implicaciones

A pesar de ser un paso adelante, este descubrimiento resulta prácticamente imposible, al menos con nuestra tecnología actual, y no hay manera aún de poder comprobar in situ las bondades de dicho planeta. Utilizando nuestra sonda más veloz, que como bien indican desde la sección de ciencia de El Mundo, es la Voyager 1, tardaríamos 200.000 años en recorrer la distancia que nos separa de Ross 128b.

Imagen del acercamiento de New Horizons a Plutón. Naukas

Estamos hablando de alcanzar velocidades cercanas a los 60.000 kilómetros por hora en todo el trayecto. Si hablamos de naves, la New Horizons tardaría un poco más, tan solo 250.000 años sería la duración del trayecto estimado a una velocidad constante de 47.000 kilómetros por hora.

Esperaremos pacientemente a los parientes lejanos, a años luz

Como puedes ver, los descubrimientos de este tipo de planetas nos ayudan a comprender más acerca de cómo se formó la vida en el nuestro y las condiciones necesarias para que ésta se de en otros rincones del universo. Aún queda muy lejos, quizás nunca, el día en que podamos visitar a nuestros hermanos estelares.