El mundo de los dispositivos inteligentes, y de aquellos aparatos que nos hacen la vida más fácil, está divido en dos partes claramente diferenciadas. Por un lado tenemos aquellos productos que sirven, por encima de todas las cosas, para que nuestro ego tecnológico se encuentre perfectamente alimentado.

Sin embargo, existe un segundo grupo de dispositivos que merece la pena conocer en profundidad, ya que han salido de laboratorios a partir de ideas que buscan mejorar la relación entre nuestra especie y la tecnología. ¿Quieres conocer un diminuto sensor que podría cambiar la forma en que nos alimentamos?

Más allá del MIT

Seguramente, si te pido que me nombres una universidad norteamericana ubicada en el estado de Massachusetts, lo primero que aparece en algún rincón de tu mente sea el famoso MIT, el Instituto Tecnológico de dicho estado. Sin embargo, como podrás imaginar, existe vida más allá de este conocido instituto. Y es precisamente una de esas universidades la que nos ha sorprendido con un pedazo de tecnología ciertamente interesante. ¿Quieres saber de qué universidad estamos hablando?

Desde 1898 la Universidad de Tufts es un referente en estudios de ingeniería

La Escuela de Ingeniería de Tufts es una universidad fundada en el año 1898. Su misión, como bien indican en su página web, consiste en ofrecer a los estudiantes una formación rigurosa en ingeniería que aúne recursos tecnológicos e intelectuales.

La universidad de Tufts ofrece multitud de grados relacionados con la ingeniería. Tufts University

Su campo de actuación se abre en tres ramas fundamentales de la ingeniería. Por un lado, encontramos la Ingeniería para la Salud Humana, donde se estudian problemas en biomedicina o bioinformática. Una segunda parte de su ámbito de actuación sería la Ingeniería para la Sostenibilidad, que buscaría estudiar el cambio climático o las energías alternativas. Por último, la Ingeniería para las Interfaces Humanas/Tecnológicas estudia aspectos que veremos a continuación como la utilización de sensores o la robótica y la cognición.

Una investigación dental

Gracias a la información que hemos podido recopilar del medio de comunicación online EurekAlert, tenemos constancia del éxito de una investigación relacionada con la monitorización de los alimentos que consumimos. La curiosidad de este estudio se encuentra en que el sensor, que es el dispositivo principal, se ubica en los dientes de la persona que quiere ser estudiada. ¿Quieres conocer más detalles del mismo?

Este es el aspecto del sensor. Tufts Now
Conocer qué componentes se encuentran en nuestra comida o bebida ya es posible

Uno de los objetos de la investigación, como hemos podido leer en la noticia publicada dentro del blog de la propia universidad de Tufts, es conocer de manera casi inmediata distintos parámetros cuando se ingieren alimentos o bebidas. El sensor, que se coloca en uno de los dientes, permite transmitir información acerca de la glucosa, sal o alcohol recientemente ingeridos.

No es la primera vez que se utilizan sensores ubicados en la boca, aunque sí parece ser la primera vez en que los mismos tienen un tamaño perfecto para pasar casi desapercibidos. Únicamente podrían confundirse con un trozo de lechuga de esa ensalada tan buena que acabas de comerte. El dispositivo ocupa el tamaño de un cuadrado de dos milímetros de lado, que se adapta perfectamente a la superficie irregular del diente.

Tres capas componen el pequeño y tecnológico sensor

Dentro de ese minúsculo sensor se encuentran tres capas bien diferenciadas. La capa central está dedicada a la biorrespuesta, que se encarga de absorber los nutrientes necesarios para poder obtener datos precisos. Incluso puede cambiar de color, en función del tipo de componente con el que haga contacto. Las otras dos capas, que se encuentran encima y debajo de ésta, tienen como función generar y transmitir la información, como si de una antena convencional se tratase.

Las posibilidades de este sensor son muy amplias. En palabras de uno de los autores de la investigación, Fiorenzo Omenetto:

En teoría, podemos modificar la capa de biorrespuesta para buscar otros productos químicos, con lo que solamente estamos limitados por nuestra creatividad. Hemos extendido la tecnología RFID común a un sensor que puede, dinámicamente, leer y transmitir información de su entorno, ya sea fijado en un diente, en la piel o en cualquier otra superficie.