Un revolucionario implante en el cráneo podría ser la clave para encontrar la cura del párkinson
La primera intervención en humanos ha sido un éxito y se esperan operaciones en 25 pacientes más antes de que acabe 2023.

Los avances tecnológicos cada vez están aportando un mayor valor al campo de la sanidad. El progreso en este campo ha conseguido avances increíbles en técnicas sanitarias y en el desarrollo de equipamiento láser o prótesis complejas. En este caso hablamos de otro ejemplo de harmonía entre tecnología y sanidad, ya que un hospital británico ha conseguido instalar un chip cerebral que en pruebas con humanos contrarresta los efectos del párkinson.
De momento el procedimiento sigue sin poder coronarse como "la cura contra el párkinson", pero el primer experimento en humanos ofrece resultados muy esperanzadores. El procedimiento consiste en introducir en el cráneo un diminuto dispositivo de estimulación cerebral que anula los patrones anormales de activación de las células cerebrales causados por el párkinson. Tony Howells es el primer hombre que se ha sometido a la operación y recientemente ha contado su experiencia a la BBC.
"Antes de la operación salí a caminar y apenas era capaz de andar los 200 metros, tenía que regresar al coche porque podía casi moverme. Luego, después de la operación, que fue 12 meses después, volví intentar el mismo recorrido y superé la barrera de los 4km. ¡Y aún podría haber seguido, fue increíble!"
Howells se operó en 2019 en un hospital de Bristol y desde entonces su experiencia con el implante le ha cambiado al vida. Tras estos años de seguimiento, los científicos del hospital creen que este nuevo método podría ser la base para controlar y contrarrestar los efectos del párkinson. La enfermedad tiene diferentes intensidades y no es igual para cada paciente, pero desde luego estos descubrimientos apuntan hacia el buen camino.
El chip es capaz de corregir los impulsos nerviosos y conterrestar los efectos de la enfermedad
La mayoría de las personas afectadas por la enfermedad desarrollan síntomas cuando tienen más de 50 años, pero aproximadamente el 5% de los pacientes experimentan síntomas por primera vez cuando tienen menos de 40 años. Hasta ahora el método más tradicional para tratarlo (que no curarlo) era el de implantar una batería enorme en el pecho, con cables que pasan por debajo de la piel hasta la parte superior de la cabeza.
Ahora, el procedimiento permite instalar un dispositivo directamente en el cráneo, sin cables. Los resultados conseguidos con el caso de Howells han permitido que 25 pacientes más entren en lista de espera y se estima que todos puedan ser intervenidos antes de que acabe 2023. Si los resultados llegan de nuevo a buen puerto quizá el procedimiento pueda empezar a llevarse a cabo en hospitales de todo el mundo.