Un tambor de bronce de 2.000 años revela una práctica cultural en la antigua China
Las labores agrícolas en una parcela de la provincia china de Yunnan han sacado a la luz un imponente tambor de bronce de la dinastía Han Oriental. Este pesado objeto ceremonial, decorado con sapos esculpidos y motivos solares
La jornada de trabajo de Wang Deqiang se interrumpió abruptamente cuando su arado topó con una masa sólida bajo la tierra. Este campesino, que cultivaba sus parcelas en la aldea de Wenxing, en la provincia meridional china de Yunnan, frenó en seco su labor al percatarse de la extraña naturaleza del obstáculo. Lejos de ser una simple roca, la tierra ocultaba un pesado objeto metálico que había permanecido inalterado durante casi dos milenios.
Tras limpiar la superficie del hallazgo, el agricultor avisó de inmediato a las autoridades locales. Los expertos del Instituto Provincial de Reliquias Culturales y Arqueología de Yunnan confirmaron rápidamente la magnitud histórica del descubrimiento, según detalla el portal especializado Interesting Engineering. Se trataba de un tambor de bronce fundido perteneciente a la dinastía Han Oriental, un periodo histórico comprendido entre los años 25 y 220 de nuestra era.
El simbolismo de los sapos y el sol
El artefacto ha sido catalogado como una pieza ceremonial de incalculable valor, lo que descarta su uso como un simple instrumento musical. La reliquia presenta un estado de conservación excepcional, con unas dimensiones que alcanzan los 58,5 centímetros de diámetro en su parte superior y un peso total en torno a los 15 kilogramos. Los especialistas ya han trasladado la pieza al Departamento de Gestión de Reliquias Culturales del condado de Weixin.
El diseño del tambor refleja la avanzada técnica de fundición de las antiguas civilizaciones del suroeste asiático. En el centro exacto de la membrana metálica destaca un imponente motivo solar de doce puntas, un emblema recurrente en las culturas de la región. Este núcleo brillante aparece rodeado por bandas concéntricas que exhiben patrones lineales finamente tallados en el bronce.
El perímetro de la pieza está flanqueado por cuatro sapos esculpidos de unos siete centímetros, distribuidos de forma perfectamente simétrica. En la cosmovisión de estos pueblos antiguos, el anfibio representaba un poderoso símbolo de fertilidad y abundancia agrícola. Asimismo, la estructura cuenta con dos pares de asas planas decoradas con motivos de cuerdas, diseñadas para facilitar su transporte durante las ceremonias.
La excavación del foso donde reposaba el tambor arrojó datos clave sobre las prácticas espirituales de la época. Los investigadores hallaron marcas en el fondo del agujero que coincidían con las figuras de los sapos, lo que demostró que el objeto había sido enterrado deliberadamente bocabajo. A todas luces, esta orientación invertida no responde al azar ni a un accidente geológico.
Los arqueólogos sostienen que esta disposición formaba parte de un complejo ritual de conexión con la naturaleza. Al colocar el instrumento de esta manera, los oficiantes buscaban verter metafóricamente sus oraciones directamente en las entrañas de la tierra, con el propósito de rogar por buenas cosechas.
La zona del hallazgo parece haber sido un epicentro de actividad religiosa en la antigüedad. A escasos 25 metros de este punto, las autoridades ya habían desenterrado otro tambor de bronce de características similares en 1980. Décadas de explotación agrícola y desarrollo de infraestructuras habían borrado casi cualquier rastro de aquel primer descubrimiento.
Pese a la extrema cercanía entre ambas piezas, los investigadores descartan que formen parte de un mismo complejo funerario. La ausencia de otros artefactos o restos humanos en las inmediaciones sugiere que ambos tambores se depositaron de manera independiente como ofrendas rituales aisladas. En estos momentos, la pieza actual se encuentra bajo un exhaustivo proceso de conservación antes de su inminente traslado a un museo estatal.