Una especie de ave utiliza códigos de barra para rastrear sus escondites repletos de comida

Los secretos de la memoria de estos animales se descubren en un reciente estudio

Una especie de ave utiliza códigos de barra para rastrear sus escondites repletos de comida
Imagen del ave conocida como carbonero
Publicado en Ciencia

Las aves son uno de los animales más extendidos a lo largo y ancho del planeta. Tenemos registros de su inclusión entre las especies con la mayor esperanza de vida y entre los animales más inteligentes del mundo. Sin embargo, poco sabíamos hasta la fecha de su capacidad de memorización y del funcionamiento de sus cerebros. Ahora, una especie en concreto nos invita a explorar su mente.

La memoria de los carboneros

El carbonero de capucha negra es el ave endémica de América del Norte que protagoniza esta noticia y un reciente estudio publicado en el medio Cell. Hablamos de un pájaro que es capaz de identificar sus escondites de comida como si fuesen códigos de barra, a través de la activación de distintas neuronas en su cerebro.

Esto es lo que habitualmente se identifica como memoria episódica y que es muy complicado de medir en animales. Sin embargo, gracias al carbonero, un equipo de científicos ha podido estudiar la manera en que estas aves son capaces de grabar en su hipocampo un recuerdo, como sería el caso del lugar donde guardan sus provisiones.

Para realizar este estudio, los científicos han llevado a cabo un experimento en el que se ha colocado a un carbonero de capucha negra en un entorno compuesto de 128 lugares para poder esconder comida, tal y como puedes ver en el vídeo que te mostramos bajo estas líneas.

A través del seguimiento de la actividad cerebral de cinco ejemplares de este pájaro, los investigadores han podido establecer la manera en que su cerebro organiza los recuerdos acerca de los escondites de comida.

En el momento en que las aves guardan o sacan alimentos de uno de los escondites, un conjunto de neuronas, que corresponde a un 7% del total de neuronas del hipocampo, se activa brevemente. Lo realmente sorprendente es que cada escondite parece activar un conjunto diferente de neuronas, como si de un código de barras neural se tratase.

Una de las posibles explicaciones a esta actividad cerebral lleva por nombre engrama, es decir, una estructura de interconexión neuronal estable, aunque aún serán necesarias muchas más horas de investigación para corroborar esta sospecha. Lo que sí parece seguro es que estas neuronas parecen trabajar en conjunto con aquellas responsables de ofrecer al animal su posición, que se cree que podrían ser fundamentales para la memoria episódica.

Además, parece que también existe el denominado 'código semilla', por el que algunas neuronas codifican la presencia o ausencia de comida en un escondite. El conjunto de estos tres patrones neuronales intriga a neurocientíficos como Thomas McHugh, que también ha participado en el estudio, ya que sugiere que descubrir cómo es la interacción entre ellos podría ser clave para entender el funcionamiento de la memoria.

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