Unas huellas de dinosaurios de hace 132 millones de años están a punto de resolver un "período oscuro" de la historia

El descubrimiento de varias huellas de dinosaurio de 132 millones de años en acantilados sudafricanos de cinco metros permite cerrar un vacío en el registro fósil y confirmar que estos animales sobrevivieron

Unas huellas de dinosaurios de hace 132 millones de años están a punto de resolver un "período oscuro" de la historia
Huellas de dinosaurio sobre una roca con millones de años de antiguedad
Publicado en Ciencia

La costa del Cabo Occidental, en Sudáfrica, ha desenterrado un secreto oculto bajo la roca durante millones de años. Un grupo de investigadores ha localizado un conjunto de huellas de dinosaurio que, según los análisis preliminares, tienen una antigüedad de 132 millones de años. Este hallazgo, situado en la Formación Brenton, representa un hito para la paleontología regional al tratarse de los rastros más jóvenes de estos animales jamás registrados en el sur del continente africano.

En este sentido, el descubrimiento no solo destaca por su cronología, sino por lo que revela sobre la resiliencia biológica en condiciones extremas. Las pisadas demuestran que los dinosaurios prosperaron tras las erupciones volcánicas que devastaron la zona hace 182 millones de años. Hasta la fecha, el registro fósil presentaba un vacío desconcertante, una especie de página en blanco que impedía comprender el destino de la fauna tras aquel cataclismo de lava y ceniza. Este tipo de resistencia biológica ofrece un paralelismo fascinante con otros eventos de extinción masiva, como cuando el Sol se convirtió en una bestia ardiente hace 250 millones de años, alterando drásticamente la vida en la Tierra.

Por otro lado, los científicos han conseguido reconstruir un periodo de casi 50 millones de años gracias a este nuevo yacimiento. Según recoge la publicación especializada South African Journal of Science, este capítulo recuperado de la historia geológica permite asomarse a un ecosistema que se resistía a ser documentado por el paso del tiempo. Se confirma así que la vida, pese a las hostilidades del clima y la geología, se abrió paso con determinación en el extremo meridional de África.

El enigma de los autores de las huellas

Asimismo, las labores de prospección han identificado unas dos docenas de huellas impresas en acantilados costeros que alcanzan los 4,8 metros de altura. La tarea ha resultado compleja debido a la orografía abrupta y a la erosión incesante del litoral sudafricano, que amenaza constantemente con borrar estas marcas del pasado. Pese a las dificultades, la nitidez de los rastros es suficiente para generar un debate vibrante entre los expertos de todo el mundo.

No obstante, la controversia científica actual se centra en la identidad de los autores de estas pisadas prehistóricas. Los investigadores dudan si los rastros pertenecen a los conocidos terópodos, de naturaleza carnívora, o a los ornitópodos, un grupo de herbívoros que también habitaba la región. Aunque la morfología ofrece indicios sugerentes, la comunidad académica prefiere mantener una cautela estrictamente profesional antes de emitir un veredicto definitivo sobre la especie exacta.

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De igual modo, conviene recordar que este rincón de Sudáfrica guarda un vínculo estrecho con los hallazgos fortuitos de gran valor científico. Ya en el año 2017, un niño localizó un diente de terópodo en las inmediaciones de Knysna, lo que disparó las sospechas sobre la riqueza oculta de este estrato geológico. Aquel pequeño indicio ha culminado ahora en una evidencia mucho más contundente sobre la presencia continuada de estos gigantes en el territorio. El hallazgo de restos físicos tan concretos alimenta la esperanza de encontrar especímenes mejor preservados, similar al caso de una especie extinta que quizás puedan resucitar gracias a su excelente estado de conservación.

Finalmente, los pormenores del estudio sugieren que la Formación Brenton es solo la punta del iceberg. Los paleontólogos confían en que las próximas expediciones aporten más luz sobre la cotidianeidad de los grandes saurios antes de su desaparición definitiva. De momento, estas veinticuatro pisadas son el testimonio mudo, pero elocuente, de una fauna que se negó a ser olvidada por la historia.

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