Empresa diseña un sistema de alerta contra misiles enemigos: pronto equipará a más de 20 naciones de todo el mundo
El Departamento de Defensa de Estados Unidos acelera el despliegue de su nueva arquitectura orbital diseñada para detectar y rastrear proyectiles de última generación. La entrega de una nueva flota de plataformas satelitales
La carrera por el dominio del espacio exterior ha entrado en una fase crítica. El Pentágono dio este martes un paso decisivo en su estrategia de defensa orbital con la recepción de una nueva remesa de tecnología punta. El objetivo no es otro que garantizar que ningún proyectil enemigo, por veloz que sea, logre eludir la vigilancia de las fuerzas estadounidenses.
La compañía Terran Orbital completó el envío de diez plataformas satelitales a Lockheed Martin. Estas unidades se integrarán en la infraestructura de seguridad nacional de Estados Unidos, consolidando un sistema de alerta temprana ante posibles ataques. No se trata de una actualización menor, sino de un cambio de paradigma en la protección del espacio aéreo y orbital.
Tecnología de precisión contra la amenaza hipersónica
El despliegue se enmarca en la denominada Arquitectura Espacial de Combatientes Proliferados (PWSA). Esta red de dispositivos en órbita baja busca anular la ventaja estratégica que suponen los misiles hipersónicos. Estos proyectiles, capaces de maniobrar a velocidades extremas, representaban hasta ahora un desafío casi insuperable para los radares convencionales de superficie.
Según detalla el portal especializado Interesting Engineering, estas unidades forman parte de la capa de transporte de primer tramo (T1TL). Este estrato tecnológico constituye el sistema nervioso de la defensa norteamericana, al permitir una conectividad de datos global con una latencia mínima. De este modo, la información sobre cualquier lanzamiento detectado llega a los centros de mando en apenas unos segundos.
Con esta última entrega, Terran Orbital suma ya 42 plataformas desarrolladas para este proyecto. La clave de este sistema reside en su naturaleza "proliferada". En lugar de confiar la seguridad en unos pocos satélites de gran tamaño, el Departamento de Defensa apuesta por una constelación masiva de dispositivos ágiles. Si una unidad sufre un percance o resulta atacada, la red mantiene su operatividad sin interrupciones.
La ubicación de estos sistemas en la órbita terrestre baja (LEO) resulta fundamental. Al operar a menor altura, los sensores infrarrojos de última generación captan con mayor nitidez el calor de los motores de los misiles desde su ignición. Esta proximidad mejora la resolución y reduce drásticamente los tiempos de respuesta frente a los sistemas tradicionales situados en órbitas más elevadas.
Washington busca así cerrar la brecha de seguridad frente a potencias como Rusia o China. La incorporación de comunicaciones láser permite que los datos circulen por el espacio sin necesidad de estaciones terrestres intermedias. Este avance acelera la toma de decisiones en escenarios de combate real y redefine la disuasión militar en pleno siglo XXI.