Echando la vista atrás, parece que solamente desde que llegó Tesla se ha creído en los automóviles eléctricos. Sin embargo, hubo una vez, hace unos años, que llegaron a ser valorados como una alternativa viable.

Más que una opción más del mercado, se creyó, de ahí la alocada historia que se cuenta a continuación, que podrían ser un riesgo para la conducción tradicional.

Por aquel entonces, los vehículos diésel comenzaban a tejer su creciente demanda mientras que la gasolina ya tenía garantizado su beneficio para los próximos años. ¿Qué podría ir mal en la década de los noventa? La irrupción de algo más eficiente era lo más temeroso para la industria.

La conducción eléctrica quedó relegada a un segundo plano por intereses económicos

Sí, los vehículos eléctricos hace ya más de 2 décadas que podrían estar entre nosotros, ¡hasta tú podrías tener ahora uno con cientos y cientos de kilómetros de autonomía!

General Motors trazó un proyecto para producir un modelo único adelantado a su tiempo. Lo consiguió pero, ¿a qué precio? De aquí en adelante te mostramos qué es lo que hay detrás de una creación llena de misterios y secretos que dieron lugar a la desaparición de un mito.

GM EV1, el proyecto que no dejaron crecer en la movilidad

La década de los ochenta fue de expansión máxima tras la crisis del petróleo de mediados de los setenta. La producción mundial de vehículos creció exponencialmente durante esta etapa y el consumo de combustible sufrió un boom.

Ante esta situación, a sabiendas de que el cambio climático no era una amenaza palpable como lo es hoy, no se entendía eso de tener una mentalidad ecofriendly. Bloques V8, de gran cilindrada y sin controles de emisiones era lo más típico de ver por aquel entonces.

Así, en estas situaciones, ¿quién se iba a fijar en un vehículo eléctrico con un diseño al que era difícil de acostumbrarse? Se decía que era para mejorar el coeficiente aerodinámico, pero por aquel entonces se preferían alerones y llantas bien molonas.

General Motors inició su producción en 1997 y tan solo 2 años después, canceló su línea de fabricación. Aún así, salieron a la calle un total de 1.117 unidades, tal y como detalla el portal Híbridos y Eléctricos.

Los medios de comunicación se hicieron eco de sus cualidades. Tanto es así que fue publicado hasta un documental en el que se detalla cómo fue todo el proceso de vida del EV1 y su actualización un año después. Su nombre, curiosamente, fue ¿Quién mató al coche eléctrico?, una declaración de intenciones de lo que ocurrió.

Por qué más de uno tuvo miedo de perder mucho dinero con este automóvil

El EV1 era la prueba que faltaba a la industria para demostrar que un cambio de tecnología era posible. La contaminación, pese a que se miraba con desdén desde la lejanía, sí que se apreciaba que en el futuro se sufrirían las consecuencias de tanta combustión interna.

Fue un proyecto avalado por todo tipo de entes públicos y privados pero, aún así, todo quedó reducido a un amasijo de hierros del que más tarde se hablará. ¿Por qué tuvo un final tan inesperado y a la vez temido? Un cúmulo de intereses de las altas esferas, tal y como detalla Nerjiza, fueron los verdaderos culpables de la eliminación de esta amenaza.

Ya por aquellos tiempos, estamos hablando de finales de los noventa, los desplazamientos en su mayoría, eran urbanos. Cada día, las distancias recorridas de la mayor parte de la población eran de apenas unas decenas de kilómetros.

El EV1 satisfacía las necesidades de los consumidores por autonomía

¿Por qué no tendría cabida ya, entonces, la irrupción de la conducción eléctrica? El EV1, tal y como detalla Motorpasion, tenía una autonomía situada en el rango de los 110 y 160 kilómetros, dependiendo de la exigencia del conductor.

Puede decirse, por tanto, que podría haber tenido su apogeo de haberse producido a gran escala. Sin embargo, una serie de cláusulas anexas al contrato que se firmaba cuando se entregaba el vehículo truncó este crecimiento.

Cómo es posible sacar del mercado 1.117 unidades tan fácilmente en poco tiempo

Si alguna vez te has interesado por comprar un modelo eléctrico, habrás podido comprobar que algunas compañías dan la opción de tomar en alquiler las baterías. Con el EV1 ocurría algo parecido.

Cada propietario firmaba un contrato de leasing cuando quería tener en su garaje un EV1. Cada cierto tiempo, fabricante y propietario debían actualizar los términos del contrato para que los modelos eléctricos siguieran en posesión de sus dueños.

Desde el 2002, los clientes tenían claro que General Motors no estaba dispuesto a seguir manteniendo la relación con aquellos que apostaron por esta movilidad alternativa. Los rumores fueron creciendo durante los meses próximos.

Los propios dueños sabían que querían quitarles sus coches con el objetivo de abandonar un programa piloto para ver qué recorrido tenía la movilidad eléctrica. Así pues, en septiembre de 2003, Barthmuss, portavoz de la compañía por aquel entonces, dijo lo siguiente:

Hemos aprendido que no hay un mercado masivo para un vehículo de este tipo. El EV1 nos ha enseñado que estos vehículos fuerzan a los consumidores a hacer demasiados cambios en su estilo de vida y por lo tanto no van a ser el futuro.

Esta fue, sin duda, su sentencia de muerte. La compañía, de pronto, no quiso respetar las actualizaciones de los contratos. Ante esta situación, los propietarios tuvieron que devolver los coches una vez cumplido el vencimiento del acuerdo, extinguiéndose así la colaboración.

Los dueños, encantados con sus EV1, no sabían qué es lo que ocurriría con sus vehículos. Se había dicho que se donarían a universidades y compañías especializadas para la investigación pero no fue así.

Bajo la sombra de sospecha de muchos propietarios, se filtraron imágenes sobre el desconocido paradero de todas las unidades. Sí, acabaron convirtiéndose en un amasijo de hierros.

Excepto algunas unidades que fueron a parar a unos pocos museos, la mayoría terminó en de esta guisa. Carzhunt

Ahora bien, ¿de verdad habría que tenerle miedo a un coche con un diseño tan extraño?

El EV1, y su posterior actualización EV2, no disponían de una estética común. No disponía de rejilla para refrigerar y sus ruedas traseras quedaban escondidas bajo la carrocería.

Todo guardaba un sentido, lograr una aerodinámica eficiencia para penetrar la resistencia que ejerce el aire cuando cualquier vehículo está en movimiento. En el caso del EV1, su coeficiente aerodinámico del EV1 era de 0,19 cuando el de la mayor parte de los automóviles comerciales estaba en 0,30, tal y como señala Eco Inteligencia.

Según se puede leer en Xataka, era un biplaza, necesariamente producido así por la penalización de su diseño exterior y con el objetivo de no incrementar el peso en exceso. Del mismo modo, su interior no transmitía, exceso su ordenador de a bordo, una idea futurista.

Parece ser, por tanto, que lo único revolucionario era su tecnología. Muchos conductores del EV1 y EV2 hicieron todo lo posible por prorrogar los contratos leasing, llegando incluso a ofrecer la opción de comprarlos. General Motors prefirió cerrarse en banda y no escuchar dichas peticiones.

Se puede destacar que sus mayores alicientes fueron el conjunto de 26 baterías de plomo ácido que poseía, según la publicación de Terra, y su configuración exterior.

La celebración de un funeral como despedida a un icono de la conducción eléctrica

Sí, las imágenes que puedes ver sobre estas palabras corresponden a uno de los últimos actos que tuvieron lugar antes de proceder a su destrucción completa. El vehículo que General Motors fabricó era una amenaza para lo asentado en la industria y muchos querían acabar con él.

De la noche a la mañana, tuvieron que devolverse las unidades que sus propietarios habían disfrutando un lustro en el mejor de los casos, con el objetivo de retrasar la entrada de una tecnología innovadora en la movilidad.

Ahora, más de 2 décadas más tarde, la innovación ha colocado en el centro del panorama internacional el vehículo eléctrico. Tesla Motors, en pleno auge desde el lanzamiento del Model S, es posiblemente el heredero de una idea que no pudo producirse por aquel entonces.

La conducción eléctrica ya no tiene freno alguno en la actualidad

El futuro inmediato viene escrito gracias al desarrollo del Model 3, un modelo que supondrá un antes y después en la conducción limpia.

Ante la historia que acabas de leer solo queda hacernos unas preguntas, ¿hemos perdido 20 años de adelanto en la industria eléctrica? ¿Cuánta autonomía tendrían hoy día si hubiese continuado la inversión en modelos alternativos? ¿Sabremos algún día qué intereses ocultos había detrás de la destrucción?

Como ves, muchísimas cuestiones podrían debatirse en torno a lo que pudo ser y finalmente no ocurrió. Mientras tanto, al menos nos tendremos que conformar con la aparición de compañías como Tesla.