A lo largo del siglo pasado, conforme fueron popularizándose los parques automovilísticos, tuvieron que realizarse una serie de convenciones a nivel internacional para trazar unas líneas generales sobre la reglamentación del tráfico. Esto era una prioridad ya que debería haber una estandarización en relación a las señales del mismo.

Como resultado de este tipo de reuniones, es lógico ver cómo por ejemplo, en Europa, una señal de STOP o Ceda del Paso tiene la misma representación gráfica en todos sus países miembros. Sin embargo, aún ha habido países que no se han mostrado de acuerdo con los tratados alcanzados.

Los semáforos con tonalidad azulada son un clásico en Japón

Uno de ello fue Japón. Hasta la década de los setenta, decidió basar su reglamentación conforme a sus costumbres. A día de hoy, podríamos llegar a conducir sin problemas por las diversas regiones que componen el país, pero sí que seguiríamos sin acostumbrarnos a lo que ocurre en los semáforos.

¿Por qué? El país asiático dispone de 3 tonalidades; rojo, naranja y azul. Sí, al contrario de lo que ocurre en la gran mayoría del mundo, Japón no dispone de una tonalidad verdosa. ¿A qué se debe esta política?

Tal es el arraigo a esta forma de entender la señalización que es ahora, con la estandarización de los que incorporan tecnología LED, cuando están introduciéndose aquellos con una tonalidad verdosa. ¿Por qué el color predominante en la naturaleza ha sido repudiado durante tantos años? Veámoslo.

El verde, un color que solo existe desde hace 1.000 años

Para la cultura japonesa, el verde, literalmente, no existía. Esto se debía principalmente a que durante generaciones se distinguían diferentes tonalidades azuladas. Siguiendo la escala de azules, se podían observar combinaciones de ‘ao’ (azul en japonés), pero jamás de ‘midori’ (verde en el idioma asiático).

En Japón, el azul es lo que en la gran mayoría de países es el verde. Gizmodo

Según se puede leer en el portal especializado Mental Floss, fue hasta hace solo unos 1.000 años cuando comenzó a popularizarse la denominación midori. Sin embargo, pese a la aceptación de esta nueva denominación, la población continuó defendiendo la integridad del color ao, lo que supuso que la tradición imperó muchos más años.

El color ‘ao’ ha gozado de más popularidad que el ‘midori’

En plena década de los años treinta del siglo pasado, en plena revolución del automóvil, comenzaron a instalarse las primeras señalizaciones de tráfico urbano. En aquella época, como era lógico de esperar, aún continuaba el ao disponiendo de mayor popularidad que el midori, pese a que todos sabían que eran diferentes.

Por ello, mientras que a nivel internacional el verde se imponía en las ciudades, el azul se mantendría hasta el día de hoy. Tan solo una serie de reglamentaciones informaban sobre la tonalidad del color ao, el cual debía ser con claros tintes midori.

Una tradición que ha imperado hasta el día de hoy

Si decides viajar a la capital del país asiático comprobarás como aún existen muchos semáforos que disponen de esta característica tan peculiar. Sin embargo, es cierto que se está produciendo un cambio sustancial en los últimos años.

El color ‘ao’ siempre ha gozado de mayor popularidad que el ‘midori’. JuanAlonso.net

Según se puede leer en el portal Gizmodo, la Administración está comenzando a introducir unos nuevos de última tecnología. Estos, como ya ocurre en otras muchas ciudades del mundo, posee tecnología LED basada en diodos que mejora la percepción de los conductores.

Lo últimos semáforos están incorporando tecnología LED con tonos más verdosos

Ante esta situación, parece ser que se ha decidido sucumbir al tradicionalismo mundial respecto a las señalizaciones de tráfico. Por ello, los últimos que están instalándose en sustitución de los que contienen tonos azulados disponen de un claro tinte verdoso. Y ante esta situación, ¿qué puede decirse respecto a la situación?

Lo cierto es que no hay evidencias empíricas de que uno haya podido superar al otro en cuanto a percepción de la vista del ser humano. En cierto modo, al final se trata de una costumbre que no tendría por qué haber afectado durante todos estos años al tráfico de la población japonesa y, en general, de la mundial.