No es sólo la batería: estas son las razones por las que los coches eléctricos son cada vez más caros
Las baterías son el principal problema del coche eléctrico. Sin embargo, no es lo único que está retrasando su adopción en el mercado.

El coche eléctrico sigue teniendo un precio de partida más alto que una versión homóloga de combustión interna. Ya sea en términos comparativos con una variante dentro de una propia marca o, simplemente, echando un vistazo al resto de opciones presentes en el segmento, se observa cómo todavía hay un problema para el consumidor: el excedente de precio al que se enfrenta un coche eléctrico frente a uno diésel o gasolina.
Los fabricantes alegan que se produce un equilibrio a lo largo de la vida útil debido al menor coste de mantenimiento y coste energético que supone al usuario. Sin embargo, las miras largoplacistas, al menos por ahora, no están dando sus frutos. El usuario medio, lo que busca, es obtener un producto con una mejor relación en términos de precio. El ahorro a largo plazo es fundamental, pero también lo es pagar menos en el día de hoy en la adquisición.
Echando un rápido vistazo al Volkswagen ID.3, el modelo de acceso a la gama eléctrica de la marca y, por supuesto, competidor del Golf de combustión interna, entenderás el porqué del problema. ¿Hay justificación en torno a que este modelo arranque en los 43.765 euros frente a los 30.700 euros del Golf? La diferencia es muy notable y, por ello, este tipo de propuestas no termina de arrancar en el mercado. ¿Qué explicación hay al respecto?
La batería es un problema, sí, pero no es el único
La batería de un coche eléctrico es el elemento más destacado en términos de coste. Esto provoca que afrontar una posible sustitución fuera de la garantía se traduzca en un coste para el usuario de varios miles de euros. La tecnología ha permitido disfrutar de una tecnología mucho más desarrollada y con mayor calidad, pero la recuperación del valor a unos 8 o 10 años vista no parece que sea motivo para justificar su compra.
Al fin y al cabo, ¿quién nos dice que no podamos, por ejemplo, sufrir un accidente en todo este tiempo? A ello hay que unir el posible deterioro progresivo de la capacidad de las baterías. Esta tecnología, conforme los ciclos de carga van produciéndose, se produce una pérdida lenta de autonomía. Esto, a largo plazo, puede traducirse, perfectamente, en varias decenas de kilómetros por cada ciclo completo de carga.
Esto producirá un mayor o menor malestar dependiendo del uso que se le vaya a dar. Es muy posible que, en el caso particular del Volkswagen I.D 3 anterior, esto pueda no suponer un gran problema debido a su potencial uso principalmente urbano. Ahora bien, ¿y si solías practicar recorridos por carretera? En este caso, sí es posible que notases la pérdida de funcionalidad.
Cabe destacar, además, que la experiencia del usuario no es la misma si se dispone de un enchufe de carga convencional o, por el contrario, se puede contar con una solución de carga rápida. En el caso de la primera opción, se disfrutará de una carga más 'sana', pero requerirá mantener el vehículo conectado a la corriente durante varias horas. En segundo lugar, se podrá realizar un mayor número de kilómetros, pero la degradación de las baterías se acentuará en el futuro.
Una competitividad que aún no está cerca de lograrse
Uno de los principales problemas que rodea al coche eléctrico está directamente relacionado con la capacidad para obtener economías de escala. Este proceso permite trasladar mejoras en el ciclo de producción para posicionar los productos a un menor coste que la competencia. Tesla, en este sentido, ha logrado producir automóviles a precios muy competitivos, algo que se ha notado, finalmente, en la factura.

En este paso, conocido como matrimonio, se une el chasis con la carrocería.
La gran mayoría de sus competidores lo que hace es combinar líneas de fabricación eléctricas con otras basadas en motores térmicos. Esto no permite la obtención de las sinergias que permitirían mejorar la competitividad del coche eléctrico. Además, es importante tener en cuenta que la obtención de economías de escala está muy ligado a la inclusión de volúmenes crecientes en la cadena de montaje. Si esto falla, la competitividad de estos productos no se consigue.
Echando un rápido vistazo al mercado, es cierto que la mayoría de fabricantes ya comercializa versiones puramente eléctricas, pero esto representa una proporción muy pequeña respecto al resto de la gama en términos de ventas. Solo la apuesta creciente por el sector permitirá una reducción en el precio de partida de esta tecnología. De confirmarse esta nueva estrategia, se conseguiría establecer opciones de precio más interesantes.
Y he aquí la pregunta del millón. ¿Por qué no es tan fácil incorporar más vehículos? Entre los problemas relacionados con la producción o suministro de baterías está el litio. El precio en el mercado por tonelada se ha disparado desde el año 2020. En la actualidad, tiene un coste disparatado en relación a los materiales necesarios para la producción de una mecánica de combustión interna, por lo que se desincentiva la apuesta por esta tecnología alternativa. El mejor ejemplo de ello es el aumento del precio que Tesla ha tenido que aplicar por segunda vez en el año a una parte de sus vehículos del catálogo.