Realidad virtual y movimiento preciso: no es un videojuego, sino el simulador de conducción más avanzado de Europa
El simulador pretende que Austria dé un paso adelante en la investigación automotriz
Para muchos de nosotros, la primera vez que condujimos un coche fue gracias a las videoconsolas. Títulos como Ridge Racer, para la PlayStation original, o Gran Turismo 4, lanzado en PlayStation 2 (para algunos, la mejor entrega de la saga) nos permitieron experimentar de cierto modo lo que sentían los adultos cuando se sentaban en el asiento del conductor. Y si tenías la suerte de contar con un volante y pedales para acompañar el juego, te creías que ya estabas preparado para pasar a un vehículo de verdad.
Este tipo de videojuegos continúa existiendo, pero ha evolucionado, al igual que la tecnología. Si se tiene el dinero necesario, es posible montar en casa un simulador tan real que parece que se esté conduciendo por una carretera de España o de cualquier otra parte del mundo. Los que buscan una inmersión todavía mayor, pueden acompañar su setup de un casco de realidad virtual, en lugar de usar múltiples monitores de alta definición.
Sin embargo, es difícil igualar el proyecto que ha desarrollado la Universidad Tecnológica de Graz (más conocida como TU Graz, ubicada en Austria) en colaboración con la empresa de tecnología de movilidad Magna. Como fruto de su trabajo conjunto, han presentado uno de los simuladores de conducción más avanzados de Europa.
Los tiempos de respuesta del simulador son de tres a cuatro milisegundos
Este simulador se encuentra en el nuevo Centro de Simulación de Conducción Avanzada, en el Campus Inffeldgasse de la universidad. Los investigadores que lo han desarrollado afirman que ofrece una experiencia de conducción excepcionalmente realista. Con él, los ingenieros pueden probar vehículos mucho antes de que existan prototipos físicos.
Este sistema permite ajustar el chasis, los neumáticos y los sistemas avanzados de asistencia al conductor en condiciones controlados para hacerse la idea más precisa posible. Mientras que Magna financió la adquisición e instalación del simulador, la TU Graz cubrirá los costes operativos corrientes. Los responsables afirman que el proyecto supone un gran paso adelante en el panorama de la investigación automotriz en Austria.
Los investigadores afirman que desarrollaron el simulador para cerrar una brecha que existía desde hacía tiempo en el desarrollo de vehículos. Concretamente, la que se encuentra entre el modelado matemático y la percepción humana real. Arno Eichberger, quien supervisa las operaciones científicas, explica que el simulador produce resultados que coinciden estrechamente con las condiciones de conducción del mundo real.
Los conductores que se pongan a los mandos del simulador experimentarán el comportamiento del vehículo como si estuvieran circulando por una carretera real. Para crear esta experiencia, el sistema incluye retroalimentación sutil que los simuladores convencionales tienden a pasar por alto. Gracias a esto, los ingenieros pueden evaluar cómo reaccionan los humanos a los cambios en la suspensión, la dirección o los neumáticos.
Si bien fabricar el simulador ha costado un buen dinero, logra reducir la dependencia de las costosas pruebas físicas. Los desarrolladores pueden ejecutar múltiples escenarios de forma rápida para ahorrar tiempo y mejorar la calidad de los resultados. Magna planea utilizar el centro para proyectos con fabricantes de automóviles internacionales.
El simulador es compatible con diferentes tipos de vehículos. Los simuladores pueden adaptarlo para coches compactos, SUV y vehículos eléctricos. Es tan sensible que los conductores pueden sentir pequeños baches, marcas de carril y cambios de tracción. Para que la experiencia sea redonda, integra realidad virtual para ofrecer entornos de tráfico fotorrealistas.