Una bizarra pero efectiva forma de aumentar la seguridad de los coches autónomos: ponerles ojos saltones

El experimento demostró que los peatones reaccionan de manera diferente si los ojos estaban o no fijos en ellos.

Una bizarra pero efectiva forma de aumentar la seguridad de los coches autónomos: ponerles ojos saltones
Los ojos robóticos se instalaron en la parte frontal, y reaccionaban a las decisiones que se tomaban en el interior del coche
Publicado en Motor

La tecnología de conducción autónoma es uno de los avances tecnológicos que más polémica y preguntas levanta en el sector. Los coches eléctricos y vehículos sin carnet han tenido una integración más rápida, pero la idea de un vehículo sin conductor sigue siendo algo bastante tabú.

Tesla es una de las firmas que más invierte en este sistema, y aún así, parece que es una tecnología que va a costar implementar en la circulación urbana. El problema es evidente: una máquina es responsable de tomar decisiones que pueden afectar a la vida de los peatones, y eso no es fácil de programar. Sin embargo, un grupo de investigadores de la Universidad de Tokyo han presentado un proyecto en la Conferencia Internacional sobre Interfaces de Usuario Automotrices que, aunque parece ambsurdo, ha ofrecido resultados muy interesantes.

El experimento consistía en insertar dos ojos saltones y animados en la parte frontal del coche, que reaccionaban a las decisiones inteligentes del vehículo. Para conducir la prueba, la conducción no era completamente autónoma, pero los movimientos del conductor (combinados con una IA) se registraban como comandos que hacían que los ojos se moviesen en diferentes direcciones. El objetivo es estudiar cómo se comportan los peatones cuando tienen un indicativo claro de lo que sucede dentro del vehículo, cosa que no pasa cuando hablamos de conducción autónoma.

Los peatones reaccionaban diferente dependiendo del movimiento de los ojos

Para estudiar la viabilidad del sistema, se reunieron 18 sujetos, nueve mujeres y nueve hombres de entre 18 y 49 años para actuar como peatones en la vía pública. Los primeros resultados ofrecieron datos muy interesantes, y diferentes entre hombres y mujeres. El grupo de peatones masculinos mostraba actividades más temerarias a la hora de cruzar la carretera, mientras que las mujeres eran más precavidas. Sin embargo, independiente si eran hombres o mujeres, todos los peatones reaccionaban de manera similar en función del movimiento de los peculiares ojos del coche.

Cuando la IA instalada en el coche detecta a un peatón, los ojos se mueven en esa dirección, como si el vehículo los estuviese mirando directamente. Cuando los peatones detectaban que los ojos estaban fijos en ellos, cruzaban con mayor seguridad, mientras que si el coche estaba "mirando" hacia otra dirección, eran más precavidos.

El curioso experimento, aunque pueda parecer ridículo, ha servido para demostrar la importancia de la comunicación coche-peatón. Los vehículos autónomos funcionan, por definición, sin conductor, pero eso no quiere decir que no puedan aportar información útil en las vías urbanas. Quizá la solución no sean unos ojos saltones (que dan bastante miedo por cierto) pero quizá instalar un sistema de luces de aviso en la parte frontal ayudase a evitar los accidentes, que es al fin y al cabo el riesgo principal que está frenando la integración de este tipo de vehículos en nuestras calles.

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