La historia de tordocop, el robot espantapájaros que instaló Huesca en 1995 para espantar a miles de pájaros
En 1995, la ciudad de Huesca sufrió una plaga de estorninos o más conocidos como tordos y las autoridades tuvieron una gran idea.
Las aves de las que hay miles de especies en la actualidad son animales inteligentes. Lo han sido siempre puesto que sus antepasados eran los peligrosos dinosaurios. Esta inteligencia los ha llevado a enfrentarse al ser humano, que ha usado todo tipo de medios para contrarrestar su número. Incluidas púas afiladas. En 1995, en Huesca incluso utilizó un robot con forma de cazador.
Esta es una de esas historias que solo ocurren en España. A mediados de la década 1990 la ciudad de Huesca padeció una plaga de estorninos, más conocidos como tordos. Estos pájaros negros e inofensivos viajaban en bandadas de cientos de miles de individuos. Tal fue la cosa que estas aves acaban siendo un problema con sus cantos, excrementos y número.
Tordocop: el terror de los estorninos de Huesca
Los vecinos de Huesca cada vez estaban más molestos con el tema, por lo que decidieron pedir ayudar a las autoridades, además de exigirles una respuesta. El ayuntamiento se hizo cargo del asunto y decidió contratar a grupos de cazadores que con armas de fuego redujeran el número de animales. La cosa no funcionó, porque el volumen de estorninos era abrumador.
El ayuntamiento no se rindió por esta inesperada derrota, así que invirtiendo tiempo y dinero pidió diseñar varios robots autómatas que sirvieran como espantapájaros modernos. Tal cuál lo estas leyendo. El caso es que estos espantapájaros robóticos tenían forma de cazador humano, con escopeta incluida.

Tordocop guardados tras su fracaso. Fuente: Blog Alcorze.
Colocados en lugares estratégicos de la ciudad, los “Tordocop” empezaban a hacer mucho ruido, entre ellos el sonido de los disparos de una escopeta de perdigones. También podían emitir luces y en general ser molestos para los estorninos que acosaban a los ciudadanos de la ciudad.
Los autómatas trabajaron sin descanso haciendo mucho ruido. A pesar de que los tordos al principio se asustaron con el asunto, estas pequeñas aves no se achantaron y pronto descubrieron que aquellos hombres de forma extraña no eran peligrosos para ellos. Por lo que las bandadas volvieron y siguieron molestando a los vecinos con sus cantos y excrementos.
El ayuntamiento de Huesca se dio por vencido, como los australianos con los emúes en la década de 1930. Así son las cosas. Aunque hay que reconocer que la iniciativa era ante todo original, pero el ingenio de las aves superó esta vez al de los humanos.