Te levantas un domingo y en el peor momento posible descubres que no hay papel higiénico. Estás en casa a las 10 de la noche cocinando y compruebas que no hay sal para tu cena. O quizás, simplemente ves que ya no tienes pilas en el mando. Ya sabes cuál es la solución: ponte el abrigo por encima del pijama y baja a ese comercio que tienes al lado de casa, con una organización algo caótica y un gatete de oro al lado de la caja. No falla.

Las bodegas son tu salvación, el último recurso para los despistados

Por eso, no es de extrañar lo que ha sucedido hoy en Twitter cuando ha trascendido el próximo gran éxito (?) en forma de start-up creada por dos antiguos empleados de Google. Te ponemos en antecedentes, las "bodegas" son esos comercios que abundan en Estados Unidos que tienen prácticamente de todo y que están abiertos a casi cualquier hora.

Puede que sean más caros que los supermercados, pero te sacan de un apuro. Da igual que cada vez haya más centros comerciales o franquicias, siempre encontrarás gente en estas "bodegas" o bazares.

Los flamantes creadores de Bodega, con su proyecto. Fast Comapny

Bodega: así es el bazar que nadie quiere

Así que, como cuentan en Business Insider, la gran idea de este par de emprendedores ha sido atacar directamente este negocio diseñando una especie de máquina de vending avanzada. La esencia es la misma, solo que ya no solo encontrarás latas, sandwiches, snacks o preservativos, sino que en su inventario habrá productos de primera necesidad de índole variada. ¿Su nombre? Bodega, qué mala baba.

Entre sus novedades, cuentan con un procesador capaz de controlar el stock y almacenar el historial de preferencias de los consumidores, de forma que saben en todo momento cuáles son sus productos más populares en cada localización y de este modo, se aumentan sus reservas. Asimismo, la forma de pago se ha actualizado para que no tengas que llevar dinero o tarjeta. Con la app, podrás realizar la compra y pagarla cómodamente a través del móvil.

Como explican sus creadores, estas máquinas de vending se han diseñado para el interior de grandes residencias, gimnasios, oficinas, residencias. Parece que potencialmente podría funcionar, ¿no?

Así lo cuenta Paul McDonald, uno de los dos inventores al Daily Mail:

La visión es más grande que una simple caja en sí misma. Eventualmente, esas tiendas que venden de todo a todas horas ya no serán necesarias porque habrá 100.000 "Bodegas" esparcidas, con una a menos de 100 metros de ti.

Bodega es una enorme vitrina de 2 metros de ancho llena de productos de primera necesidad. Fast Company

Los puntos débiles de esta start-up

Bueno, puede que sí o que no. Porque la realidad es que para ubicar estas máquinas en el interior de algunos establecimientos, primero tendría que haber espacio suficiente para que quepa esta enorme vitrina de cristal de dos metros de ancho.

Por otro lado, en las bodegas o bazares tradicionales encontramos absolutamente de todo: da igual que te falten tampones, pizza o jengibre para hacerte una infusión. Todo tiene cabida, desde frescos perecederos hasta congelados pasando por droguería. En estas máquinas de vending modernas parece bastante complicado integrarlo todo y que tenga cierta coherencia. Vamos, que no creemos poder encontrar poco más que productos de primera necesidad de los que vemos haciendo cola para pagar en la caja del súper.

Además, estas tiendas pueden venderte una botella de whisky o cerveza a las 2 de la mañana y dudamos mucho que estas máquinas de vending permitan la venta de alcohol.

Las reacciones negativas no se han hecho esperar

Así que la idea está bien como máquinas de vending más modernas, pero nunca como sustitutos de estas tiendas que gozan de tanta popularidad. No sabemos bien si es por la mala baba de llamarlas como los bazares en un despiadado intento de que los asociemos o por el profundo amor que sienten sus clientes hacia este negocio tan necesario para la comunidad, pero tras conocer la noticia de la start-up, los usuarios de Twitter se han puesto a echar pestes por la boca sobre este proyecto:

Entre las lindezas, les llaman listillos por inventar algo tan trillado como una máquina de vending, la caja de la gentrificación o directamente racistas, porque su logo es precisamente la silueta del gato dorado que agita su brazo, en una clara alegoría a este tipo de comercio que pretenden aniquilar.

Así que estos dos antiguos trabajadores de Google, que han logrado vender su proyecto en Silicon Valley, acaban de darse de bruces con su público potencial, que jamás compraría en ellas al entender que atacan directamente un negocio familiar que hace comunidad y que da de comer a personas inmigrantes, con mayor dificultad para encontrar trabajo e integrarse. Como explican en The Verge, alguno hasta las ha rebautizado como "la máquina de golpear cachorros" por lo indeseable de la idea.

Si sus creadores lo miran por el lado bueno, verán que al menos se han dado a conocer. Como decía Oscar Wilde, "Hay solamente una cosa en el mundo peor que hablen de ti, y es que no hablen de ti".