Algunos tenemos la creencia errónea de que internet es como el lejano oeste de los westerns: infinito y sin ley, donde podemos campar a nuestras anchas y hacer lo que nos venga en gana sin consecuencias: descargas ilegales, búsquedas problemáticas propias de la deep web o descargar nuestra frustración por haber tenido un día de m*** con el famoso de turno en Twitter. No podemos estar más equivocados.

Asúmelo: internet no es la ciudad sin ley

Lo hemos visto en varias situaciones y países: el bloqueo a The Torrent Bay en España por parte de un juez como explica El Mundo en un desesperado intento para frenar la piratería, El País se hizo eco de la denuncia y juicio de una twittera por hacer chistes de Carrero Blanco en Twitter, la imputación de César Strawberry por tuits sobre los GRAPO y ETA por el que se podrá enfrentar a un año de prisión como explica Eldiariola lista es larga y no ha hecho más que empezar.

Porque conforme la influencia de de internet y las redes sociales crecen en nuestra vida, la legislación va adaptándose para intentar frenar esos delitos. Así que no: no hay impunidad en internet y aunque te escondas detrás de un pseudónimo para insultar amparado en la libertad de expresión, puedes ser denunciado, investigado y juzgado.

Pero no se queda aquí el asunto. El PP tiene un plan para contener la cera que recibe diariamente en las redes sociales: la prohibición de las cuentas anónimas. No es que sea muy difícil, tras una denuncia, rastrear el IP y dar con la persona que está detrás, pero el gobierno de Rajoy quiere atajar este problema de raíz.

¿Es el fin de la libertad de expresión en internet? HNN

Una ley contra la impunidad y el anonimato en internet

A finales del mes pasado se hizo público que el PP quiere elaborar una ley que evite los perfiles anónimos. Es decir, que aunque se empleen pseudónimos, detrás de la cuenta exista una persona con una identidad verificada que sirva para asegurarse que el usuario cumple ciertas normas de educación y ciudadanía, vamos, que no realice acosos, amenazas, insultos u otro tipo de delitos.

Como explica La Vanguardia, la idea es que todos los partidos se reúnan para redactar las líneas de acción para evitar la impunidad reinante en las redes sociales. Asimismo, también se requerirá a las empresas para que sean más estrictas y responsables.

Todo empezó cuando Alicia Sánchez-Camacho, secretaria primera de la Mesa del Congreso, fue mencionada en un tuit deseando que se encontrase con la Manada. Si los personajes públicos suelen ser el centro de los insultos en las redes, en el caso de las mujeres en general los ataques suelen ser más frecuentes y comunes. No hay que ir muy lejos en el Parlamento para ver casos de todos los colores, como los de Inés Arrimadas o Andrea Levy. La periodista Ana Pastor también es objeto de improperios de todo tipo casi a diario.

La caja de Pandora está abierta: ¿dónde termina la libertad de expresión y comienza la censura de un régimen que actúe como el Gran Hermano de Orwell?

¿Logrará el fin del acoso en internet?

Sin embargo esta cuestión es compleja y levanta ampollas. ¿Por qué se investigan unos tuits y otros quedan impunes? Desde el diario Público se hace un repaso de mensajes que hacen apología clara de la violencia contra personas por su sexo, religión, ideología u orientación sexual que no pasarán por la Audiencia Nacional.

¿Habrá suficientes efectivos policiales para hacer frente a la avalancha de mensajes que incitan al odio, violencia, machismo, racismo, etc.? ¿Se actuará contra todos ellos? Aunque España sea un estado pionero en este tipo de legislación, imaginémonoslo en una escala global: Cabe destacar que el hombre más poderoso del planeta, Donald Trump, usa su cuenta de Twitter como si de una rueda de prensa se tratara y no es una persona conocida por ser comedida, diplomática y respetuosa. ¿También entraría de oficio ante sus constantes faltas de respeto y acusaciones, como explica el New York Times?

Tampoco podemos obviar un hecho: las redes sociales permiten expresarnos de manera inmediata, libre y como si fueran un altavoz global, algo que ha sido fundamental en situaciones de emergencia o en dictaduras donde las libertades están fuertemente restringidas.

"Aquellos que renunciarían a una libertad esencial para comprar un poco de seguridad momentánea, no merecen ni libertad ni seguridad y acabará perdiendo ambas." Benjamin Franklin

No hay que ir muy lejos: como cuenta la BBC, en Chechenia, pleno corazón de Europa y a día de hoy, hay campos de concentración, torturas y asesinatos contra personas LGBT. Sin el anonimato de las redes sociales, muchas personas anónimas encontrarán más difícil alzar su voz para denunciar injusticias y que lleguen a oídos de la comunidad internacional.

Todas las redes sociales cuentan en mayor o menor medida con mecanismos de verificación y unas normas de conducta ante las cuales se puede bloquear y reportar a alguien, si bien en muchos casos resulta demasiado tedioso. ¿Será una ley que limite las libertades una buena solución para acabar con el acoso? El tiempo lo dirá.