En pleno hype por la llegada del iPhone X, el primer terminal en emplear el reconocimiento facial como único sistema de seguridad biométrico (que no el primero, si bien como explican en iPadizate Android lo implantó en 2012 con su versión 4.0) y dejando a un lado los sensores de huellas dactilares, que parecen ya haber vivido su mejor época y ahora son "castigados" a la trasera de los terminales, os presentamos el futuro del reconocimiento: el corazón.

Con los sistemas biométricos, las contraseñas tienen los días contados

Sí, puede que aún no nos hayamos familiarizado con el Face ID y tengamos numerosas preguntas y sospechas sobre su seguridad, pero la ciencia y la tecnología no descansan descubriendo nuevas formas que nos permitan olvidarnos de las tediosas contraseñas en favor de parámetros físicos inherentes a nuestra persona, que nos permitan identificarnos de forma rápida y eficiente, pero también segura.

Así que sí, olvídate de PINs y huellas dactilares porque la última investigación apunta directamente a tu corazón, un órgano imprescindible para la vida, pero que si analizamos sus formas, tamaños y movimientos daremos con algo que nos hace únicos, capaz de autentificarnos.

Todos los corazones son únicos en el mundo. Daily Mail

Obviamente, se trata de una solución para la realización de operaciones con nuestro móvil, como es la compra de apps, pagos y desbloqueo, pero también servirá en los accesos de los aeropuertos, como explica Daily Mail.

Y es que, por increíble que parezca, nuestro corazón podría sustituir pronto tanto las contraseñas, como las huellas dactilares o nuestro rostro. La primera vez que este sistema reconoce un corazón requiere 8 segundos para analizarlo detalladamente y desde ese momento, lo reconoce al instante. Huelga decir que si suplantar una huella o un rostro es una tarea complicada, la del corazón se antoja prácticamente imposible.

Este proyecto corre a cargo de un grupo de investigación de la Universidad de Buffalo y su principal autor, Wenyao Xu, ha detallado el origen de todo:

Nos gustaría usarlo para todos los ordenadores porque todo el mundo necesita privacidad y registrarse, y cerrar la sesión es tan tedioso. No hay dos personas con el mismo corazón (o al menos, nunca se ha encontrado este caso) y la forma de los corazones no cambia, a no ser que sufran enfermedades cardíacas severas.

Aunque los sistemas biométricos cardíacos se llevan estudiando aproximadamente una década, principalmente electrodos que miden las señales eléctricas que posteriormente conforman un electrocardiograma, nunca se había pensado en ellos como un elemento de seguridad e identificación.

Aunque el primer paso sea implantarlo en una esquina del teclado de ordenadores, pronto podría desarrollarse para aplicarlo en los aeropuertos, permitiendo identificar pasajeros hasta a 30 metros de distancia. Por supuesto, a medio plazo podría integrarse también en dispositivos móviles como los smartphones.

Cómo funciona el sistema biométrico cardíaco

El sistema emplea un ecógrafo Doppler simplificado que mide tu corazón y, desde ese momento, lo monitoriza continuamente para asegurarse de que nadie acceda a tu dispositivo.

Este instrumento permite controlar los datos de velocidad de un objeto (en este caso el corazón) desde una distancia mediante el envío y recepción de señales microondas. La señal que retorna muestra cómo ha cambiado el movimiento del objetivo y proporciona de forma bastante clara tanto la forma del corazón como la naturaleza de su latido.

En caso de que te lo estés preguntando, la intensidad de la señal es muy inferior a la del Wi-Fi, por poner un ejemplo cotidiano, por lo que no hay ningún riesgo para la salud.

Como explica el Doctor Xu:

El lector tiene unos 5 miliwatios, menos del 1% de la radiación que generan nuestros smartphones.

¿Qué ventajas tiene respecto a otros sistemas biométricos?

El reconocimiento cardíaco presenta una serie de ventajas respecto a otras herramientas biométricas empleadas para la autenticación de un sujeto, como pueden ser las huellas dactilares o los escáneres de retina.

¡Adiós a las contraseñas y recordar tener que cerrar sesión!

Para empezar, se trata de un dispositivo pasivo y que no requiere contacto, así que la molestia a la hora de desbloquear un terminal es mínima. Además, monitoriza nuestro corazón constantemente, por lo que no requerimos cerrar sesión: el sistema por sí mismo sabe cuándo dejamos de usarlo.

Asimismo, también "sabe" si lo está manipulando otra persona. En este caso, nuestro dispositivo estaría completamente bloqueado. Con esto nos despedimos de dos tareas verdaderamente agotadoras: recordar contraseñas y tener que cerrar sesión.