Lo ves y no lo crees: te acabas de comprar una casa nueva y en menos de cinco años ya notas grietas, desconchones en las paredes o incluso goteras. Sin embargo, sales a pasear y compruebas una vez más que las construcciones e infraestructuras romanas, dos mil años después, se conservan no solo de forma aceptable sino que parecen cada vez más resistentes. Va a tener razón tu abuela y ya no se hacen cosas como las de antes.

Se trata del material de construcción más resistente de la historia

Pues sí, tu abuela está en lo cierto. Ni se hacen cosas como antes -todo cambia, desde legislación a materiales pasando por procedimientos- ni contamos con la receta secreta de los romanos. Y es que al parecer, los romanos tenían su propia combinación de materiales que hacía de sus construcciones algo casi indestructible a las inclemencias del tiempo y el devenir de los siglos.

Ni la erosión del agua de mar ha podido con construcciones como las que se ven hoy en día en la Toscana italiana. PlayGround

Según un estudio publicado en American Mineralogist acaba de revelar esa mezcla particular que seguían para fabricar el hormigón que servía de aglomerante en la creación de estructuras. Si bien es cierto que cada hormigón es distinto -porque la constitución de la mezcla de áridos y cementos es variable en cuanto a composición-, la suya es verdaderamente única.

Descubriendo el misterio romano

Pero esto ya lo vio venir Plinio el viejo en el año 79, cuando dejó constancia en su enciclopedia Naturalis historiae asegurando que los puertos construidos por su civilización se transformaban en:

En una única masa de piedra, invulnerable a las olas y cada día más fuerte.

Desde entonces, numerosos científicos han intentado indagar en los misterios de estos materiales romanos sin dar con más respuesta que su increíble resistencia. El engrudo romano es, en palabras del investigador Philip Brune, que en su momento estudió la resistencia a la fractura de este material:

Un material extraordinariamente rico en términos de posibilidades ingenieriles. Se trata del material de construcción con mayor durabilidad de la historia humana.

En contraste, el hormigón actual expuesto a agua de mar se corroe en cuestión de décadas. Entonces, ¿Qué se esconde detrás del hormigón romano? La investigadora Marie Jackson de la Universidad de Utah se propuso averiguarlo tras un viaje a Roma.

Mientras que el hormigón actual es inerte al entorno, el romano se aprovechaba de éste

Para desentrañar el misterio, sometieron numerosas muestras de hormigón a técnicas avanzadas como tests espectroscopios para conocer su composición, revelando donde la clave de todo era el agua del mar. La profunda mirada de un microscopio electrónico determinó que efectivamente, el agua que penetraba en las construcciones contribuía a aumentar su resistencia, algo que ha atestiguado en su estudio The Roman Maritime Concrete Study.

Cristales de hormigon romano a vista de microscopio. Universidad de Utah

De hecho, las rocas creadas por los romanos se comportan de una manera muy similar a los restos volcánicos depositados en el medio marino. Así que mientras el hormigón actual está diseñado para intentar ser inmune a su entorno, el romano se aprovecha de éste. En su interior, pequeños cristales actúan como una armadura evitando que el hormigón se fracture.

La industria del hormigón mueve más de 50.000 millones de dólares en EE.UU al año

¿Pero cómo eran capaces de reproducir materiales volcánicos? Muy fácil: fabricando su hormigón mezclando ceniza volcánica con cal y agua de mar produciendo una reacción que se conoce como puzolánica. Posteriormente, agregaban trozos de roca volcánica logrando un conglomerado invencible mediante la creación natural de cristales de tobermorita.

Objetivo: reproducir el hormigón romano

Desgraciadamente, la receta original de los romanos se ha perdido y su reproducción no es tarea fácil. No en todas las partes del mundo se dispone de roca volcánica para crear hormigón. De hecho, mientras que en los puertos italianos emplearon rocas volcánicas procedentes del Golfo de Nápoles, en los acueductos de nuestro país se emplearon materiales puzolánicos distintos y agua dulce en lugar de salada.

Los cristales de tobermorita del hormigón romano constituyen un hito en sí, ya que estos se transforman en cemento con agua de mar a temperaturas elevadas, algo que puede hacerse en un laboratorio obteniendo pequeñas cantidades, por lo que su rentabilidad es escasa. Según Marie Jackson:

Los romanos tuvieron suerte porque los materiales de los que disponían no se encuentran fácilmente, pero es que además, la síntesis de ese tipo de hormigón es muy compleja.

Así que el objetivo es claro: tratar de reproducir un hormigón de características similares en cuanto a resistencia y además, más sostenible que el actual. Y es que según el canal Historia, para conseguir cemento Portland (el aglomerante empleado en el hormigón actual), se requiere quemar combustibles fósiles hasta alcanzar temperaturas de 1.450 °C frente los 900 °C necesarios para el hormigón romano. Una reducción considerable tanto de emisiones de dióxido de carbono como de consumo de combustible.

Emulando a los romanos, Marie Jackson está trabajando con materiales de la costa occidental estadounidense con agua marina. Pero no es la única, cada vez más fabricantes emplean rocas volcánicas buscando aumentar su durabilidad y un menor coste energético, no obstante se trata de una industria que solo en EE.UU movía 50.000 millones de dólares en 2015, según El Mundo.