Internet se ha posicionado como la herramienta que ha cambiado nuestras vidas en el siglo XXI. Esta mayor importancia ha experimentado, todavía más si cabe, una mayor énfasis tras la llegada del smartphone. Gracias a ello, a cualquier hora y prácticamente desde cualquier sitio, podemos consultar todo cuanto queramos. Esto nos lleva a plantearnos una cuestión.

¿Tenemos las mismas oportunidades en términos de acceso a la red? Lo cierto es que no. Dejando a un lado la mayor o menos cobertura y las distintas velocidades de navegación disponibles, estamos asistiendo a un fenómenos que cumple a la perfección con una de las bases de la economía. A mayor necesidad del servicio, mayor será su precio por la propia Ley de la demanda.

En muchos mercados, la conexión a Internet está controlada por muy pocas empresas

Si a ello unimos la presencia de una competencia monopolística en países como España, obtenemos una ecuación que define a la perfección un problema presente en la sociedad. Sí, muchas personas no tienen acceso al medio digital por dificultades económicas. ¿Debería haber una especie de bono social en estos casos? Esta cuestión podría ser planteada en el medio plazo.

El acceso a Internet ofrece una serie de mecanismos para contribuir en múltiples sentidos a la integración. Además del papel de las redes sociales, la disposición de una fuente de información a mano podría servir de ayuda a personas para continuar formándose y ver incrementadas sus opciones para labrarse un futuro en el mercado laboral.

El mejor ejemplo que demostraría cómo abaratar un servicio que debería ir considerándose como de primera necesidad nos lo ha mostrado el medio de comunicación BBC. Marlin Jenkins, un empresario de Nueva York pretende llevar Internet gratuito al conflictivo barrio del Bronx en busca de un objetivo, incentivar la integración de un colectivo que vive ajeno al mundo digital.

Eliminar la exclusión social desde las herramientas digitales

Veámoslo rápidamente a través de un ejemplo ficticio. El señor X (del barrio del Bronx), con apenas experiencia en el mercado laboral, decide tirar varios curriculum vitae en una serie de empresas. De igual manera, el señor Y, vecino de Manhattan, aplica también de forma presencial y por medios telemáticos. En este caso, además, dispone de perfiles en cuentas del tipo Linkedin.

Internet nos ha proporcionado una herramienta básica para acceder a una nueva dimensión digital. Puro Marketing

Manteniendo ceteris paribus todas las demás variables, ¿quién creerías que tendría más posibilidades de acceder al puesto de trabajo? Sí, el señor Y, a todas luces, terminaría siendo la persona contratada. Marlin Jenkins, el protagonista de esta historia, quiere revertir esta situación. A fin de cuentas, vivió de primera mano las dificultades que suponía no tener acceso a Internet.

Pese a haber vivido en la calle durante 2 años por penurias económicas, consiguió finalizar sus estudios y trabajar para entidades relacionadas con la comunicación. Ahora, tras haber fundado su propia startup, cree que es fundamental dotar de recursos digitales a la población más necesitada.

Estaba llorando y le decía a su madre que no podía terminar su tarea porque no tenía Internet en la casa y la biblioteca había cerrado.

Tras ver cómo una adolescente no podía cumplir con su objetivo, decidió apostar por una lucha social. Neture se convirtió en el programa que daría comienzo a una revolución. Sus 3 principales áreas de negocio fueron la educación online, la salud y el entorno financiero. Su acceso gratuito se ha convertido en el pilar fundamental para entender su postura.

El germen de lo que podría llegar en el medio y largo plazo

¿Imaginas poder acceder a Internet de forma gratuita? Pese a que algunas compañías han comenzado a probar soluciones de estas características, lo cierto es que no se ha conseguido materializar un proyecto eficiente. En el caso de Neture, ya es un bloque de 12 viviendas en el barrio del Bronx el que se está beneficiando de esta solución.

Las redes sociales se han convertido en una parte fundamental en las sociedades avanzadas. Muy interesante

Sirviendo como ejemplo el caso de Marlin Jenkins, ¿debería estar gravado el servicio de conexión, al menos, con un tipo reducido? Es más, ¿debería aplicarse el tipo muy reducido? Estas cuestiones podrían contribuir al desarrollo de una mayor demanda entre los colectivos que no disponen de recursos económicos en exceso.

Conectar a los colectivos sin recursos puede favorecer al resto de la población

Es pronto para pronosticar que veremos un avance importante en esta materia en los próximos años. Aun así, proyectos como el mencionado anteriormente muestran cómo sí puede existir una cierta correlación entre aquellas áreas con accesos a Internet mucho más limitados y otras con velocidades propias de los países más avanzados.

Habrá que esperar, por tanto, para ver qué futuro le espera al sector en los años venideros. ¿Qué economía será la primera que se atreva a hacer políticas de discriminación positiva en consumo de este servicio? Es importante recalcar, de nuevo, lo importante que puede llegar a ser el hecho de tener acceso a Internet para la población.