Los códigos QR dan un paso gigante a pesar de su tamaño: un modelo microscópico puede almacenar toda tu información
Un equipo de físicos de la Universidad de Münster ha batido todos los registros al fabricar un código QR de apenas 5,38 micrómetros cuadrados. Esta estructura, siete veces menor que un glóbulo rojo
La ciencia alemana ha vuelto a desplazar las fronteras de lo posible en el ámbito de la miniaturización. Un grupo de investigadores de la Universidad de Münster ha logrado desarrollar el código QR más pequeño del mundo, una estructura tan ínfima que desafía la percepción humana. Para su visualización y escaneo, resulta imprescindible el uso de microscopios electrónicos de alta potencia, capaces de revelar un patrón que permanece oculto a simple vista sobre una superficie de silicio.
Las dimensiones del dispositivo son, sencillamente, microscópicas. Con una superficie de tan solo 5,38 micrómetros cuadrados, este código es siete veces más pequeño que un glóbulo rojo humano. Según recoge el portal especializado Interesting Engineering, el equipo liderado por el profesor Carsten Schuck ha conseguido pulverizar el anterior récord mundial por veinte veces, una marca que hasta la fecha ostentaba un centro de investigación en Singapur.
Tecnología cuántica y en miniatura al servicio del almacenaje de datos
Este avance no es fruto del azar, sino de un complejo despliegue de técnicas de nanofabricación en el Departamento de Tecnología Cuántica. Los físicos Lukas Schulte, Tim Buskasper y David Lemli emplearon herramientas de precisión extrema para esculpir la información. Pese a su tamaño, el código es plenamente funcional y, al ser ampliado, redirige de forma directa a la web de física cuántica de la institución académica alemana.
El Libro Guinness de los Récords ya ha otorgado su certificación oficial tras someter la pieza a rigurosas mediciones independientes. El proceso de validación confirmó que la estructura mantiene intacta su capacidad de transferencia de datos, demostrando que la tecnología digital puede operar en escalas que, hasta hace apenas unos años, se consideraban inalcanzables para cualquier aplicación práctica fuera de la teoría.
Más allá del reconocimiento internacional, el proyecto persigue una clara vocación divulgativa. Los investigadores pretenden despertar el interés por la nanotecnología entre los más jóvenes mediante un objeto cotidiano transformado en hito científico. Se trata de una forma de hacer tangibles conceptos de la física de partículas que habitualmente quedan restringidos a los laboratorios de supercomputación o a los tratados académicos más densos.
En el plano industrial, este hallazgo abre un abanico de posibilidades críticas, especialmente en la protección de componentes electrónicos contra el fraude. La integración de estas etiquetas invisibles en microchips o instrumental médico permitiría un seguimiento de la autenticidad sin precedentes. En un mercado global donde la miniaturización marca el paso, contar con una firma digital microscópica se perfila como una solución de seguridad definitiva.