Lo primero que me gustaría aclarar, para que no haya malentendidos, es que este artículo pretende abordar la temática de mascotas digitales desde un punto de vista más ameno y divertido. Si vas a ofenderte por la comparación entre un animal y una máquina, vuelve a leer la definición de ironía en el diccionario.

Para todos y todas los demás, te dejo a continuación los cuatro aspectos clave que diferencian a nuestros amigos peludos, cualquiera que sean, de las amistades digitales que circulan por tiendas de electrónica de medio mundo.

Fidelidad y reconocimiento facial

El título del párrafo deja a las claras qué término se utiliza para nuestras mascotas y cuál para los amigos cibernéticos. Y es que ésta es una de las mayores diferencias de tener como acompañante diario a un perro, por ejemplo. Los animales, al igual que la mayoría de seres humanos, responden en base a fidelidad y sentimientos. Ellos saben perfectamente diferenciar entre su dueño y los desconocidos, entre otras cosas, porque su software no necesita de ningún tipo de actualización.

El reconocimiento facial no deja de ser una tecnología que no consigue imitar el comportamiento animal

Sin embargo, como nosotros, también pueden tener problemas de salud, en mascotas de avanzada edad la visión es un grave problema, que dificulten reconocernos. Sí, en este caso una inteligencia artificial lo suficientemente avanzada seguro que nos reconoce en cualquier tipo de situación. ¿Es eso suficiente para llamarles, también, mascotas?

Juegos y entretenimiento

La diferencia entre las dos palabras es la que obtenemos al analizar a nuestros dos sujetos. Si queremos pasar un rato entretenido, porque no tenemos nada que hacer o porque somos tan vagos que, a pesar de tener mucho que hacer, no nos da la gana, o queremos que nuestros hijos o sobrinos no molesten mientras nosotros nos dedicamos a otras tareas, puedes obsequiarles con Aibo, sobre el cual hemos escrito un artículo.

Las mascotas son algo más. Si quieres comprar una, yo siempre recomiendo adoptar, deberías saber que la responsabilidad que acarrea un ser vivo va más allá que el mero entretenimiento. De todas maneras, aquellos que disfrutamos de su compañía sabemos que un robot nunca podrá morderte el pantalón porque tiene ganas de jugar, ni podrás tirarle la pelota en un parque de tu ciudad para que te la devuelva, ni mucho menos podrás verle entretenido con sus juguetes mientras tu ves la televisión.

Alimentación y carga inalámbrica

Desconozco si los perros robot que existen en la actualidad poseen la tecnología necesaria para ser recargados de forma inalámbrica ni cuál es la duración de su batería, pero en este punto ganan por goleada frente a nuestros pulgosos amigos. Como todo dispositivo electrónico, sólo estarán inactivos cuando necesiten cargarse o cuando nosotros los desconectemos.

El gasto de una mascota es, lógicamente, superior al de cualquier robot de compañía

¡Ay, si pudiésemos desconectar de vez en cuando a nuestras mascotas! De hecho, no me hace falta ser tan extremista. A mí con poder bajarle el volumen del ladrido, y de los ronquidos, a mi perro me parece suficiente. Nuestros animales, además, consumen y gastan como cualquier persona. Comen, necesitan medicina e ir al veterinario o, por ejemplo, tenemos que cortarles el pelo de vez en cuando. Gastos que no duelen, pero gastos al fin y al cabo.

Posesión frente a sentimiento

Cuando alguien se compra un aparato con inteligencia, aunque sea artificial, se convierte automáticamente en su dueño. Al igual que con un perro o un gato, de los que también somos dueños, esa sensación de posesión solamente sucede con objetos inanimados. El hecho de tener una mascota va más allá de gastar dinero y llevártela a casa.

Las mascotas no puede ser sustituidas por robots.
El amor aún nos permite diferenciar mascotas de máquinas

La mayoría de la gente describe la relación con su mascota en términos de familia o amor. Ellos viven por y para nosotros, ellos confían sus vidas en nosotros. Las máquinas podrán ser tan avanzadas como queramos, pero aún queda mucho, quizás nunca lo veamos, para que amemos a un robot que mueve la cola frente a nosotros y nos mira con una expresión de alegría que no se puede comparar con nada en el mundo.