A todos nos ha pasado: pasas meses oyendo hablar del teléfono móvil que será considerado el mejor smartphone de todos los tiempos, dedicas una parte importante de tus ahorros en adquirirlo y cuando llega a tu casa, disfrutas de él como nunca. Tienes el terminal más bonito, más caro, más puntero, más innovador. La vida te sonríe.

La obsolescencia programada es la responsable de que cada vez compres más

Sin embargo, pasa el tiempo. A veces no es necesario siquiera que transcurra un año, en cuestión solo de meses otro terminal ve la luz, desterrando la hegemonía de flamante nuevo smartphone. Y no, no pasa nada porque tu móvil sigue siendo fantástico y va fenomenal. Además, luce como el primer día porque lo cuidas y no sale a la calle sin funda.

Pero su vida será muy corta. Y es que, aunque siga funcionando a la perfección, el día menos pensado la empresa fabricante dejará de darle soporte en sus actualizaciones, o simple y llanamente alguna parte de su hardware empezará a funcionar mal, pero no por un uso inadecuado o un accidente, sino porque ese era su ciclo de vida.

Por ejemplo, en el caso de un iPhone, nos referimos al botón Home o a su batería. Pero no es el único, las impresoras se bloquean al llegar a un número de impresiones y las bombillas se funden a las mil horas. ¿Pero por qué no han diseñado una batería superior? ¿Por qué no emplean piezas más resistentes? Se llama obsolescencia programada y es el principal factor para que vuelvas a una tienda.

Obsolescencia programada: Todo empieza con una bombilla

Pero no siempre fue así, hace menos de un siglo la máxima de los fabricantes no era otra que construir para que durase: cuanto más tiempo, mejor. Entonces, con el increíble desarrollo tecnológico que ha tenido lugar en este siglo, ¿qué sucedió para que cambiasen sus objetivos?

Un artículo que no se desgasta es una tragedia para los negocios

Allá por 1928, la influyente revista de publicidad norteamericana Printers’ Ink: A Journal for Advertisers rezaba la siguiente frase "un artículo que no se desgasta es una tragedia para los negocios".

Y es que imagínate, eres una fábrica de bombillas o de medias y desarrollas con todo el esmero tu producto: un diseño óptimo, buenos acabados, excepcionales materiales, una gran resistencia… Una serie de factores que hacen que una bombilla no se funda nunca. O que logre que un par de medias soporten el uso continuado durante varias temporadas, ¡insostenible para el negocio!

La bombilla más vieja del mundo tiene 116 años. Telegraph

Lo lees, pero no te lo crees, porque sabes que unas medias rara vez soportan más que una noche de fiesta y que las bombillas se funden en el momento más inesperado. Pero no, no es un fallo de fabricación ni de diseño de producto, sino que se trata de una reducción deliberada de su vida para incrementar su consumo. Y es que, ¡vaya ruina de negocio si solo comprásemos un par de medias cada varios años!

El American Way of Life se mantiene gracias a la obsolescencia programada

Los inicios de la obsolescencia programada datan precisamente de mediados de los años 20. A punto de entrar en la Gran Depresión, la industria norteamericana descubrió que si el consumidor no compraba, la economía no crecería y tendrían que decir adiós al idílico American Way of Life, la esencia pura del capitalismo.

Así que como cuenta Cosima Dannoritzer en su documental "The light Bulb conspiracy" (en castellano Comprar, Tirar, Comprar), aunque la primera bombilla de Thomas Edison tenía una vida de 1.500 horas útiles y los avances de aquella época habían logrado alcanzar las 2.500 horas, la asociación Internacional de la Energía, constituida por sus fabricantes, decidieron acotar su vida hasta las 1.000 horas.

En Europa se fabricaban productos para que durasen toda la vida, ¡Vaya ruina!

Por tanto, las decenas de patentes que habían visto la luz para mejorar la vida de la bombilla (una incluso aseguraba una vida de 100.000 horas), jamás salieron al mercado. Sorprendentemente, hay una bombilla que aún sigue funcionando, y cuya existencia data de 1901.

Obsolescencia Programada Brooks Stevens. Postlandfill

A partir de los años 50, cuando la práctica se había extendido a otros sectores e incluso ya se habían llegado a acuerdos legales para promulgarla, se intentó seducir al público para que la aceptara. Según el diseñador industrial Brooks Stevens, los americanos debían diferenciarse de los europeos, "que fabricaban para durar", logrando que el comprador deseara comprar algo cada más nuevo, un poco mejor y que lo hiciera antes de que fuera necesario.

Tipos de obsolescencia

Aunque la obsolescencia programada tecnológica es la más notoria en nuestros días, dista mucho de ser la única, si bien también afecta a la biología (como es el caso de las semillas terminator de Monsanto) o a la caducidad de los medicamentos. Hemos visto el ejemplo de las medias, pero hay muchos más.

En general, podemos distinguir varias formas en las que un producto es considerado obsoleto:

  • La obsolescencia programada per se, en la que se diseña la vida útil de un producto, llegando incluso a incorporar un dispositivo interno para acabar con la vida de ésta. Sirva como ejemplo el chip de las impresoras.

  • La obsolescencia indirecta: No es que no puedas reparar un producto averiado que sigue siendo útil para ti, es que desde un punto de vista económico, no merece la pena. Por ejemplo, un coche.

  • Obsolescencia por incompatibilidad: Es la relacionada con el servicio posventa, suele producirse en el software, cuando tras actualizaciones un equipo deja de funcionar porque simplemente ya no es compatible. Sin ir más lejos, cuando Apple lance iOS 11 en septiembre, el iPhone 5c dejará de ser compatible.

  • Obsolescencia psicológica, originada por el marketing y las campañas publicitarias, de forma que aunque tu dispositivo sea perfectamente útil, tú lo percibas como anticuado y decidas adquirir otro nuevo.

La obsolescencia programada en smartphones, tablets y ordenadores

Sin lugar a dudas, el sector más afectado por la obsolescencia programada es el de los gadgets. Y es que, cuando compramos una lavadora o una nevera, buscamos que sean duraderos, algo que no parece suceder con smartphones, tablet y ordenadores.

Los dispositivos más difíciles de reparar. Statista

Hace unos meses Greenpeace y iFixit elaboraron un informe en el que destacaron firmas como Apple, Samsung y Microsoft como campeones de la obsolescencia programada. Y es que, tras analizar 40 productos de 17 marcas diferentes y su reparabilidad (se evaluó la posibilidad de sustitución de batería y pantalla, suministro de manuales y uso de herramientas específicas), obtuvieron una conclusiones sorprendentes.

El efecto actualización nos hace tratar peor los productos que consideramos viejos

Se descubrió que los bestsellers tecnológicos eran a su vez los que practicaban la obsolescencia programada más salvaje. En el otro lado de la balanza encontramos marcas como Dell, Fairphone y HP. Tras la publicación del informe, Apple o Microsoft aseguraron que sus productos son fabricados por profesionales empleando las más novedosas tecnologías y mejores materiales, por lo que deben ser reparados solo por éstos.

En todo caso, a la dificultad de reparar smartphones, tablets y ordenadores, la obsolescencia psicológica juega un papel crucial a la hora de renovar nuestros dispositivos. Y es que, según un estudio realizado por la Universidad de Columbia, existiría algo denominado "Efecto actualización" según el cual de manera subconsciente tendemos a tratar peor nuestros terminales cuando sabemos que hay uno nuevo en el mercado.

Una práctica letal para el medio ambiente

Con una cultura de consumo basada en tirar los productos en lugar de repararlos, obviamente se aumenta el volumen de residuos y se consumen salvajemente más recursos naturales. Por tanto, la obsolescencia programada genera unas consecuencias devastadoras sobre el medio ambiente y los países en vías de desarrollo, según apunta Greenpeace.

El tercer mundo recibe nuestra basura tecnológica

Pero es que además, algunos de los recursos naturales que se utilizan para fabricar ciertos productos son muy escasos, como por ejemplo el coltán, un mineral empleado en la manufactura de equipos electrónicos cuyo grueso de reservas se concentra en la República Democrática del Congo. Su extracción provoca guerras, golpes de estado y esclavitud entre los trabajadores de las minas.

Ghana es el mayor vertedero electrónico del Planeta. Diario sur

Asimismo, la excesiva generación de residuos provoca la necesidad de una gestión adecuada de éstos, algo que desgraciadamente no suele producirse en los países subdesarrollados, principales receptores de esta basura tecnológica. Al contener elementos contaminantes, su almacenamiento indiscriminado genera la contaminación de suelos y aguas subterráneas.